viernes, 13 de marzo de 2026

llorona

Yo era llorona, sin quererlo, de día o de noche, y aquella despensa, allá tan cerca, a tiro de mis pasos, era refugio para el llanto diurno, sostén, espacio para apoyar la espalda y entornar la puerta y cerrar mi mundo, y oler y volver a oler, y esperar con impaciencia a que el ojo secara, uno y otro, y después, ahíta de aroma, pretérito y presente, tomar un trozo de galleta o chocolate, que poco mas había, todo atesorado por mi abuela, pobre de monedas, llena de amor. Ahí sentada en la salita, un tabique solo, esperando en su mesa camilla, esperándome, sin prisa, sabiendo, la sonrisa en su cara, en la mía también con mi pizca de vergüenza, todavía el sabor dulce, relamido, y sin palabras que decir antes del abrazo.

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