“Nunca nada anula nuestra infancia”
El corazón del daño. María Negroni. 2021
Asomó un rojo entre lo gris y te removiste, te apretaste contra mí, no te asustes, te dije, es solo el amanecer. Yo pensé que cómo podrías haberlo visto si en ese segundo aparecías con los ojos cerrados. Volvió lo gris y seguiste acurrucada sin prisa por amanecer.
Posicionarse o no, si no lo haces te ponen una etiqueta, de algo, y si lo haces también, etiquetado bueno o malo según el bando, vivimos en la calificación continua, eres o no eres, o estás conmigo o estás en mi contra, o llevas mi bandera o eres mi enemigo, una forma mas de alejarnos y de derribar puentes, de cerrar el diálogo porque la razón está aquí y no allá, sin escuchar, solo prestando oídos sordos sin más. Y todo esto es caldo de cultivo de toneladas de odio. Y los que no quieren estar allí o acá se encuentran sin espacio, buscan algo, aunque sea un hueco en las montañas donde no lleguen ecos de nada ni de nadie, donde haya un lugar que el hastío no invada.
Premio Planeta del 75, novela que mantiene la tensión hasta el final sin ser una obra de misterio, siendo un relato de la vida de Carlos Hondero a través del siglo XX. De botones a presidente de banco en ascensor que sube despacio para llegar a la élite. Ambientada en Barcelona, por allí aparecen múltiples personajes que rodean al protagonista, amigos, parejas, personajes de la mejor sociedad y arribistas, y como no podía ser de otra forma hay incomprensión y vida que les arrastra y les lleva. Me ha gustado.
“Nadie es nunca como ha sido”.
“Nadie conoce a nadie”.
La gangrena. Mercedes Salisachs. 1975
Nerlinda nunca existió, fue mi error llamarte así, y un día no me contestaste cuando te llamé por ese nombre y seguías sin contestarme y yo seguía llamándote, viéndote, y tú aguantando las ganas de decir algo, yo pensando que habías perdido el oído repentinamente y tú casi riendo, pasaron algunos segundos, eternos para mí hasta que volviste la cara y dijiste algo como “quita la N”. No solamente el sentido auditivo, habías perdido la cabeza, esa sería la primera de las frases inconexas que tendría que oír a partir de ahora antes de consultar con los loqueros, pero entonces tu risa se hizo carcajada al repetir lo mismo, y yo buscando sentido a esta conversación absurda, y yo pensando en la N, sí mayúscula o minúscula, y caí como caemos todos cuando tú dijiste Erlinda. Adiós locura.
Otro premio Planeta, lo leí y no me acuerdo de mucho mas.
Yo, el Rey. Juan Antonio Vallejo-Nágera. 1985
Novela de perro y amos, con palabras y miradas, de vagabundeo y búsqueda. Auster lo volvió a hacer, narrando y emocionando como pocos.
Tombuctú. Paul Auster. 1999
Se acabó la Navidad, hace tanto que comenzó que se hizo larga, y llegaron las rebajas, el caso es que el consumidor no descanse y siga haciendo girar la rueda capitalista que llena de papeles y plásticos los contenedores, los que envolvían juguetes y regalos que se disfrutan un rato, que se cambian o que simplemente se aparcan y olvidan. Padres que cargan maleteros faltándoles manos y niños abrumados, nerviosos y llenos de ansiedad por no saber con qué jugar y hacia dónde mirar. Se repiten los errores. Y ahora nos dicen que estemos atentos a las pantallas, que habrá eclipse total de sol, lo nunca visto, lo que se decía en el circo, será visible, muy visible, se agotaron las plazas turísticas en algunas zonas, todo por disfrutar de una experiencia única en la vida. Se olvidan que vivir cada día es la experiencia única de verdad.
Yo lo he disfrutado.
Los helechos arborescentes. Francisco Umbral. 1980
Aturdido queda una parte del mundo o los que siendo parte de él leen y escuchan al saber que el gobierno americano se llevó a Maduro de Venezuela. Siempre habrá millones que vivan en la ignorancia y no sepan nada de nada y vivan quizá felices. Sin jugar a poner etiquetas de buenos y malos, no sería fácil, me quedo con la sensación de impunidad y el desprecio al derecho internacional, un desprecio que se multiplica y alcanza cotas inimaginables. Menos mal que nos enseñaron en las escuelas y colegios que la violencia no era buena consejera, ni el egoísmo, ni la ambición, ni la avaricia, ni tantas otras cosas. Qué sería de nosotros sin las escuelas, las que han permitido alejarnos un poquito, pero muy poquito, de los animales y su ley de la selva.
Los ojos del niño ven como el ficticio triunfo del aviador Lindbergh en las presidenciales americanas en plena guerra mundial y su política de aislamiento y simpatía hacia el régimen nazi ponen en cuestión todo su pequeño mundo, el que era seguro, el formado por una familia judía, más norteamericana que la que mas. A partir de ahí surge la crispación, el odio a los diferentes, la alteración de la convivencia, “ellos viven en un sueño y nosotros en una pesadilla”, el niño cuenta y escucha, “¿cómo es posible que personas así estén al frente de nuestro país?”. Muy buena novela y apropiada su lectura para los tiempos que corren.
La conjura contra América. Philip Roth. 2004
Hay días en que el karaoke no termina de despegar, no importa el tesón que le ponga Ana invitando al personal a que se anime, ¿quién quiere cantar esta de Mocedades o aquella de Nino Bravo?. Pero no, algo falla hoy, sobra gente y falta gente. A escasos minutos de cerrar aparece ella y pide una canción de Jeanette, porque te vas. Y de repente se hace un silencio antes de que ella abra la boca, es su forma de moverse, imperceptible, o su forma de tomar el micro o su forma de mirarnos a todos antes de que a cada uno nos llegue su lamento, porque te vas.
La narración del exilio de un presidente sudamericano en Madrid empieza de manera seria, se contempla la posibilidad de volver tras 20 años al poder, para lo cual hay gestiones, entrevistas, etc. Pero de repente la búsqueda de un cadáver lo altera todo, y la narración se transforma en un ir y venir de pasos nocturnos y puertas que se abren y se cierran, al mas puro estilo teatral.
Estábamos los dos delante de la bola de cristal que no nos valía para adivinar ningún futuro, tal vez solo servía para rememorar inviernos pasados y es que si la volvías loca la nieve caía durante unos segundos y se posaba sobre el abeto y el suelo, y vuelta a empezar, y obnubilados y al calor de esa nieve él seguía sin recordar los lugares donde había vivido porque su padre se movía mucho, eso decía.
Principios del siglo XX, en el nuevo mundo se construye el ferrocarril de los cayos de Florida, ahí se enmarca esta novela que se lee con interés, todo un folletín digno de telenovela, serie o película, plagado de amores, aventuras y huracanes.
Escrito en las olas. Torcuato Luca de Tena. 1983