lunes, 29 de diciembre de 2025

nada

Con frío en el alma y ligero de equipaje, con pasos lentos acompasando el despertar, subiendo y bajando a las vías que nunca convergerán. Es un día después, habrá resacas, emocionales, también alegres, escondidas, habrá hasta hastío. No sé quien puede vivir ahí si es que vive alguien, entre basuras y escombros. ¿Y quién puede vivir en Paseo de la Habana, en pulcras y pacíficas casas a precios desorbitados? La calle que empiezo a recorrer es de final abrupto allá al lado de donde vivió Gala, eso dice la placa, en años de fructífera creación.
Y asoma gente, ella, recostada la cabeza, en el coche, quizás se acabó el beso y la flor, como se acaba la canción, ellos con sopladora de hojas, la diferencia entre pasear tu perro o el del amo, ella y sus pasos de carrera que se perdieron en la calle del Miño, es la calle de la San Silvestre, es Serrano, con embajadas y edificios que parecen guardar secretos.
Siempre llego al mismo sitio después de acabar esta calle de escaparates vivos con ropas que no son del mundo real que yo conozco. Como no lo son las caras de los bandoleros y personas que habitan los cuadros de la casa de vacas.

Y una voz en off que dice: el mastín español, como buen mastín, mas fuera que dentro. Y mas gente, el que anda para atrás, será una promesa, los ojos que se clavan desde la cara pálida, Pío Baroja de espaldas, un libro, un perro, un belén, se me olvidada que es Navidad, los evangelistas, un villancico, un taxi libre, lléveme al paraíso, más vueltas, un bocadillo, es una parada sólo, adornos en la cabeza, esperas, vías, sueños, otra voz en off: vamos a comprar los reyes, hija, ¿tienes  prisa?, qué necesitas….nada.

sábado, 27 de diciembre de 2025

abrazo

El Potaje tenía un coche de caballos en el que yo monté una noche que era buena para que mi madre viera a su madre. Mi padre lo alquiló, y ahí fuimos los cuatro. Hacía frío y los cascos del caballo, solo llevaba uno, resonaban en el empedrado. Relinchaba, agitaba la cabeza a derecha e izquierda, yo no sabía lo que pasaba ni lo que iba a pasar días mas tarde, solo sé que al bajar del coche descubierto hubo un abrazo entre mi madre y su madre que duró mucho tiempo, más del que yo sabía contar, yo las miraba y las volvía a mirar pero el abrazo seguía. Cuando se separaron se tomaron de las manos y entraron juntas a la casa baja de la calle la Caba, una vez estuvimos todos dentro cerraron la puerta.

desierto

Un viaje familiar a través de carreteras y desiertos en busca de sonidos y de salidas, allá donde llegan los que van en busca de un futuro mejor, muchos de ellos niños que viajan sin mapa en busca de refugio, niños que se pierden, y a veces irremisiblemente.
Emocionante y triste.

“He de procurar no perderte” Walt Whitman

Desierto sonoro. Valeria Luiselli. 2019

bien

Todo va a salir bien dijo alguien. Han pasado 16 años y entre villancicos y ruidos de obras pasé el día de la víspera de todo, también entre cielos turbios y gotas minúsculas y entre fotos bonitas con niños bonitos. También entre locuras y chaparrones de momentos en los que las ondas decían cosas y traspasaban paredes. Yo a lo mío, escuchaba y trabajaba entre silencios, gritos y sollozos, yo a lo mio y mis bolsas verdes, quito y pongo, rápido, veloz, algunos preguntando por las gotas que no acababan de caer, y al llegar la noche me pregunté si iba a cambiar algo esta Navidad, si esto era el resultado de aquello que iba a salir bien. 

lunes, 22 de diciembre de 2025

haiti

Estamos en los siglos XVIII y XIX en Haiti, todo convulso, luchas y revoluciones en busca de la libertad, es en ese marco donde se cuenta la vida del esclavo Ti Noel. 

El reino de este mundo. Alejo Carpentier. 1949

totora

Aparecían por las casas las inflorescencias de la totora o los puros de las totoras, que no juncos, que no son tales, traídos de humedales, crecidos al borde del agua y cortados de las riberas para ir a un jarrón con asas que decoraba algo y que pintaban escenas diferentes en el paisaje de los hogares de entonces, bodegones nunca trasladados a un lienzo. Y esos puros eran suaves, aterciopelados, eso es lo que recuerdo ahora que no los puedo tocar.

teorema

Faltan pies o cabeza, o yo no los encuentro, en este relato o historia de una familia acomodada de Milán que se ve sacudida por la llegada y la despedida de un huésped que sacude las relaciones familiares. Se sirve de un contar esquemático, casi a modo de guión cinematográfico sin diálogos.
En fin, para el olvido. 
Teorema. Pier Paolo Pasolini. 1968

viernes, 19 de diciembre de 2025

abre

Abre los ojos, ábrelos, porque por los ojos entra todo, vida y más vida. Lo haces al despertar, en todo momento, mirando desde el carro, mirando con tu curiosidad infinita a derecha e izquierda y al frente a quien te conduce y te hace monadas; en brazos también, o más, eres alto ahora, a tu alrededor hay 360 grados con ruidos, personas y preguntas a las que no pones letras. Y en esos brazos pesas como pesan todos los niños, el resultado de un cuerpo que se forma y crece, y será que las imágenes aportan gramos, y la imaginación, y las letras anárquicas, y hasta los sueños. Y a la par sonríes y si convertimos ese instante en foto contendrá toda la ternura del mundo, mas de la que pueda caber en el trozo de papel o de pantalla. Y llegada alguna noche, ya a oscuras, estás ahí, pululas por mi mente, saltas sin saltar y te agitas en sueños que no sé si son tuyos o míos, es como un nombre que empieza por M, repetido, que en la cabeza da vueltas y luego descansa.

D

Uno más de los días D de su vida, cada uno con su importancia aumentada, siempre más, la suerte está echada, esa frase que lo dice todo y no dice nada. Tras echarla salió a pisar calles, a punto de resbalar, había un número incontable de hojas húmedas con algo de verdín en las rendijas del empedrado, eso y unas suelas desgastadas. Fue a ver trenes rápidos en una estación inhumana de frío, pasaban de uno en uno por la vía 4, unos paraban, los mas no. Miraba de lejos a través de las ventanillas, cabezas bajas, un señor lo miró, quizás se vieron reflejados en un espejo. Luego entró en un bingo, abierto muchas horas, oyó números y pintó algunas cruces que no fueron suficientes para no perder el dinero, el mismo que siguió gastando en un décimo de lotería. Finalmente cayó, muchos le miraron y solo ella se acercó para ayudarle a levantarse, cuando se despidieron el resto seguía mirando, le hubiera gustado invitarla a algo pero no se atrevió. Dolor en las costillas, dolor al respirar, nada de rabia, solo frustración. La tortilla en la barra parecía mas bien una plaza de toros. El trozo que él se comió rompió el albero, la acompañó de una copa de vino, rojo y cálido. Ay la costilla, o las costillas. El día oscuro, tristeza en el ambiente a pesar del tiovivo que estaban montando, a pesar de los caballitos inmóviles, a pesar de los turistas y su tristeza disfrazada. Camiones de reparto donde algunos cargaban y cargaban, se deslomaban. Pero nada podía estropear su día D, esperaba algo, cosas, aparte de una paz interior que se le resistía. Luego arreció la lluvia, sin paraguas. Detrás de los cristales llueve y llueve, él estaba delante, las costillas recordándole donde poner los pies, buscando a la samaritana, no encontrándola, recordando el amanecer de ayer, inmenso en colores, llenando todo de luz en el ventanal sin marcos del campo abierto. ¿Y qué hacía él allí en ese campo? ¿Y por qué hoy era un día D? Y algo en él como de huída que nunca termina, dando vueltas, pisando las mismas calles una y otra vez, con un dolor que seguía, lateral, de costado, y buscándola a ella para invitarla y volviendo a la estación, ninguno era su tren, y volviendo a casa, abriendo la puerta, y oyendo una voz, ¿eres tú?. 

domingo, 14 de diciembre de 2025

adelante

Emocionante, triste, una novela ambientada en unas minas del norte. La realidad se impone al confrontarla con la imaginación, y todo sucede por el progreso, por el adelante, siempre adelante. Para leer casi de una sentada.

Marianela. Benito Pérez Galdós. 1878

sábado, 13 de diciembre de 2025

palabras

Las calles están llenas de palabras, de las que se dicen y de las que no. Las hay susurradas, llenas, con una sonrisa, alegres y murmuradas. Incluso de buena mañana hay palabras amables, como hay luna que blanquea lo que queda de noche, no sé si eso explicará algo. Y las palabras vienen de un gentío, de calles, de estaciones, de colas, de sueños interrumpidos, escasos, atropellados y casi siempre olvidados. Un señor casposo con garrota vende lotería, la del gordo, usando sus palabras. Se gritan ciudades (Santander), mascarillas en boca, oigo otras lenguas con palabras que no entiendo ni entenderé. El reloj avanza al minuto 51, el tren se moverá o no, lo hará tras los pitidos, no veo al señor con la bandera roja y la gorra a juego, ya no hace falta. Más palabras, la próxima vez pediré coche de silencio, cada uno cuenta esa parte de su vida que quiere contar, son discotecas o médicos. Mientras avanzamos muchos trabajan en las obras que nunca acaban, entre raíles y cables, con hogueras improvisadas. Velocidad moderada, leo los mensajes allá escritos, golfos. Velocidad aumentada, nunca dejamos atrás a la luna, luego un túnel oscuro a 200 km/h, peñas harinadas, mas túnel y mas velocidad, antes de escucharlas el miedo, antes de escuchar las palabras que esperaba oír, luego mas luz.

furia

Lo empecé varias veces, lo dejé, lo volví a intentar, lo acabé. Una primera parte difícil de seguir, con saltos en el tiempo, personajes que no se encuadran y diferentes escenarios da paso a una segunda aún mas compleja. En la tercera parte, de lectura asequible, se empiezan a entender cosas, todo parte de un relato lleno de rabia o furia. La última secuencia terminará por llevar al lector a su destino. 
Hace falta paciencia para lidiar con este libro que a pesar de todo deja grandes momentos.
El ruido y la furia. William Faulkner. 1929

argamasa

Un frío diferente, un acueducto de otro tiempo, sobrecogedor, no encendieron la luz del día aún, un templo sin gloria, gotas pertinaces, frías, capillas que la luz hace hermosas. Tengo tiempo, todo el que se pueda tener, goteras, ruido en el patio, ando y desando las mismas piedras, me falta algo, la argamasa, el acueducto con su piedra sobre piedra no la necesitó. 

siciliano

La vida del fuera de la ley Salvatore Giuliano en la Sicilia tomada por la mafia. Personajes reales e inventados para contar la lucha del bandolero Giuliano, el que robaba a los ricos para repartir a los pobres y luchaba contra todos los poderes posibles, el del estado y el de la organización mafiosa que controlaba todo en la isla. Una novela llena de traiciones, silencios y violencia.

Salvatore Giuliano, el siciliano. Mario Puzo. 1984

dicha

Si no conozco a nadie de mi entorno al que le gustara o mencionara a Extremoduro o a su líder Robe Iniesta, fallecido esta semana, si no sabría empezar a tararear una sola de sus canciones, si no sabría a pesar de que oigo música constantemente, variada y diversa, me pregunto entonces por qué no me llegó esa onda. Y es que de repente los medios muestran a todo un mundo que era fan del fallecido. No sé que hay detrás, si el postureo típico en estos casos, el duelo arribista, la diferencia generacional a pesar de ser del mismo año, o qué. O simplemente azar. Esta semana falleció también prematuramente Raúl Malo, líder de los Mavericks, y a tenor de lo publicado en los medios, poco conocido en España; disfruté con su música, mucho, y lo seguiré haciendo a la par que buscaré a Robe en Spotify, nunca es tarde si la dicha es buena.