domingo, 15 de febrero de 2026

halda

Me sumergí en su halda,

y no quise salir, 

ella tomaba mi pelo, 

jugaba con él, 

yo creía dormir, 

y soñar a la vez. 

Y ayer quise huir de ahí, 

del halda, 

y no pude.

sombras

Un guionista que quiere dirigir la película que él mismo ha escrito, es Hollywood, 1940. Alrededor de este personaje y de su lucha para conseguir financiación aparecen algunos de los grandes del cine, Gable, Bogart, etc. Y también el millonario Hearst y su dinero. Entretenida.

Sombras. Edwin Corley. 1975

cencerros

Hay cencerros, chirigotas, comparsas, desfiles, no necesito salir de casa para saber qué sucede en las calles, veo todas esas imágenes sentado y como no me puedo meter dentro de la tele me quedo sentado, no cambio de canal, es pereza o ganas de rabia, y los veo y no soporto a los que acompañan sus letras absurdas moviendo sus dedos y manos, ni a los que hacen ruido o a los que truenan con música que despierta a los muertos y hace oír a los sordos; en Madrid mantean al pelele diciendo que así se va todo lo malo, ilusos, ojalá fuera verdad.

magos

Los veo igual que si fuera un niño, maravillado, extasiado, sabiendo que fui engañado sin saber cómo. Era un mago y su magia justo terminada, cesaron los aplausos, empezaron los comentarios, abandonamos el local, yo sin prisa por fuera pero si por dentro, algo como una comezón, pensé que faltaba oxígeno en mi sangre. Sin nadie con quien comentar el último y sorprendente número me encontré mirando al cielo y preguntándome qué haría el mago con las estrellas. Acabé en una fiesta donde bailaban los abrazos y yo sin ellos. Bebí, tanto que pasaron las horas, volví a bailar, hablé, fuera llovía, adiós estrellas, alguien sacó regalos, gorros de papel, máscaras, no era carnaval, no hubo beso, y al bajar las escaleras y salir a la calle húmeda comprendí la magia, no la de la tarde anterior, sí la de este amanecer.

jueves, 5 de febrero de 2026

estornudo

Cuando él oiga el mensaje que le estabas grabando diciendo que llegarás tarde oirá también mi estornudo, sonoro, potente. No oirá mis silenciosos pasos, ni los tuyos, ni el inexistente tráfico de la mañana de domingo. No sé qué vas a decir cuando él te pregunte por el estornudo.

cid

José Repollés Aguilar era el nombre verdadero del autor, pero a veces firmaba como Joseph Lacier. Nacido en Calanda escribió obras dirigidas al público infantil y juvenil que empezaba a leer. Como esta historia gráfica editada por Bruguera cuyo fin era recreativo y que a mí me pareció un libro muy bonito.  
El Cid campeador. Joseph Lacier. 1972

miércoles, 4 de febrero de 2026

bolsillo

Andaba a oscuras con los brazos adelantados y estirados, tanteando los obstáculos que pudieran aparecer y esperando el trompazo de un momento a otro. Bajó un brazo y ahora tanteó su bolsillo, allí estaban, vasos de cartón apilados con una bola roja de árbol de navidad ocupando el último. Recordó que esa fila la hizo con su padre o su padre con él. Por fin llegó a la ventana de la cocina, afuera los rayos iluminaban la tarde de las cinco o las seis en punto o pasadas, unos segundos después sonaban los truenos, pensó en calzarse y lo hizo, y salió al encuentro de todas las lluvias.

jueves, 29 de enero de 2026

daño

Los libros ocupan un sitio que tiende a llenarse y tengo que decidir cuales permanecen y cuales no. Normalmente lo tengo claro a partir de haber leído un número indeterminado de páginas. En este libro en concreto la llamada a permanecer es constante, ya no en esa página numerada sino en muchas líneas de ellas. Una hija y su madre, y parte de su vida, en frases cortas, pequeñas y grandes, que hablan de incomprensión y vías divergentes.
“Nunca nada anula nuestra infancia”
El corazón del daño. María Negroni. 2021

amanecer

Asomó un rojo entre lo gris y te removiste, te apretaste contra mí, no te asustes, te dije, es solo el amanecer. Yo pensé que cómo podrías haberlo visto si en ese segundo aparecías con los ojos cerrados. Volvió lo gris y seguiste acurrucada sin prisa por amanecer.

domingo, 25 de enero de 2026

prisas

El niño tenía ganas pero unos segundos mas tarde no, normal, hace mucho frío, el pis no sale. Un joven tenía prisa y casi se despeña en las escaleras, las puertas del tren se cerraron tras él. Siempre las prisas, espero sentado, otro vendrá y siempre viene, mientras, oigo las botas altas pisar el suelo. No lleno el tiempo, lo vacío. Elijo vagón, elijo asiento, elijo perfiles de retrato, de foto, todo en la isla en medio de la tecnología, mi isla no tiene palmeras. A él le hace disfrutar la música, se mueve, luz, mas luz, mas sol, mas música, ahora es feliz, en este minuto y en el anterior y hasta en el siguiente. Le digo adiós sin que él lo sepa.
Un poco de Raimundo, un algo de Ponzano, un poco de Ríos Rosas, mas calles, cruzo Maudes, sin autobuses, algo de Galileo, un poco de Melendez Valdés con kebab soberano en el 67, una Gran Vía que da gusto casi vacía, y un mucho de Mateo, atento, curioso, risueño, el que enciende todo, con él lleno el tiempo y se desborda.


posición

Posicionarse o no, si no lo haces te ponen una etiqueta, de algo, y si lo haces también, etiquetado bueno o malo según el bando, vivimos en la calificación continua, eres o no eres, o estás conmigo o estás en mi contra, o llevas mi bandera o eres mi enemigo, una forma mas de alejarnos y de derribar puentes, de cerrar el diálogo porque la razón está aquí y no allá, sin escuchar, solo prestando oídos sordos sin más. Y todo esto es caldo de cultivo de toneladas de odio. Y los que no quieren estar allí o acá se encuentran sin espacio, buscan algo, aunque sea un hueco en las montañas donde no lleguen ecos de nada ni de nadie, donde no haya lugar que el hastío invada.

molero

Novela corta, relato detectivesco, hay que encontrar al que cometió ese asesinato lleno de saña. Inspirada en un hecho real ocurrido en la ciudad peruana de Talara, Vargas Llosa fantasea sobre la resolución de un caso que en su día fue silenciado y olvidado.
Magistral la narración que tiene al guardia civil Lituma y al teniente Silva como protagonistas.
¿Quién mató a Palomino Molero? Mario Vargas Llosa. 1986

rezar

Rezar como consecuencia de creer; desear que alguien te esté escuchando, puede que pidas algo, puede que no, y puede que esperes una recompensa de vuelta; los gestos se suceden, como el de esos espectadores que rezan ante un punto decisivo en la competición para que su deportista sea el mejor, o ante un penalti, o como esos ciclistas que dan las gracias a Dios, o como esos futbolistas que lo hacen al salir al campo o al abandonar el terreno de juego, como si el deporte fuera importante y no hubiera mas de lo que preocuparse. Otros, anónimos, son hombres que acompañan a un sacerdote en su oración ante una pequeña Virgen en la calle, o personas que hacen la señal de la cruz ante la visión de una Iglesia o simplemente porque sí. Muchos lo hacen desde su almohada o de rodillas, a solas y a oscuras. Asirse desesperadamente a algo, todo cabe en este mundo de oídos sordos. 

viernes, 23 de enero de 2026

gangrena

Premio Planeta del 75, novela que mantiene la tensión hasta el final sin ser una obra de misterio, siendo un relato de la vida de Carlos Hondero a través del siglo XX. De botones a presidente de banco en ascensor que sube despacio para llegar a la élite. Ambientada en Barcelona, por allí aparecen múltiples personajes que rodean al protagonista, amigos, parejas, personajes de la mejor sociedad y arribistas, y como no podía ser de otra forma hay incomprensión y vida que les arrastra y les lleva. Me ha gustado.

“Nadie es nunca como ha sido”.

“Nadie conoce a nadie”.

La gangrena. Mercedes Salisachs. 1975

bergante

El bergante del hijo siempre estaba haciendo rabiar al fámulo de la familia, éste, aún cansado, aguantaba carros y carretas mientras pergeñaba futuros desquites, él quisiera ser hombre de pesquis y dejar este trabajo.
Pasó entonces que el padre del bergante cayó enfermo y el fámulo, rosmando, tuvo que ir al establo para tomar el birlocho y llevarlo al nosocomio. El establo acababa de ser pintado con creosota y el olor era nauseoso. A pesar de todo, ahí estaba, presto para el camino. Aún se puso la gorguera el padre para ese viaje que pudiera ser el último. 
Gentes bullentes por las calles, día de fiesta, impedían el normal paso del birlocho. El fámulo gritaba, imprecaba. El padre sentado en la silla y su guadamecí. El padre en plegarias porque llevaba ya dos días padeciendo de singulto, y eso mismo le causaba singulto o sollozo, quejidos entre suspiros. Y así arribaron a su destino donde alguien sobresaltó al padre esperando que cesase el singulto, ambos. Y nunca sabremos qué pasó en el viaje de vuelta para que el birlocho no llegara al establo.