domingo, 17 de mayo de 2026

varados

Era cierto que había osos varados en la basura, un papá oso y su osito o quizás fuera mamá oso y su osita, el color gris, la tripa blanca, todavía amorosos y dignos de ser abrazados por quien ya se hizo mayor y no los quiere, cogen polvo es una frase adecuada, una excusa. Quien los dejó bajó veinticuatro horas después, esta vez sin osos, esta vez con una bolsa amarilla que transparentaba el contenido, algo como desperdicios de la comida, lo que no se come por lo que sea. Será insensibilidad o será un rasgo de adultez pero no se acordó de los que tanto abrazó. Todavía no sabía que los desnudos osos se le aparecerían en sueños envueltos en vientos azules y de tristeza, es lo que tienen los sueños, que todo es posible, hasta que le envolviera, antes de despertar, el peso de la soledad entre caras y gestos de antaño, casi olvidados, algunos con rasgos animales mas bien.

convicción

Un brigadista belga en la guerra civil. Sin convicción y enamorado decide desertar. La brutalidad de la guerra y la estupidez que conlleva se reflejan en estas páginas que se leen con emoción.

La fiesta española. Henri Francois Rey. 1958

viernes, 15 de mayo de 2026

pasos

Duerme escondido en su gran cama, hay unos precisos 23,3 grados en la habitación acompañados de un 55% de humedad. Ajeno él a todo dato descansa, la cámara captará su despertar y amplificará su reclamo, esperará un rostro conocido que le sonría y le proteja entre sus brazos, los mismos que le desplazarán bailando, y yo río y casi lloro en esos pasos musicales de manos anudadas.

puño

Hablaba sin móvil, con el puño cerrado en la oreja, haciendo preguntas a las que parecía tener respuestas, seguía todo un patrón de ida y vuelta en la comunicación, al final besos y abrazos. Guardó el puño en un bolsillo imaginario. Le pregunté si se encontraba bien, estaba sentada en un banco de madera y yo a su lado dejando el consabido espacio entre los dos, yo había llegado antes. Tardó un poco en responder después de mirarme fijamente un par de segundos, hasta una sonrisa se le dibujó antes de decir: váyase usted a la mierda, ¿lo hará? Y su risa se hizo carcajada.  

fuente

Novela finalista del Planeta, cruda y llena de desasosiego. Ambientada en dos escenarios, Perú y Rumanía, destinos de ida y vuelta para los personajes principales del relato. Muy interesante.

La fuente de la vida. Lourdes Ortiz. 1995

jueves, 7 de mayo de 2026

pitusa

Y me dice que esta historia me la ha contado muchas veces, y le contesto que no la tengo en mi libreta, y me replica que me la contará de nuevo…
Que se llamaba pitusa, era mi gata, y me la regaló mi padre cuando mamá murió.

Yo la quería mucho, subraya eso, y jugaba con ella, jugábamos, también mis amigas, desde el balcón la bajábamos en una cesta hasta la calle, y la subíamos, no se cayó nunca.

Pitusa arañaba las cortinas, por eso la madrastra se enfadó y no quiso que viviera mas en nuestra casa, la pobre pitusa que era negra como el carbón y tenía unos ojos preciosos.

Un día mi padre se la llevó en un saco y la soltó en unos campos que había cerca del sanatorio. Lloré, incluso fui a buscarla pero no la encontré. 

Se llamaba como la gaseosa que años mas tarde descubrí en una tienda al lado de donde vivía la abuela.

La veo todavía en imagenes que yo tengo dentro de mi cabeza.  

Nadie la recuerda ya excepto yo.

torre

Hago una torre con piezas de madera y él la tira. Hago una segunda, la tira, hago 1000 torres, podría estar así todo el día, él las tiraría todas. Otro día intentaré hacer la torre mas alta del mundo, juntos, y ese día ya no querrá tirarla.

martes, 5 de mayo de 2026

saber

Se puede saber que no existe un planeta B, que las lagrimas jovenes no tienen fácil consuelo aunque sea tu madre quien te hable, que existen personas torpes para las que aparcar puede ser tarea imposible, se puede ver a alguien andando con un movil en cada mano y a una joven llevando un pantalón a modo de tablero de ajedrez, se puede no saber como va a acabar el libro aunque queden escasas páginas. Hasta se puede no saber cómo acabará la vida real, desconociendo los tiempos que la marcan. Desconozco todo, ignorante, libre de certezas, solo lo que se filtra por entre las nubes me dice que hay un sol cierto y verdadero mientras me muevo con el traqueteo. Se puede cantar bien en un pasillo con vistas al andén, micrófono en mano, nadie se para, puede que algunos escuchen, yo lo hago. De vagón en vagón se puede no vender ningún caramelo a cincuenta céntimos ni un paquete de pañuelos personales. Desorientado busco en el mapa mi destino, la fundación Juan March, allá donde toca Deliciæ Ensemble, muy aplaudidos, interpretan música antigua de iglesias y catedrales, de voces e instrumentos, muy agradable, hablan de Dios y de ángeles. A mi lado la señora en silla de ruedas, elegante, aplaude también. Una de las obras de Monteverdi lleva por nombre “Y resucitó”. Cuatro siglos separan ese mensaje de uno idéntico que se ve en la entrada del colegio Marianistas. ¿De verdad que lo creen? En Jurucha la empanadilla es magnífica, la tortilla no. Calienta esa certeza de sol en las transitadas calles, ya en el tren no se puede saber si ellos y yo volvemos o vamos.

lunes, 4 de mayo de 2026

alma

Años 20, un emigrante magiar pone rumbo a Estados Unidos, allí evocará y recordará con nostalgia su adolescencia y juventud en Hungría y relatará las vicisitudes de su vida americana, todo con el objetivo de “salvar del olvido los restos de mi alma magyar”. Trabajo, decepciones, casualidades, tristeza, azar, amor, todo cabe en esta agradable y emocionante novela.


El alma se apaga. Lajos Zilahy. 1932

paréntesis

— Si me hablas con paréntesis no te entiendo, salgo que me digas abro y cierro. Anda, sentémonos en ese banco.
— oye, ¿viste alguna vez mas de un sol en el cielo? Y no te he puesto ningún paréntesis, yo los vi anoche en sueños, nunca vi nada como eso, todo era brillante, algo que nunca había vivido antes.
— no lo viviste, tú lo has dicho, era solo un sueño….
— no lo puedo olvidar….abro paréntesis….era tan bonito…cierro paréntesis.

viernes, 1 de mayo de 2026

abacería

El mostrador de la abacería tenía un color autumnal, y tras él Luis, el dependiente, mostraba un guardapolvo de color verde que le llegaba casi al suelo, podía ser casi escoba, no sé como no se lo pisaba. Le pedí seis sardinas en salazón de la caja redonda, tímidamente, a la par que no podía imaginar cuanto tiempo llevaban muertas y saladas. Dejó el mostrador para pasar junto a mi y ya en el lado de los clientes y siempre con una sonrisa que yo veía de perfil seleccionó las más grandes; de nuevo de frente dijo algo que no entendí, siguió sonriendo, yo correspondí a su sonrisa con la mía, para agachar la cara al instante y casi temblar al contar las monedas y al dejarlas en su mano que se ofrecía como un volcán que tragaría la mía; rauda quise abrir la puerta para que no viera mas mi cara avergonzada que yo creía que explotaría cualquier día de estos delante de él porque hoy eran sardinas, mañana serían lentejas, pasado alubias, y yo no sabía donde esconder mi corazón cuando mi madre me encargaba estos recados.

jefes

Colección de relatos breves que presentan una protesta estudiantil, una pelea en la noche sin luna, un equívoco trágico, una apuesta juvenil, a un visitante inquietante y a un abuelo. Hay tensión y desasosiego en todos ellos. El que da título al volumen fue la primera publicación del autor en 1957.


Los jefes. Mario Vargas Llosa. 1959

jueves, 30 de abril de 2026

matemático

Ella estaba bien, yo estaba bien, despiertos, sin soñar.

—si tú supieras —dice

—el qué

—eso es matemático —dice

—no te entiendo

—abre la persiana —dice

Lo hago y vuelvo a su lado, cierro los ojos cegado de luz.

—lo ves, es matemático que cierres los ojos con esta luz—dice

—ya —no abro los ojos y la busco con las manos.

—si tú supieras lo que esconde mi corazón —dice

—indomable —añade, y toma mi mano para posarla allá donde late.

—qué tengo que saber —mi susurro.

Y yo ciego en busca de su cuerpo, escueto, pleno, que nada oculta esta mañana.

santo

Que mis palabras se van, que siempre me abandonan, no así mis manos que buscan nada y rebuscan todo encontrando una foto de Giovanna Ralli, actriz italiana que así a primera vista me parece Sophia Loren, pero en la parte de atrás viene su nombre y un texto de letra infantil que dice así: esta mañana temprano un ángel me despertó, recordándome tu santo por si no me acordaba yo, y yo le dije, vete tranquilo que el santo de Juan nunca lo olvido yo. Y ahora mis palabras vuelven para irse de nuevo porque sé quien escribió esas letras y con qué amor lo hizo.

lunes, 27 de abril de 2026

velatorio

No me dejan pasar, pero oigo las risas lejanas que llegan de ese tabique que nos separa de la casa de al lado, no entiendo sus palabras pero alguien parece morirse de risa. No puedo verlo pero imagino que están todos en la sala, ni grande, ni pequeña, como la nuestra, que la han ordenado, quitado de aquí y puesto allá para poner al abuelo sobre la mesa, vestido de negro sobre una colcha beige, de traje sin corbata sobre la camisa blanca y cerrada hasta el último botón, alto y grande hasta después de muerto, no escucha ni escuchará, a mí me escuchaba cuando lo encontraba en el descansillo esperando al ascensor y subíamos juntos al tercero y sonreía antes de abrir su puerta y yo llamar al timbre de la mía; alguien encendió velas, luego la luz eléctrica, luego las visitas, luego un poco de comida, alguna botella de vino, cognac para la madrugada, vivan los vivos, era un buen hombre, son lágrimas sinceras, alguien empieza, alguien sigue, cuentan anécdotas, gracias, chistes de muertos, y se confunden las lágrimas:


—Pensar que las ultimas palabras me las dijo a mí y la viuda pregunta: ¿Cuáles fueron? El señor le dice: No muevas la escalera.


Celebrando una vida, yo que quiero dormir y sigo oyendo las risas. La madrugada atempera todo. Mis padres me despertaron cuando yo dormía, hay que ir al colegio dijo ella.