
Lunes de septiembre, el primero. Estamos
en Würzburg. De camino a Nuremberg. Hay camiones, obras, verdor y buen tiempo.
Ya aparcados merece la pena una visita a la catedral de San Kilian. Mucha
gente. Reconstruida tras la guerra, con torres estilizadas, está repleta de
lápidas funerarias, alguna pintura y un ábside blanco inmaculado lleno de luz.
A destacar también su bonito claustro. Algunas obras reseñables son la Piedad,
fechada en 1410, y un magnífico conjunto escultórico en piedra que representa
la dormición de la Virgen (Marientod-1440). También el blanco domina la iglesia
de Neumünster. Más luz por aquí y por allá, no se vaya sin ver el Cristo,
llamado Crucifijo doloroso según la traducción que hace el folleto en
castellano, de alrededor de 1350. La cruz es un añadido, sería mejor verlo con
la blanca pared solo de fondo. Una joya para los amantes del arte. La capilla
de María es iglesia, bonita y colorida por fuera, tonos caliza y blancos. Bullicio
a su alrededor. Dentro es alta y blanca. Un precioso tríptico de 1514 preside
el altar y representa la Anunciación en el centro con el nacimiento y la visita
de los reyes a los lados. De los estragos de las bombas hablaré más tarde. Viñas
en pendientes imposibles mientras nos acercamos a la fortaleza que domina la
ciudad. Antes el puente sobre el río, el público aprovecha el sol en las
terrazas. Vino y cerveza. Agradable el paseo en cuesta. Buenas vistas desde lo
alto tras gruesos muros de piedras. Espacios para fotos. Imagino asedios a lo
que parece inexpugnable. Hoy la vida parece detenida en este lado, museos y
castillo cerrados. Hay verde y arboles. Bajamos por otro lado, escaleras, más
corto, y nos encontramos con la iglesia de Stift Haug. Imponente el lienzo de
Tintoretto que preside el altar. Una crucifixión, me pregunto cómo llegó hasta
aquí. Más paredes blancas. Hablemos de música, de lo que se hace con un
timbalón, da para Canon o para Despacito, o de la que sale de un violín con
manos, es el Adagio. Por lo demás silencio, lo puede haber aquí sentados, mirando
al cuadro, sólo hace ruido mi bolígrafo, y poco más. Ella pasando hojas.
La reconstrucción de San Miguel es
tremendamente original. Gusto por lo blanco, todas las figuras lo son. Vía crucis
precioso, altar, techos, figuras que parecen sacadas de casi un comic. No hay
hieratismo, hay vida en apóstoles y santos. Parecen bailar sobre nombres
escritos en cirílico y en hebreo.
Es hora de llegar a Nuremberg. De buscar
el hotel que se encuentra bien situado. De ver que en la misa hay música, que
también hay río, y de admirar la preciosa fachada de San Lorenzo, bañada por el
sol. De ver otra oración en el huerto, escenas en piedra, en el exterior de las
iglesias, que se repite en muchos lugares. En la plaza principal hay otra
iglesia, la de Nuestra Señora, con precioso tríptico. Puentes de pequeño y gran
formato. Calles peatonales y sensación de tranquilidad. Cenamos en Enchilada y
la noche da para paseo y fotos de reflejos en el agua que forma islas. En la
estación de tren no vemos los raíles pero la gente pulula. Una librería abierta
en 1841 vende revistas en cantidades inimaginables. Personajes típicos de estos
lugares esperan no se sabe qué.