El retrato del matador o
del aspirante era sobre lienzo. Ya éste parece desencajarse del marco. Hasta el
lienzo está agujereado en alguna esquina pero los ojos del torero siguen
negros, grandes, viendo cómo los comensales pasan y siguen pasando por un local
por el que ya han pasado todos los años, y los que quedan, que todo dependerá
de los dueños y de que quieran seguir dando de comer en casa de comidas, algo
que ya se perdió, o casi, porque éstas se transformaron primero para añadir
barra de bar, luego se puso música, espejo, luego se añadieron calendarios,
lotería, parafernalia, y se pintaron las paredes porque estaban viejas, pero
éstas siguen ahí, con madera que cubre a media altura, y con manteles o hules
de cuadrados blanquirojos, de cubiertos
que pasaron por todos los lavados del mundo, y con platos que la sombra del
torero ha debido ver pasar a cientos. Es casa de comidas en Augusto Figueroa,
barrio de Chueca, con puertas rojas, rojísimas, con visillos que translucen al
que come lo que se cuece ahí afuera, mientras se esperan las lentejas o la sopa
de ajo, y estas viandas están deliciosas, y es que son como las de antes,
hechas en casa o cocina pequeña, por alguien que no hace otra cosa, y están
como debe ser, espesas, con sustancia, las lentejas, y el segundo y hasta el
postre son de antes, de antaño, sin más. Y merece la pena probar y retroceder
en el tiempo, todo por escapar del presente. Y luego el café de Pepe Botella en
la plaza del 2 de Mayo suma melodía a la placidez de un lunes de descanso
anónimo mientras los niños y bachilleres entran o salen, mientras se despiden o
comentan, todo tras el cristal, donde una mesa de mármol y sillas de madera
barnizadas y antiguas guardan el temple de la tarde recién comenzada. Y pudiera
pararse el mundo, pudiera llover tras los cristales pero no es el día, que fue
de mañana a medio sol, entre nubes y rayos de luz, tamizada por la oscuridad
artificial de la sala de la fundación March en Castelló donde se presenta “La
isla del tesoro”, no película ni libro, sino reunión de arte o exposición de
obras traídas de las islas británicas, y hay tesoros, cómo no, y el tesoro se
descubre a veces sin cavar y está a la vista de todos en forma de Lady Byron,
excepcional retrato de cuerpo entero realizado por John Hoopner, artista nacido
en el XVIII. O en forma de grupo familiar con madre, hija y dos muñecas de
cuencas de ojos vacías, de Stanley Spencer, nacido a finales de siglo
diecinueve. Y pondremos imagen a otro artista nacido en la misma época,
Meredith Frampton, que homenajea a Sir Ernest Gowers, responsable de la defensa
civil de Londres durante la segunda guerra mundial en un cuadro de gran impacto
visual, arte digno de ser visto, el mismo objetivo de aquel que pintó al
olvidado chaval del traje de luces.
Berenjenas rebozadas
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Asar las berenjenas enteras en el horno. Dejar que se enfríen y quitarles
la piel dejando la parte de arriba como en la foto. Hacerles unos cortes y
estend...
Hace 3 semanas