Extraño, inquietante, interesante libro. Jacinto San José es castigado por preguntar. Alegato de libertad en una construcción diferente, ágil y que mantiene la maestría narrativa del autor.
Parábola del náufrago. Miguel Delibes. 1969
Extraño, inquietante, interesante libro. Jacinto San José es castigado por preguntar. Alegato de libertad en una construcción diferente, ágil y que mantiene la maestría narrativa del autor.
Parábola del náufrago. Miguel Delibes. 1969
Novela diferente, hay personas normales y una distinta, extraña. Narración que engaña, que parece ir por un sitio y sigue otro. Muchas reflexiones sobre la humanidad y el planeta que habita, ahí pierde la novela; eso se compensa con la historia que la sostiene, curiosa e interesante.
El imposible olvido. Antonio Gala. 2001
La forja de un historiador. Angel Viñas. 2024
Ante todo eso, los jóvenes navegan llevados por la corriente, difícil sustraerse a ella, sólo hay que preguntarle al corazón, dejarse llevar por la verdad y buscar un hueco para acomodar el amor.
Gora. Rabindranath Tagore. 1910
No despego, no soy un avión, escucho música, escucho palabras que me suenan a algo que no quiero oír, huele a humo, incendios cercanos, estelas de humo, respiramos cenizas que no vemos, ya pasaron las hogueras de esa noche donde algunos se empeñan en vivir como si al día siguiente el sol dejara de existir. Sin nada especial que hacer me senté en el parque, en un banco, ambos, parque y banco, estaban desolados. Me acordé de Forrest Gump y me eché a llorar, siempre me pasa, pero a mi lado no había nadie a quien contarle una historia, entonces decidí correr, sin alma llevada por diablos, solo mi ser de carne y huesos corriendo sin ton ni son pero corriendo, escuchando solo a mi respiración, saltando de un día a otro, saltando de un mes a otro, saludaba con una mano a quien no me conocía y seguía sin mirar hacia atrás dejando tierras, calles, carreteras, pronto estaré lejos, pensé, rompí vallas que el hombre puso para que no pasáramos, troté por hierbas agostadas, escuché el Canon, lo perseguí hasta encontrarlo, siempre tocaban lo mismo, una y otra vez, allí me paré y escuché y volví a escuchar mientras una sola lágrima me bajaba lentamente, la dejé que terminara su camino, mis ojos sin pestañear viendo a los músicos, envidiando lo que hacen, quise hablarles, no pude, la chica del violín me vio, nos vimos, decidí seguir manteniendo esa mirada, andando marcha atrás, dejé de verla, dejé de escuchar el Canon, ya en ese momento corría de nuevo en busca de otras músicas.
Libro autobiográfico que toma la voz de otra persona para narrar el viaje que llevó al autor a dejar Inglaterra para viajar en barco a Portugal, España, Grecia, Albania, Italia,….“Saciado de placeres…todo fue abandonado para cruzar los mares”. Soledad, pensamientos y todo lo que le suscita la contemplación de aquello que ve. Prosa poética que se me hace pesada.
Las peregrinaciones de Childe Harold. Lord Byron. 1812
Acabó la guerra, es tiempo de producir, de crecimiento económico, de negocios, de inversiones que traigan prosperidad futura. Y por supuesto también de conflictos sociales, de emigrantes en busca de trabajo, de vida dura, de lucha obrera; última entrega de la trilogía USA donde siguen algunos de los personajes originales y donde se añaden nuevas vidas, todos encontrándose por los caminos del mundo.
El gran dinero. John Dos Passos. 1936
Ellas, dos turistas, de cabellos entrelazados, observaban y fotografiaban al tranvía que ascendía lentamente por la imposible cuesta. En paralelo caminaba una señora que parecía haber salido a la calle en bata rosada, con calcetines altos y con unas aparatosas gafas. Seguro que también la fotografiaron, difícil sacarla del plano. Yo estaba detrás de ellas, encuadrando con mis ojos y la cámara, podría haber incluido en mi plano todo el conjunto pero un ruido me llamó la atención, el que hacían las hojas verticales de la palmera que estaba a mi derecha, parecían volverse locas, parecían querer alegrar el día a su manera, cesó el viento y callaron. De repente alguien empezó a cantar cumpleaños feliz, de repente el tranvía alcanzó su destino, de ahí venían los cánticos, los viajeros se apearon, imposible saber quien era el homenajeado, busqué a la señora de la bata, no la volví a ver. Las chicas de las trenzas se esfumaron, mi plano se había quebrado; un mínimo inconveniente que me permitió observar como aparecían dos ancianos que arrastraban sus pies mientras sus cuerpos se sustentaban en dos manos enlazadas, amor pensé, tierno, precioso. No hice ninguna foto ese día.