Acercándome y alejándome con mi vista pienso que podría cortar esas puntas medio rubias, apuesto a que teñidas, de la chica que habla sin cesar en el asiento de delante. Todo funcionaría bien, nadie a mi lado ni a mi costado, ni detrás, sin observadores, lo haría para demostrar algo que no tiene nombre, me río de pensarlo, abro la mochila, las puntas siguen ahí, ella se mueve, el pelo es abundante, desborda su asiento por el lateral, busco las tijeras, que hago yo con ellas siempre, me pregunto, no soy peluquero. A la de tres, quizás a la de cuatro, mano derecha apuntando al objetivo, cuenta atrás antes de un brusco frenazo del tren, el que desvió mi mano y tiró mi tijera, el que aceleró mi corazón para darme por reír mientras ella se giraba para preguntarme si estaba bien.
miércoles, 26 de agosto de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario