En tiempo de mentiras parecería que quedan pocas verdades. Pero no es así,
son muchas todavía. Los mentirosos son pocos, salen en la tele, y se pudren en
sus falsedades aunque sigan enriqueciéndose a cuenta de todos. Pero me quedo
con un apartado de la vida donde todavía se puede encontrar mucho de verdad y de
dignidad. Y hablaré de fútbol, pero del otro, del que nunca se ve en televisión,
del que no celebra galas de traje largo, del que no recibe premios, del que no
se acuerdan los que mandan. Mala memoria la suya. Pero yo recuerdo y me parece
que nada ha cambiado en el juego, a pesar de que los niños lleven botas de colores
cuando antes eran negras, y jueguen en praderas verdes cuando antes eran
arenales, o jueguen al abrigo de familias enteras donde antes imperaba el
silencio. Porque el juego siempre es el mismo, niños, siete, diez, once, los
que sea, en pos del balón y con el objetivo de llegar a la portería. Y con un
acompañante esencial, la ilusión. Y es que no hay nada mas auténtico que un
niño detrás de un balón, lleno de sueños. No sé si os acordáis de vuestro
primer gol. Yo sí, o al menos eso creo, puede que sea un engaño de mi mente, la
memoria se dispersa con el paso de los años. Pero diré que el campo era de
cemento, las porterías de esas blanquirojas, y todavía veo como mi cabezazo traspasa
la línea y no se estrella contra ninguna malla. Lo siguiente es imaginación, lo
siguiente es grito, alegría, abrazos. Quizás haya estado reviviendo ese gol
cientos de veces a lo largo de estos trece años, en las botas de otros niños,
vestidos de amarillo, en gradas frías, heladas, bajo la lluvia o el paraguas, o
bajo un sol de castigo, en campos de pueblos o en campos de barrio. Quizás fuera
sólo eso lo que había detrás de todo esto, de mi empeño o de mi lucha. No lo
sé, pero doy por bueno todo lo invertido, todo lo luchado, todo lo que otros
considerarán tiempo perdido. Doy por bueno todo eso porque he disfrutado y porque
he compartido todo ello, y compartir con el prójimo es entender un poco más de
qué va la vida, de qué van los sueños, de que va la ilusión. Valgan estas
letras para reconocer el trabajo de todos los que han sido, son y serán defensores
de esa verdad, de los que desde los banquillos o despachos dirigen niños o
menos niños y los ayudan a ser un poco mas humanos a través de este deporte. Que
la ilusión nunca os abandone.
Berenjenas rebozadas
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Asar las berenjenas enteras en el horno. Dejar que se enfríen y quitarles
la piel dejando la parte de arriba como en la foto. Hacerles unos cortes y
estend...
Hace 3 semanas