
Canta el gallo o muchos, las campanas se suceden y no se
oyen todas. Amanecer en Feria, luz y pájaros. Sustrato verde para olivos y
almendros. En Casas de Reina castillo en lo alto. Y carretera que curvea hasta
alcanzar la joya olvidada, en el término de Fuente del Arco, el último pueblo
de Extremadura. Abierta hace unos años después de mucho tiempo en la oscuridad.
Rehabilitada o adecentada, le llaman la sixtina extremeña, se pinta el antiguo
testamento en bóvedas y paredes. Nada queda blanco. Es la ermita de la Virgen
de Ara. Ella se llama así, la guía que durante un buen rato desgrana con buen
hacer la historia, el arte y la leyenda del lugar. Toda nace de lo último.
Aparición a Erminda y Jayón, hija y padre, musulmanes. Él ciego, quedará curado
si se convierten. Lo hacen y edifican la ermita tras intentos fallidos allí
donde no era. Un cuadro en la sacristía lo atestigua, la Virgen en el ara de la
encina, o allá donde se abren las ramas. La orden de Santiago se hace cargo del
lugar y lo reconstruye en 1494. Diversas edades para las pinturas, finales del XV,
XVII y XVIII. Las que recubren la bóveda son de rostros poco perfeccionados.
Siempre anónimas, los expertos determinan que trabajó más de un artista, hasta
seis. El lugar emana paz. En la tienda venden aceite, incluso de aceituna azul,
el aceite azulejo.
Después nos acercamos a la mina La Jayona. Los nombres se
repiten. Antigua explotación de hierro, finalizó su explotación en 1921 cuando
tras el final de la gran guerra hubo una bajada en la demanda y en los precios
del mineral. Larga y profusa la visita, repleta de interés. Hay geología,
naturaleza e historia. Hay animales, árboles y plantas. También fallas
geodésicas, luces y contrastes, y túneles que se pasan con casco protector.
Maravillas ahora a la vista, excavadas a pico y pala por las manos y las vidas
de los mineros en tiempos donde los riesgos laborales eran una entelequia. Es
hora de comer y lo haremos en un cruce de caminos. En Casa Santos se tarda en
ponernos de acuerdo con el dueño. Cuestión de tiempos y de palabras. Comida
casera. El camino sigue, huellas romanas en Regina, con ciudad delimitada y
cuadriculada, y con teatro modesto. Parte de la calzada Mérida-Córdoba. En lo
alto nos espera el castillo de Reina, imponente la altura y la cuesta. Andando
con calor lo subimos. Al Andalus llegaba hasta aquí. Alcazaba almohade de
recios muros, siglo XII. En su interior hierba y piedras en espacio inmenso. Y
ermita posterior con pinturas ganadas a la cal. Baluarte defensivo ante la
Reconquista cae en 1246 ante el avance de Fernando III que la entrega a la
Orden de Santiago. En Llerena preciosa la iglesia de Nuestra Señora de la
Granada y Santiago Apostol, con Piedad anónima del XVIII de bella factura. Los niños
preparan el desfile hacia el altar para su primera comunión.
Todavía hay tiempo para más, y en subida nos dirigimos
desde Calera de León a Tentudía, punto más alto de Badajoz, 1104 metros. Otra
leyenda dice que se detuvo el día ante la plegaria de las tropas cristianas.
Detén tu día… necesitamos más sol y más tiempo para derrotar a las huestes musulmanas.
Se avanzaba hacia Sevilla. En acción de gracias se construyó este templo, luego
monasterio. Fue hacia 1242 y auspiciado por Pelayo Pérez Correa, maestre de la
Orden y ganador de la batalla. El día se agota, lo verde en la vista sigue
predominando y ya de vuelta el castillo de Feria se divisa en la lejanía.