De repente te mueves, tú, solo e independiente, y te vas y vuelves con ese andar que es destartalado y con sonidos que deben de medir tu felicidad, y levantas los pies apara atravesar una vía o un puente, gigante pequeño, y dices tractor de repente, y quieres leer bien de pie o sentado, y quieres dormir arrullado soñando tus pasos de ayer y los que vendrán, y pisas charcos mientras sonríes.
sábado, 10 de octubre de 2026
ola
Cuando éramos pequeñas apoyábamos nuestros brazos en una barandilla al borde del mar o playa según fuera la marea, veíamos las olas ir y venir y nunca nos cansábamos porque todas eran distinta, jugábamos a adivinar cuando vendría la ola mas alta sin saber medir alturas, casi sin saber lo que era un metro. Ya mayor, ella se marchó lejos de esta playa a otro lugar donde el mar no alcanza, y yo algunas tardes todavía apoyo mis brazos y juego por mí y por ella, y me miento a mí misma (siempre hay una ola mas alta que todas las que en el mundo hubo) para escaparme del cansancio que me produce mi rutina inacabable, y cuando escasea la luz y encienden las farolas del paseo y el mar se oscurece para transformase en puro rumor me digo que esto también pasará aunque sé que es solo una frase hecha, menos mal que el sueño es alivio para todo mi ser.
sur
Premio Planeta, la leí y la extravié, quizás prestándola, quizás dejándola en una estantería a la que no volví. Pepe Carvalho como detective.
Los mares del sur. Manuel Vázquez Montalbán. 1979
miércoles, 7 de octubre de 2026
cita
Recibo un papel alargado y estrecho escrito por los dos lados, ella, una desconocida, me cita para dentro de veinte años, un día concreto, una hora, en una esquina de Madrid. Investigo y alguien me dice quien puede ser, quiero hablar con ella antes de esa fecha porque no sé si llegaré vivo a ese futuro tan lejano.
martes, 6 de octubre de 2026
café
Monólogo de café y de calle contado a un desconocido en una noche de Junio del 36 y que se centra en los dos años, del 31 al 33, los que pasó en un pueblo de Extremadura comenzando su vida de abogado el que habla, Alonso Mora, que nunca dejó de ser forastero mientras observaba la violencia entre familias, las rencillas y el caciquismo que se plasma en múltiples historias; novela finalista del Planeta que emplea un lenguaje florido que necesita de diccionario.
Gran Café. Pedro de Lorenzo. 1974
sábado, 3 de octubre de 2026
contador
Papá, que vienen a leer el contador de la luz, que pase; papá, que ahora quieren leer el contador del agua, que pase. Yo les acompañaba y ellos leían lo que tuvieran que leer y se marchaban. Ya por la noche se me ocurrió pensar si habría forma de inventar un contador para mi corazón, para que cuente mis emociones, escalofríos, miedos y latidos de mas que aparecen cuando le veo a él tras unas puertas de madera que empujo con las dos manos.
viernes, 25 de septiembre de 2026
lluvia
En plena pandemia de Covid el protagonista sufre un dolor que le lleva al hospital, hay un diagnóstico y hay una espera, hay angustia, pruebas y todo lo demás; afuera un amor con el que comparte la vida, lo más importante de lo que quedó allá, a la espera de retomar una normalidad, una vida que damos por sentado que durará eternamente. Muy interesante.
Lluvia pequeña. Garth Greenwell. 2024
lunes, 21 de septiembre de 2026
llegar
Se me olvidó rezar pero aún y todo vuelve el pan nuestro de cada día, de todos los días, con grupos de gentes ensimismadas en terminales sin fin haciendo scrolling con dedos que se deformarán, zombies presentes, enfermos futuros, hablan solos, sordos al mundo, yo atento al sol que nos dice todo, al azul, a las montañas tan cercanas, al verde detrás de los cristales, al frescor que ya traspasó el amanecer. Sí, se me olvidó rezar, esa parte de la fe ausente, desterrada. Se para el tren, sin sentido, varado, nadie informa, llegarán tarde los que tengan prisa, los que no, llegaremos cuando sea menester, siempre se llega. Veo a un hombre con andador y a su acompañante que le dice “poco a poco”, espero que el anciano oiga esas palabras, hace falta mas vida, mas humana. Allí donde se fabricaba la cerveza El Águila existen hoy oficinas y salas de exposiciones. En una de ellas se exponen fotos de un Madrid que ya no existe, destruido tras la guerra, con pies descalzos, ruinas y supervivencia, luego crece, se rehace, se reconstruye, se llenan los espacios vacíos, todo era distinto, todo es diferente hoy, cada día. Recibo la llamada de siempre a una hora atrasada. Mas libros para mi bolsa de esos que entran y salen cada día de las casetas en cuesta, una de ellas se llama nubes pasajeras, las nubes que no se ven, los turistas no paran, de aquí para allá, los padres pasean a bebés que no se duermen; él llega con un carro lleno de libros, ¿me pediste poesía tú?, yo no, ¿quieres echar un vistazo?, estoy cargadísimo, el carro avanza empujado por el hombre que busca compradores para su cargamento. Entre las gentes, o lo que a mí me parecen multitudes, veo una mano que tira de alguien.
inverosímil
Novela galardonada con el premio Ateneo, cuenta la vida de Manuel González Verdun, nacido en 1934 en Campillos, Málaga, de padre no conocido y de madre tejeringuera fusilada en la guerra civil. La orfandad le lleva a instituciones en las que sobrevive de mala manera para volver al pueblo con la abuela, ahí se iniciará una huida hacia adelante en la que pasará de ratero a delincuente para luego aventurarse por medio mundo en forma de soldado, espía, revolucionario, etc…pisando cárceles y volviendo a empezar. Dice el autor que todo lo contado es verídico aunque pueda parecer inverosímil.
Manú. Cristobal Zaragoza. 1975
sábado, 19 de septiembre de 2026
manos
Salió a buscar unas manos que pudieran alternar con las suyas en combinaciones varias, que tiraran de él o que él tirara de ellas para hacer una parada aquí, para ver algo especial, para sentarse a escuchar la música o las palabras, manos que se hacen compañía, que se acompañan en la pausa y en el camino, que se rozan y se sienten, que a veces se suben por los brazos o se bajan por las piernas, o se posan allá donde se pierden los sentidos. Las veía a cientos, a miles, muchas ya enganchadas, muchas solas y vio una que caminaba, mano que usaba los dedos para avanzar en un banco de madera de un parque muy grande de Madrid, iba y volvía marcha atrás; como el banco era largo quiso sentarse, ella dejó de moverla, y él, tras unos instantes en los que cerró los ojos y respiró profundamente, hizo caminar su mano con dedos tímidos hacia el centro del banco. Tras unos eternos segundos de indecisión abrió los ojos para ver que ella ya no estaba.
viernes, 18 de septiembre de 2026
gratitudes
El miedo y la esperanza, dos conceptos que se articulan en palabras que a veces se escapan y se pierden y no se las encuentra a pesar de que siempre hayan estado ahí. Relato devastador, como bomba de relojería a la que se le espera, y relato esperanzador, real.
Las gratitudes. Delphine de Vigan. 2019
jueves, 17 de septiembre de 2026
infinita
Para no enfangar todo empezaré a mitad de página, a escribir, a juntar letras, no deja de ser una página mas entre cientos. Escribo sobre el milagro de vivir y no morir entre los sueños y después sobre como seguir una zanja que une dos puntos de la ciudad, partiendo de aquí se llega allí abriendo las entrañas de una tierra en la que colocan cables para luego cerrar lo abierto (tarea que exige concentración y confianza). Acabé dos páginas, ahora escribo sobre el placer máximo, ella en mis brazos y yo en los suyos, amándonos como entonces, como ahora. Pasado el clímax reanudo la escritura entre soledades y confusiones. Luego me da por pensar en lo qué pasaría si esto no se acabara nunca, si la vida fuera infinita (dime todo lo que falta), es ahí donde abro y cierro signos de interrogación entre los que no escribo nada.
lunes, 14 de septiembre de 2026
humo
¡Hala humo¡, decía de manera cordial, yo la oía y sabía que molestaba en la cocina donde ella se afanaba entre cazuelas y sartenes, y es que la cocina era pequeña aunque yo también. Y es que tenía hambre y buscaba algo que echarme a la boca abriendo y cerrando la panera, o mirando si había chorizo en el frigo. Y con algo en la mano yo me evaporaba feliz, humo.
verso
Deliciosa la poesía de Gloria Fuertes, la que toca todos los palos (los hay de amor, de guerra o de paz), la que ve y observa o la que cuenta retazos de su vida.
A los que os quedáis en casa
como yo — tantas tardes—,
os cuento estas cosas,
como otra película
para cuando se os acaba la televisión.
Al leer estos versos que me pasan,
no os sentiréis tan solos,
Y así yo, desde mi abandonorio,
me sentiré peinada.
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Si hay poetas que escriben bien
y no dicen nada
es que no escriben bien.
Lo afirma Gloria Fuertes.
Mujer de verso en pecho. Gloria Fuertes. 1996