Podemos decir que los hay, que están en todos lados, a
veces también dentro de nosotros, que algunos son más soportables que otros,
que no se van. Nos apostamos en la vereda de la M-30 y escuchamos un
sonido de fondo que es constante, ruido que no cesa, de coches que ruedan, de
rozamientos en asfalto. Imagino a los vecinos encerrados, pertrechados tras
ventanas dobles, negando que no hicieron una buena compra. De poco vale
entonces ese jardín longitudinal que se extiende durante casas ni los juegos y
columpios para los niños. Sí, será cosa de acostumbrarse, seguro. Andamos para
escapar y rodeando la manzana olvidamos que existen los coches. Y si encima
entramos en el Teatro Tribueñe y esperamos que se apaguen las luces olvidaremos
que existe casi el planeta. La vida, durante un par de horas, se queda en manos
sobre piano, pasos sobre escenario, voces que vienen y van, toda clase de
movimientos para generar otra clase de sonidos, los que envuelven, los que
pueden retorcer algo, los que pueden aflojar el alma para sentir ese no sé qué.
Coplas entreveradas con declamaciones, algunas nunca escuchadas, otras que se
podrían escuchar siempre, hasta que se enciendan las luces y la realidad vuelva
a escena tras unos pocos escalones de subida. Estamos en época prenavideña, que
cada vez llega antes, se adelantaron las compras o las ventas, el viernes negro
lo inundó todo, llegaron las luces, los belenes, se gastó el turrón y nadie se
acuerda de cuando la navidad venía con el gordo, a ritmo de bombo, con ruido de
bolas que chocan. Ahora llegamos ya cansados, se ha comido, bebido, se han
escuchado villancicos, muchos días antes, como en iglesias de pueblo donde es
difícil mantener el silencio, cuestión de respeto, de educación. Donde entonces
el director quiere hacer algo más festivo el evento y hace que participe el
público, soberano siempre, para lo malo y lo bueno. Ecos de entonces. También
de entonces, o de más antes es la Venencia, donde el tiempo no corre, donde las
tizas existen, donde lo blanco escribe sobre madera, donde las servilletas me
producen escalofríos, donde el vino calienta y templa el espíritu, y donde el
ruido es sólo de palabras.
Berenjenas rebozadas
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Asar las berenjenas enteras en el horno. Dejar que se enfríen y quitarles
la piel dejando la parte de arriba como en la foto. Hacerles unos cortes y
estend...
Hace 3 semanas