Las gaviotas
parecen no dormir. Es sábado y hace sol. Llegamos al límite del mar. Los
cuervos y gaviotas no pueden hacer competencia a las olas y a su sonido que lo
envuelve todo. Bicis y carreristas de buena mañana. Desayunamos en el Trading
Post, con mucha espera. Mucha gente y poco servicio. Bono diario de autobús
para ir en la delantera de un segundo piso que da vértigo o en la trasera del
mismo, que recuerda a la excursión escolar de entonces. Hacia Lewes, hay
cuestas y tiendas de antigüedades. Bonito pueblo para perderse. Gente de aquí
para allá. Hay plantas, flores y castillo, también río y señores que se sientan
al sol. Cada rayo se aprovecha, hoy hay muchos.
De vuelta a Brighton, tiempo
para comida en truck food (griega) y nuevo viaje hacia Devil’s Dyke. Se invoca
al diablo pero encontramos todo lo contrario en nuestro destino, paz. Algo más
de frío y viento bajo el sol. Hay colinas, verdes, valles y senderos con
caminantes y perros, muchas vacas, negras, y ovejas grandes, fotos y más gente.
Al fondo parece que hubiera boina negra de contaminación, más al fondo el mar.
Subimos, bajamos, pisamos hierba. Cola en la espera para volver.
Descansamos
con la taza caliente, algo de guitarra, sentimiento y risa. La vida del sábado
en las calles, se bebe, mucho, se notan las consecuencias pronto. Cena de
buffet, normal. Despedida de soltera, gente en locales, tatuajes, hay convención
en la ciudad. Recuerdo el mar, nadie se lo tatúa. ¿Es posible?
No hay comentarios:
Publicar un comentario