Los días se suceden sin mas. Algunas veces pienso en aquel rumor del agua y en el verdor de los campos y en cómo atravesé las aguas por un puente casi sin mirar al agua de la derecha o a la de la izquierda, sin calibrar la inmensidad, o en cómo aquel otro día una solitaria nube, de verdad solo una, oscura, no negra, dejó caer miles de gotas, deberíamos haberlas contado, nunca hubiera podido hacerlo solo, algunas puede que se evaporaran antes de llegar y tocar suelo mostrando la fragilidad de todo.
En la tienda estaba la señora contando sus miserias al panadero que no podía darme mi barra de pan, ella necesita una amiga o un psicólogo y yo el pan. Como el niño espera el balón y a que su padre deje el móvil en el bolsillo.
Al ver esas cosas me gustaría subir una escalera infinita, cerrada, sin vértigos, sin ventanas ni imaginación que desvele la altura alcanzada o me gustaría conducir por una carretera sin fin, me da igual que tenga o no arcenes.
Eso casi lo olvido al ver esos ojos azules y claros que casi dan miedo o la marquesina del autobús que protege un rostro que se mueve.
Y ya sentado sigo preguntándome que mira él en la foto, no había móviles, apuesto a que miraba cómo se consumía el cigarro.
Y mas sentado aún veo una película, un niño pelirrojo y toda la tristeza del mundo, que tengas buena vida chaval. No quiero que salga una lágrima o dos, no las dejo,retenidas, las razones pueden ser muchas, es de noche y quiero dormir.