Cuando el tren de las aguadas se detuvo en Tobarra nosotros nos bajamos, yo conté los escalones del tren de madera y los evité saltando al andén contenta. Esperaba la reprimenda de él y llegó y la olvidé para casi gritar: ¡vamos a ver como carga agua!, dos veces, tres, por favor. Él protestó, mamá también, él me llamó desobediente pero allá que fuimos, a la vía muerta para ver como la locomotora bebía su agua de aquella grúa que expulsaba un gran chorro. Yo imaginando y papá explicándome que sin esa agua el tren no podría llegar al mar.
viernes, 24 de abril de 2026
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