Mi padre recibió con disgusto la lectura de esa carta. Estaba indispuesto y me pidió que se la leyera. Cuando acabé entendí su gesto. Se volvió a recostar en la cama y yo salí de la habitación. La carta decía que Conservas Cervera cerraba. La carta había viajado desde Cangas, Vigo. La carta atravesó España en trenes para decirle a mi padre que ya no servirían mas latas de esas sardinas que luego mi padre distribuía por las tiendas. Fui a la despensa y vi que quedaban tres latas, la muchacha impresa mostraba una extraña toca blanca, era la montañesa y tenía una sonrisa débil. Dos días mas tarde al levantarme vi que mi padre, ya recuperado, desayunaba y le sorprendí con una de esas latas abiertas, hasta me pareció que era feliz cuando afirmó: hijo, son las mejores.
viernes, 27 de febrero de 2026
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