viernes, 27 de febrero de 2026

conservas

Mi padre recibió con disgusto la lectura de esa carta. Estaba indispuesto y me pidió que se la leyera. Cuando acabé entendí su gesto. Se volvió a recostar en la cama y yo salí de la habitación. La carta decía que Conservas Cervera cerraba. La carta había viajado desde Cangas, Vigo. La carta atravesó España en trenes para decirle a mi padre que ya no servirían mas latas de esas sardinas que luego mi padre distribuía por las tiendas. Fui a la despensa y vi que quedaban tres latas, la muchacha impresa mostraba una extraña toca blanca, era la montañesa y tenía una sonrisa débil. Dos días mas tarde al levantarme vi que mi padre, ya recuperado, desayunaba y le sorprendí con una de esas latas abiertas, hasta me pareció que era feliz cuando afirmó: hijo, son las mejores.

guerra

El protagonista nace en 1929 y narra la guerra civil desde su casa en Madrid. Familia con seis hijos, el niño recuerda y pasa hambre dejando el miedo para los adultos.

Nuestra guerra. Joaquín Aguirre Bellver. 1994

martes, 24 de febrero de 2026

árbol

El árbol se cayó y nadie sabe por qué.
Será por viejo o por cansado, arrugado y seco.
Será que las raíces no eran tan profundas, 
será como ese nuestro amor que ya no baila,
sin raíces donde agarrarse ahora que sopla el vendaval,
que no hubo tantos seguidos ni tan fuertes ni tan voraces.
Que se nos cansó hasta el habla, 
pálidos,
sin mirarnos.

alegría

Años 60 en Calcuta, un sacerdote francés, Paul, decide vivir entre los más desfavorecidos. Su historia se mezcla con la de Hasari, que recorrerá kilómetros y kilómetros con su rickshaw. Alrededor de estos dos personajes gira una narración de tradiciones, costumbres y miserias para los que llegaron de los campos huyendo de sequías o inundaciones. Todo lo demás es esperanza.

La ciudad de la alegría. Dominique Lapierre. 1985

domingo, 22 de febrero de 2026

pasión

Todo se reduce a la infancia, cuando yo era pequeño y ellos eran muy grandes y muy altos, y el Vasconia perdía por muchos puntos ante los grandes. Llegaron tiempos mejores con títulos y travesías del desierto después, el dinero manda. Y así de repente llega un técnico italiano, Paolo Galbiati, que se empeña en volverse loco cada partido y alimentar la pasión de sus jugadores con la suya. Hace falta ser de hielo para no emocionarse con este entrenador en el que yo veo a todos los que fuimos niños llenos de ilusión que celebrábamos como si fuera la victoria de nuestras vidas aquellos remotos y aislados triunfos. 

cierro

Tu me hablas y yo cierro los ojos, cuando no me hablas también, después los abro y te digo que tengo sueño, no sé si me escuchas enfrascada como estás con el móvil. Tendré q tocar tu mano, pienso. Lo hago.

maligna

La venganza será terrible y lo es en la mente de la protagonista que urde un complicado plan para combatir el que su marido la abandone por otra mujer. Habrá celos, odio, malignidad, todo contado con humor (negro), relato descarnado muchas veces, crítico con la exaltación de la belleza como tal y con la sociedad que arrincona a los desheredados de la fortuna.


Vida y amores de una maligna.Fay Weldon.1983

domingo, 15 de febrero de 2026

halda

Me sumergí en su halda,

y no quise salir, 

ella tomaba mi pelo, 

jugaba con él, 

yo creía dormir, 

y soñar a la vez. 

Y ayer quise huir de ahí, 

del halda, 

y no pude.

sombras

Un guionista que quiere dirigir la película que él mismo ha escrito, es Hollywood, 1940. Alrededor de este personaje y de su lucha para conseguir financiación aparecen algunos de los grandes del cine, Gable, Bogart, etc. Y también el millonario Hearst y su dinero. Entretenida.

Sombras. Edwin Corley. 1975

cencerros

Hay cencerros, chirigotas, comparsas, desfiles, no necesito salir de casa para saber qué sucede en las calles, veo todas esas imágenes sentado y como no me puedo meter dentro de la tele me quedo sentado, no cambio de canal, es pereza o ganas de rabia, y los veo y no soporto a los que acompañan sus letras absurdas moviendo sus dedos y manos, ni a los que hacen ruido o a los que truenan con música que despierta a los muertos y hace oír a los sordos; en Madrid mantean al pelele diciendo que así se va todo lo malo, ilusos, ojalá fuera verdad.

magos

Los veo igual que si fuera un niño, maravillado, extasiado, sabiendo que fui engañado sin saber cómo. Era un mago y su magia justo terminada, cesaron los aplausos, empezaron los comentarios, abandonamos el local, yo sin prisa por fuera pero si por dentro, algo como una comezón, pensé que faltaba oxígeno en mi sangre. Sin nadie con quien comentar el último y sorprendente número me encontré mirando al cielo y preguntándome qué haría el mago con las estrellas. Acabé en una fiesta donde bailaban los abrazos y yo sin ellos. Bebí, tanto que pasaron las horas, volví a bailar, hablé, fuera llovía, adiós estrellas, alguien sacó regalos, gorros de papel, máscaras, no era carnaval, no hubo beso, y al bajar las escaleras y salir a la calle húmeda comprendí la magia, no la de la tarde anterior, sí la de este amanecer.

jueves, 5 de febrero de 2026

estornudo

Cuando él oiga el mensaje que le estabas grabando diciendo que llegarás tarde oirá también mi estornudo, sonoro, potente. No oirá mis silenciosos pasos, ni los tuyos, ni el inexistente tráfico de la mañana de domingo. No sé qué vas a decir cuando él te pregunte por el estornudo.

cid

José Repollés Aguilar era el nombre verdadero del autor, pero a veces firmaba como Joseph Lacier. Nacido en Calanda escribió obras dirigidas al público infantil y juvenil que empezaba a leer. Como esta historia gráfica editada por Bruguera cuyo fin era recreativo y que a mí me pareció un libro muy bonito.  
El Cid campeador. Joseph Lacier. 1972

miércoles, 4 de febrero de 2026

bolsillo

Andaba a oscuras con los brazos adelantados y estirados, tanteando los obstáculos que pudieran aparecer y esperando el trompazo de un momento a otro. Bajó un brazo y ahora tanteó su bolsillo, allí estaban, vasos de cartón apilados con una bola roja de árbol de navidad ocupando el último. Recordó que esa fila la hizo con su padre o su padre con él. Por fin llegó a la ventana de la cocina, afuera los rayos iluminaban la tarde de las cinco o las seis en punto o pasadas, unos segundos después sonaban los truenos, pensó en calzarse y lo hizo, y salió al encuentro de todas las lluvias.

jueves, 29 de enero de 2026

daño

Los libros ocupan un sitio que tiende a llenarse y tengo que decidir cuales permanecen y cuales no. Normalmente lo tengo claro a partir de haber leído un número indeterminado de páginas. En este libro en concreto la llamada a permanecer es constante, ya no en esa página numerada sino en muchas líneas de ellas. Una hija y su madre, y parte de su vida, en frases cortas, pequeñas y grandes, que hablan de incomprensión y vías divergentes.
“Nunca nada anula nuestra infancia”
El corazón del daño. María Negroni. 2021