Sin pensarlo
se pasan los días, y llegó un día la primavera. Lo cantaba alguien y todos le
hacían coros. La música sigue generando emociones. Y la lluvia vino con ella y
las calles se pisaron nuevamente, después de la oscuridad. Y el cielo se puso
azul, y luego negro, y hasta aparecieron rayos, y también sonaron las entrañas
del universo antes de vaciar la negrura y mojar las calles, y los niños se
escondieron y los mayores rezaron, esas costumbres de antaño. Para alejar lo
inevitable, para ahuyentar los malos augurios. Nada vale ante la naturaleza que
tumba casas en magnitudes de escala de nombre extraños. Los pisos parecen
naipes y lo que creó el hombre lo destruye la tierra. Todo vuelve a ella, hasta
las alturas. De ahí a subir al cielo hay un trecho, real e imaginario. Camino para
vivir, de perfección o de locura, camino de espinas o de rosas. Algunos no
hacen camino, directamente lo agotan en un mar que conectó culturas y ahora las
divide. Somos humanos, y nada me es ajeno. El dolor ajeno no se hace
insoportable, uno se acostumbra, lo aparta, lo niega, lo mata. El egoísmo como
refugio. Nada importa más allá. Nada, la vida es para vivirla, para los que
pueden hacerlo. Otros se verán condenados a la profundidad de esas aguas que
han visto crecer y morir culturas, imperios y vidas. Sobre todo vidas.
Berenjenas rebozadas
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Asar las berenjenas enteras en el horno. Dejar que se enfríen y quitarles
la piel dejando la parte de arriba como en la foto. Hacerles unos cortes y
estend...
Hace 3 semanas