Nerlinda nunca existió, fue mi error llamarte así, y un día no me contestaste cuando te llamé por ese nombre y seguías sin contestarme y yo seguía llamándote, viéndote, y tú aguantando las ganas de decir algo, yo pensando que habías perdido el oído repentinamente y tú casi riendo, pasaron algunos segundos, eternos para mí hasta que volviste la cara y dijiste algo como “quita la N”. No solamente el sentido auditivo, habías perdido la cabeza, esa sería la primera de las frases inconexas que tendría que oír a partir de ahora antes de consultar con los loqueros, pero entonces tu risa se hizo carcajada al repetir lo mismo, y yo buscando sentido a esta conversación absurda, y yo pensando en la N, sí mayúscula o minúscula, y caí como caemos todos cuando tú dijiste Erlinda. Adiós locura.
viernes, 23 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario