El mostrador de la abacería tenía un color autumnal, y tras él Luis, el dependiente, mostraba un guardapolvo de color verde que le llegaba casi al suelo, podía ser casi escoba, no sé como no se lo pisaba. Le pedí seis sardinas en salazón de la caja redonda, tímidamente, a la par que no podía imaginar cuanto tiempo llevaban muertas y saladas. Dejó el mostrador para pasar junto a mi y ya en el lado de los clientes y siempre con una sonrisa que yo veía de perfil seleccionó las más grandes; de nuevo de frente dijo algo que no entendí, siguió sonriendo, yo correspondí a su sonrisa con la mía, para agachar la cara al instante y casi temblar al contar las monedas y al dejarlas en su mano que se ofrecía como un volcán que tragaría la mía; rauda quise abrir la puerta para que no viera mas mi cara avergonzada que yo creía que explotaría cualquier día de estos delante de él porque hoy eran sardinas, mañana serían lentejas, pasado alubias, y yo no sabía donde esconder mi corazón cuando mi madre me encargaba estos recados.
viernes, 1 de mayo de 2026
jefes
Colección de relatos breves que presentan una protesta estudiantil, una pelea en la noche sin luna, un equívoco trágico, una apuesta juvenil, a un visitante inquietante y a un abuelo. Hay tensión y desasosiego en todos ellos. El que da título al volumen fue la primera publicación del autor en 1957.
Los jefes. Mario Vargas Llosa. 1959
jueves, 30 de abril de 2026
matemático
Ella estaba bien, yo estaba bien, despiertos, sin soñar.
—si tú supieras —dice
—el qué
—eso es matemático —dice
—no te entiendo
—abre la persiana —dice
Lo hago y vuelvo a su lado, cierro los ojos cegado de luz.
—lo ves, es matemático que cierres los ojos con esta luz—dice
—ya —no abro los ojos y la busco con las manos.
—si tú supieras lo que esconde mi corazón —dice
—indomable —añade, y toma mi mano para posarla allá donde late.
—qué tengo que saber —mi susurro.
Y yo ciego en busca de su cuerpo, escueto, pleno, que nada oculta esta mañana.
santo
Que mis palabras se van, que siempre me abandonan, no así mis manos que buscan nada y rebuscan todo encontrando una foto de Giovanna Ralli, actriz italiana que así a primera vista me parece Sophia Loren, pero en la parte de atrás viene su nombre y un texto de letra infantil que dice así: esta mañana temprano un ángel me despertó, recordándome tu santo por si no me acordaba yo, y yo le dije, vete tranquilo que el santo de Juan nunca lo olvido yo. Y ahora mis palabras vuelven para irse de nuevo porque sé quien escribió esas letras y con qué amor lo hizo.
lunes, 27 de abril de 2026
velatorio
volveré
La vuelta al barrio desde la cárcel, es la Barcelona de los años 60. El protagonista fue miembro de la resistencia anti franquista. Allí se encontrará con el pasado en todas sus vertientes, con los que esperan tanto de él y con los que solo guardan su nombre en la memoria. Gran novela resuelta magistralmente.
Un día volveré. Juan Marsé. 1982
sábado, 25 de abril de 2026
luna
Casi voceo..
—¡no entiendo a la luna, por qué este brillo esta noche¡
Ni ella, a mi lado, a mí….
—dime qué tenéis que entender, —dice
—ayúdame…—digo.
—has bebido demasiado —contesta.
—puede ser, —susurro…(mi lengua de trapo intenta hablar de nuevo…pero callo, no sé cómo seguir)
Miro hacia arriba, desapareció la luna,
—déjame sentarme un rato, necesito aire fresco.
Lo aspiro a bocanadas reclinado en el asiento, la cabeza echada hacia atrás, nada de estrellas, nada de lunas, nada de nada.
—¿Dónde estás? —pregunto
Y su respuesta que no llega, que se hace esperar, que no la veo, que se ha ido.
presidente
Novela acabada en 1932, estuvo prohibida su publicación en Guatemala durante 14 años, retrata el despotismo dictatorial del presidente Manuel Estrada Cabrera en los primeros años del siglo XX. Relato de múltiples personajes, de lenguaje a veces complejo y de palabras desconocidas que dan forma a un torbellino de situaciones llenas de mentiras, de recelos y de opresión.
El señor presidente. Miguel Ángel Asturias. 1946
viernes, 24 de abril de 2026
aguadas
Cuando el tren de las aguadas se detuvo en Tobarra nosotros nos bajamos, yo conté los escalones del tren de madera y los evité saltando al andén contenta. Esperaba la reprimenda de él y llegó y la olvidé para casi gritar: ¡vamos a ver como carga agua!, dos veces, tres, por favor. Él protestó, mamá también, él me llamó desobediente pero allá que fuimos, a la vía muerta para ver como la locomotora bebía su agua de aquella grúa que expulsaba un gran chorro. Yo imaginando y papá explicándome que sin esa agua el tren no podría llegar al mar.
corner
jueves, 23 de abril de 2026
arbolitos
Me preguntaste que cuanto tardarían los arbolitos en crecer y te contesté que infinito y tú decías que querías traer un metro y medirlo, uno de ellos, y luego volver a hacerlo, que ese sería nuestro árbol y que lo veríamos crecer y luego lo verían nuestros hijos y así sucesivamente, y que nos daría sombra y que un día estaríamos sentados debajo mientras el mundo seguía girando y que entonces recordaríamos las palabras que yo estaba escuchando.
principios
O lo que sucede cuando la tentación de hacer algo mal llega, cuando lo que se ha hecho siempre no es válido, cuando se quiere mas y para eso hay que vender tus principios. Ambientada en Estados Unidos, costa este, año 1960, muy interesante novela.
The winter of our discontent. John Steinbeck. 1961
martes, 21 de abril de 2026
retazos
“No llegamos, optimista…¿cómo estás?”, una sonrisa, son hilos, diferentes retazos de diálogos que se mezclan mientras avanzo despacio, mas despacio, con sol, que dicen que hará calor más tarde. Mas despacio que el segundero que se detiene lo suficiente en lo alto para que se mueva el minutero (se rompió o se paró el tiempo). Todo vibra sin terremoto, ahí llega, luz en el túnel, son blancas sus zapatillas, pequeñas, azules sus pantalones y veo las sillas que sin río o mar donde pescar miran a todo tren que pasa, nunca vi a nadie sentado. Botas altas de grandes hebillas y mayores suelas, elevándose para ver mejor y para andar peor, así somos, haciendo cosas incoherentes, como guardar colas para todo. En el museo de historia de Madrid nunca las hay, veo la obra de un artista que fotografía y luego pinta, un señor sin gafas y con guantes azules que expone también sus pinceles y los lápices gastados. En madera policromada un vestido se llena de flores y el pelo se desborda en trenzas no trabajadas que caen sobre un rostro de mirada limpia, ella sin mas. También hay fotos de Madrid y el agua donde una par de niños en blanco y negro parecen gritar de alegría no como el grito que llega en la calle asustando a palomas y transeúntes, que no a Daoiz y Velarde. Veo miradas perdidas y de las otras, sobra ropa, era verdad lo del calor, miles de turistas, las servilletas no limpian, son blancas y como las de hace mil años y se muestran en abanico en vaso. Compro libros y palo cortado y noto el peso del día que cae sobre mí y sobre los adoquines de las calles, también caen las voces y los silencios, hora de partir.
jueves, 16 de abril de 2026
confesión
Ambientada en París y Lisboa a finales del XIX, la novela presenta a un escritor que escribe una confesión en la que habitan un poeta y su enigmática pareja. Habrá más personajes en esta historia de amistad, amor y misterio.
A Confissão de Lucio. Mario de Sa-Carneiro. 1914
martes, 14 de abril de 2026
instantes
(Hoy voy a consumir instantes y cuando termine no sé si estaré ahíto o tendré hambre de mas)
Un poco de retraso en las vías, unos minutos inmensos, largos, cortos. Frases, “qué pereza, a mí me gusta la voz”, imagínense todas las que caben en un vagón que se mueve por railes. Se remiendan las tapas del cementerio civil donde también hay cruces e invocaciones a Dios (últimas esperanzas) así como frases que sentencian que todo acabó. Busco la tumba de Pío Baroja, sencilla, 1872-1956, dos fechas mas una flor, una piedra y una vela apagada. Hace frío y encuentro otras tumbas sin querer en un lugar pequeño y recogido bajo las sombras y la luz, solo unos pajarillos alteran el silencio eterno. Enfrente una tapia sin fin, la del cementerio de la Almudena. De vuelta a la vida veo a jovenes con maletas en víspera de vacaciones mientras me sostengo en la intersección de vagones sin caerme y pienso en proyectos de vida, todos, y en proyectos de hoy. Hay palabras de Juan de Mairena en la pared, huellas pasadas de alguien que vivió otra vida, quizás, quizás, quizás. En una exposición una persona me dice que ya ha visto todo esto y lanza la pregunta: ¿dónde está la pintura crítica con el régimen y la guerra? No respondo, yo veo cuadros bonitos y esculturas bellas. Estamos en distintas frecuencias. Muchas aulas recibiendo hoy las enseñanzas al aire libre, escuchando o hablando o cruzando semáforos de la mano, “yo lo veo en rojo, ahora puedes pasar”. Mas frases, “la grasa no engorda, engordas tú”. Yo lo hago con un kebab o kebap. Una iglesia conocida, sencilla, aquí me sentaba entonces. Los infames se fueron y sigo andando resistiendo la tentación, me canso y alguien dice “corriendo, corriendo”, pero yo no puedo dejar este instante así de repente.