(Hoy voy a consumir instantes y cuando termine no sé si estaré ahíto o tendré hambre de mas)
Un poco de retraso en las vías, unos minutos inmensos, largos, cortos. Frases, “qué pereza, a mí me gusta la voz”, imagínense todas las que caben en un vagón que se mueve por railes. Se remiendan las tapas del cementerio civil donde también hay cruces e invocaciones a Dios (últimas esperanzas) así como frases que sentencian que todo acabó. Busco la tumba de Pío Baroja, sencilla, 1872-1956, dos fechas mas una flor, una piedra y una vela apagada. Hace frío y encuentro otras tumbas sin querer en un lugar pequeño y recogido bajo las sombras y la luz, solo unos pajarillos alteran el silencio eterno. Enfrente una tapia sin fin, la del cementerio de la Almudena. De vuelta a la vida veo a jovenes con maletas en víspera de vacaciones mientras me sostengo en la intersección de vagones sin caerme y pienso en proyectos de vida, todos, y en proyectos de hoy. Hay palabras de Juan de Mairena en la pared, huellas pasadas de alguien que vivió otra vida, quizás, quizás, quizás. En una exposición una persona me dice que ya ha visto todo esto y lanza la pregunta: ¿dónde está la pintura crítica con el régimen y la guerra? No respondo, yo veo cuadros bonitos y esculturas bellas. Estamos en distintas frecuencias. Muchas aulas recibiendo hoy las enseñanzas al aire libre, escuchando o hablando o cruzando semáforos de la mano, “yo lo veo en rojo, ahora puedes pasar”. Mas frases, “la grasa no engorda, engordas tú”. Yo lo hago con un kebab o kebap. Una iglesia conocida, sencilla, aquí me sentaba entonces. Los infames se fueron y sigo andando resistiendo la tentación, me canso y alguien dice “corriendo, corriendo”, pero yo no puedo dejar este instante así de repente.