Estábamos los dos delante de la bola de cristal que no nos valía para adivinar ningún futuro, tal vez solo servía para rememorar inviernos pasados y es que si la volvías loca la nieve caía durante unos segundos y se posaba sobre el abeto y el suelo, y vuelta a empezar, y obnubilados y al calor de esa nieve él seguía sin recordar los lugares donde había vivido porque su padre se movía mucho, eso decía.
jueves, 1 de enero de 2026
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