sábado, 27 de junio de 2026

viajero

Ataviada con la camiseta de Paraguay ella graba al tren entrando en la estación, no comenzó todavía el mundial. Con un libro en la mano ella mira la portada, el título, tras leer un rato. Muchos arrastran catarros o alergias.  
¿Cómo es posible que vaya tanta gente a Ponferrada? 
¿Qué vas a hacer esta noche tú que no vas allá? 
Todo móviles, retraso no explicado, oscuridad, luchas y muertos en la pantalla (de escudos que no la evitan y de espadas que atraviesan). La oscuridad se incrementa con la velocidad, luego acaba. Otro viajero programa, otro lee, desconozco si alguien reza. Yo sueño por segundos, afuera muertos que no nos oyen, casas, campanarios, árboles que ahora están y ahora no, todo desaparece al alejarnos. Muchas pulseras doradas, que no de oro, en la muñeca izquierda. Un campo grande, unas casas, unas ventanas donde habitan vidas mudadas, recomenzadas. Mudamos en cada viaje y cada vez que se abre o cierra la puerta de casa. Al lado habita la luz y lo que se hizo viejo y sigue presente. Son escasos segundos de parada, de entrada y salida, no hay vendedores de bocadillos, ni de fruta, ni paseos por el andén. 
Qué despacio salimos de Burgos, paradas intermitentes, semáforos, la razón nadie la sabe. Como nadie sabe que esos árboles yo ya los he visto en otros viajes, mas pequeños o menos frondosos, también verdes, hasta pude verlos en aquel primer viaje real e impreciso, sin saber lo que era un árbol, desconociendo todo.

madrugada

En la madrugada jugaba España, yo esperaba que me despertaran los goles, no hubo tal, me desperté solo, me dormí, me volví a despertar, pensando que quizás hubieran empatado a cero o que nadie hubiera gritado gol a las tres de la mañana, así hasta que decidí levantarme y ver en diferido el partido a golpe de dar saltitos en la grabación, saltarme la publicidad en las mal llamadas pausas de hidratación y constatar lo ya sabido, que el tiempo de juego real es poco. No canté el gol por respeto a los que aún pudieran dormir, no me llevaron los demonios con el mal colegiado, y fui despertando con los golpes de patriotismo del comentarista, qué difícil es a veces aplicar la sensatez al arte de la retransmisión deportiva.

martes, 23 de junio de 2026

escalera

Los días se suceden sin mas. Algunas veces pienso en aquel rumor del agua y en el verdor de los campos y en cómo atravesé las aguas por un puente casi sin mirar al agua de la derecha o a la de la izquierda, sin calibrar la inmensidad, o en cómo aquel otro día una solitaria nube, de verdad solo una, oscura, no negra, dejó caer miles de gotas, deberíamos haberlas contado, nunca hubiera podido hacerlo solo, algunas puede que se evaporaran antes de llegar y tocar suelo mostrando la fragilidad de todo. 

En la tienda estaba la señora contando sus miserias al panadero que no podía darme mi barra de pan, ella necesita una amiga o un psicólogo y yo el pan. Como el niño espera el balón y a que su padre deje el móvil en el bolsillo. 

Al ver esas cosas me gustaría subir una escalera infinita, cerrada, sin vértigos, sin ventanas ni imaginación que desvele la altura alcanzada o me gustaría conducir por una carretera sin fin, me da igual que tenga o no arcenes. 

Eso casi lo olvido al ver esos ojos azules y claros que casi dan miedo o la marquesina del autobús que protege un rostro que se mueve.

Y ya sentado sigo preguntándome que mira él en la foto, no había móviles, apuesto a que miraba cómo se consumía el cigarro.

Y mas sentado aún veo una película, un niño pelirrojo y toda la tristeza del mundo, que tengas buena vida chaval. No quiero que salga una lágrima o dos, no las dejo,retenidas, las razones pueden ser muchas, es de noche y quiero dormir.

jueves, 18 de junio de 2026

incongruencia

Al entrenador de Japón le tiemblan los labios porque suena el himno de su país, y sus ojos están vidriosos y su voz sale quebrada aunque no la oímos. Luego, ya con la pelota en juego, toma notas, por tanto deja de mirar a sus jugadores, deja de ver el pequeño detalle por unos segundos o mas, y no es puntual, quizás esté escribiendo una novela o un relato o el guión del partido que le gustaría jugar, ese donde sus jugadores corren eternamente, marcan goles y ganan.

pessoa

Monumental y ambiciosa obra la de trasladar la vida de Pessoa a las páginas, muchas, las de un volumen que leo en el Kindle y es que el tamaño de letra del original no era el apropiado para mi vista cansada. Disfrute para mis ojos y para el alma el conocer un poco mas al poeta portugués, aquel cuyas últimas palabras escritas fueron: no sé lo que mañana traerá.

Pessoa, an experimental life. Richard Zenith. 2021

martes, 16 de junio de 2026

juego

Algunos aficionados aparecen disfrazados en las gradas, no es suficiente la camiseta o la bufanda, mas parece un carnaval (no sé si el fútbol realmente les interesa, tanto como al niño que duerme en brazos de su madre japonesa).

Todos los jugadores disponibles están en el centro del campo escuchando el himno, antes los suplentes también lo oían pero en el banquillo, un cambio anecdótico que altera la línea horizontal de los protagonistas para convertirla en línea curva. 

Hay fútbol modesto y selecciones modestas compuestas de jugadores de ese fútbol que a veces compiten con las grandes, con desigualdades en fichas y salarios que asustan y hasta avergüenzan. Y a veces salta la sorpresa y los grandes hablan de que la pelota no quiso entrar, que son once contra once, que no hay enemigo pequeño….las sandeces de siempre…olvidamos que el fútbol es un juego que algunos dirigentes pervirtieron para hacer de él un negocio del que solo viven los grandes.

 

miércoles, 10 de junio de 2026

relinchar

No sé si tú oyes al caballo relinchar, ni te lo preguntaré. Yo lo oigo y lo imagino mientras a mi lado tú gustas de gastar el tiempo trucando fotos, borrando personas o cosas que no te gustan. El tren fue parando progresivamente y el ruido de los caballos se multiplicó, pensé estar soñando cuando vi a esas decenas de animales corriendo salvajemente, yendo y viniendo, parece que quisieran decirnos algo, interpelarnos como grupo o manada. Toqué el tren para cerciorarme que no era de madera, que no estaba en un tren antiguo de vapor atravesando el oeste americano y donde esos cimarrones o mustangs eran libres de verdad. Tú no los viste, nadie mas los vio, obcecados como estabais en vuestro pequeño y ridículo mundo.

domingo, 7 de junio de 2026

corriente

Subió la escaleras de la estación de metro y recordó lo que había olvidado. Algo ya le había sorprendido dentro, la gente no era la de todos los días, las personas que van a trabajar, cada una con su movil, ensimismadas, dormidas, roncando. Hoy eran grupos de jovenes, algunos muy niños también, uniformados o ataviados, sonriendo. No quería mirar pero miraba, él que no llevaba móvil. Ya fuera tomó el sentido opuesto a todos los demás que en oleadas se dirigían a ver al Papa, muy de lejos lo verán, pensó. Se vio a sí mismo como un bicho raro que buscaba el remanso de paz imposible, hasta llegó a envidiar esa fe, tamaña convicción, y hasta por un momento pensó que por qué no acercarse, haría algo diferente, eso fue antes de volver a sentir su vacío, el de siempre, y así, como siempre, lo respiró y siguió su camino contra corriente.

oscuridad

La oscuridad es importante, habla el niño, se lo dice a su madre, lo repite, y añade, ¿sabes por qué?  Y me perdí la respuesta porque caminábamos en sentidos opuestos y no quise pararme y seguirlos e intentar escuchar su respuesta o abordarles directamente y preguntar por qué la oscuridad es importante, dímelo tú que te queda toda la vida por vivir, que sabes algo que yo no aprendí.

Y ahora me lo sigo preguntando cada día, qué motivos podría tener ese niño para hablar así, y es que a mí no se me ocurre ninguno. 

arriba

Descubrió algo nuevo, perseveró y levantó su cuerpo, agarrado a todo, tomando impulso para estar allá arriba, una fuerza en los brazos y otra fuerza en las piernas, su pequeña altura ya llega a objetos inimaginables ayer. Ya ve por encima de algunas mesas, ya mira hacia abajo y sigue mirando hacia arriba.

presencia

Libro que no conservaré, narración de un autor mexicano que se pierde en frases que se complican solas, llenas de excesivas explicaciones de sentimientos, lugares y situaciones. Demasiados razonamientos que ocultan la historia real, la de un hombre y una mujer que se sienten atraídos tras un encuentro azaroso.

La presencia lejana. Juan García Ponce. 1968

miércoles, 3 de junio de 2026

verdes

Todo empezó con unas uñas verdes, las que yo veía al final de unos dedos que sostenían un aparato de esos que no entiendo. Llegué a los 85 ayer, desde hace tiempo me ceden el sitio en metros y autobuses, no hizo falta hoy a pesar de que el vagón estaba casi lleno, vi un hueco, ella se encogió un poco para sentarme enfrente. Miraba con atención su teléfono, nada se oía, quizás llevara unos cascos que podrían estar tapados por su pelo, o fuera mi sordera, no quiero llamarle perdida auditiva. Un rostro agradable, ancho, ojos achinados, una casi media sonrisa que no desaparecía. Recuerdo que antes de entrar en el túnel que atraviesa Madrid había charcos de esos que sirven para pisarlos o para ver el cielo. Y también una tapia que se me antojó explanada antes de ver que crecían hierbas en ella, de otro color, no como el verde de las uñas, ese era imposible, inexistente en la naturaleza de hojas y briznas. Y olvidé todo lo demás. Sería porque tenía sueño y acabé cediendo y me despertaron al final del trayecto, quizás pensaran que simplemente había fallecido de viejecito. Abandoné el vagón sin responder a las preguntas de quien me había despertado, yo hosco y huraño, así me pasa en los despertares bruscos, vi la sangre en el suelo, muy cerca de mi asiento, la esquivé torpemente, al igual que al pañuelo mas rojo que blanco, empapado de sangre roja, muy roja, y lamenté haberme perdido todo eso que pasó cuando se fue la luz.

lunes, 1 de junio de 2026

diminutivo

Cuando era muy pequeño y tenía mucho sueño mi padre me decía en sus brazos: ¿quieres ir al tren o a la ica? A pesar de lo mucho que pudiera gustarme el tren yo siempre elegía la ica (extracto de un diminutivo, cunica). Y la ica estaba en mi casita. Palabra muy oída estos días gracias a los conciertos de Bad Bunny, parece mas noticia quién habita esa casa pequeña, quién aparece bailando, que el concierto en sí. Será el signo de los tiempos, será que no los entiendo pero yo nunca iré a esa casita, no sé si por viejo o por feo, y siempre querré volver a la mía (un imposible).

domingo, 31 de mayo de 2026

pulgares

Mis pulgares no pueden imitar a otros pulgares de otras personas, ni falta que hace. Son ya un poco mayores, a veces no aciertan, a veces tiemblan. No teclean letras minúsculas a velocidad superlativa. Se quedan suspendidos en el aire mientras el dedo índice persigue las letras que bailan.

hijos

Un matrimonio inglés en el que se acabó la felicidad a los seis meses de la boda, el marido es minero, bebe, la familia, ya con hijos, se resiente, ella, la señora Morel, no abandona, se vuelca en los tres niños y una niña. Sobre ella y sobre uno de sus hijos gravita la narración. El amor de la madre y de Paul, y las aventuras del hijo para encontrar su lugar en la vida, con sus relaciones amorosas, conforman las páginas que a veces parecen repetirse y otras reclaman la atención del lector. 

Hijos y amantes. D.H. Lawrence. 1913