El dependiente de la FNAC exhibe un tatuaje en
inglés que traducido dice "Todo sucede por una razón". Me cuesta ver
el final, que tapa el reloj. Aún deducible hago el esfuerzo. Me cuesta mirarle
y no pensar qué pensará él de esa frase, si será un convencido o no. Las
palabras dejan huella, en este caso, quizás indeleble sobre piel. Pasan 48
horas y en un espectáculo organizado para recaudar fondos para un albergue de
los Hermanos de San Juan de Dios, el presentador, padre de la orden, cita
también el mismo lema, en forma directa y también a la inversa, “nada ocurre
por casualidad”. Me enervo, me enfado. No creo en verdades que nadie puede
demostrar. Ni siquiera en la mía, que no tengo. No puedo demostrar la falsedad
de esa aseveración pero pienso en lo que representa su significado, en el
desprecio que arroja sobre la enfermedad que se lleva a los niños, o sobre los
pasajeros de un avión que un desequilibrado estrella contra
una montaña o sobre el turista que toma el sol en Túnez y no atisba a ver
su muerte mientras lee un libro. Y eso si hablamos del mundo
civilizado. Del otro guardo silencio. Palabras que parecen despreciar esas
muertes y el dolor de los que les sobreviven. No hay forma de aceptar
que esas muertes absurdas ocurren por algo. Y si ese no es el sentido de
la frase mejor no decir nada. Nadie se merece morir así, todos aspiramos a
vivir una vida plena, cada uno a su manera, o por lo menos aspiramos a
acabarla, luchando hasta el final por encontrar si no plenitud, algo a lo que
aferrarse, intentando no explicar lo inexplicable y esperando que el azar, sí,
eso que a veces es bueno y a veces malo, no nos roce en su vertiente peor ni
nos alcance de pleno. El destino escrito, designado, predestinado,
determinístico, carece de sentido para mí. Aplico el otro sentido, el común,
para rebelarme y cargar a voces con todo el respeto del mundo contra
aquellos que pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino. Quizás
necesitamos mas de esa tolerancia y ese respeto que, independientes de
religiones, deberían tomar forma de valores supremos Pero “Hoy no” quiero
discutir. Y con mayúsculas porque las dos primeras palabras dan título a una
canción de Enrique Urquijo, 1993. El azar me lleva a escucharla, hermosa, de
acordes inconfundibles. Y es que a veces la música no hace olvidar, pero serena
mi alma inquieta.
Berenjenas rebozadas
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Asar las berenjenas enteras en el horno. Dejar que se enfríen y quitarles
la piel dejando la parte de arriba como en la foto. Hacerles unos cortes y
estend...
Hace 3 semanas
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