Las calles están llenas de palabras, de las que se dicen y de las que no. Las hay susurradas, llenas, con una sonrisa, alegres y murmuradas. Incluso de buena mañana hay palabras amables, como hay luna que blanquea lo que queda de noche, no sé si eso explicará algo. Y las palabras vienen de un gentío, de calles, de estaciones, de colas, de sueños interrumpidos, escasos, atropellados y casi siempre olvidados. Un señor casposo con garrota vende lotería, la del gordo, usando sus palabras. Se gritan ciudades (Santander), mascarillas en boca, oigo otras lenguas con palabras que no entiendo ni entenderé. El reloj avanza al minuto 51, el tren se moverá o no, lo hará tras los pitidos, no veo al señor con la bandera roja y la gorra a juego, ya no hace falta. Más palabras, la próxima vez pediré coche de silencio, cada uno cuenta esa parte de su vida que quiere contar, son discotecas o médicos. Mientras avanzamos muchos trabajan en las obras que nunca acaban, entre raíles y cables, con hogueras improvisadas. Velocidad moderada, leo los mensajes allá escritos, golfos. Velocidad aumentada, nunca dejamos atrás a la luna, luego un túnel oscuro a 200 km/h, peñas harinadas, mas túnel y mas velocidad, antes de escucharlas el miedo, antes de escuchar las palabras que esperaba oír, luego mas luz.
sábado, 13 de diciembre de 2025
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