domingo, 7 de junio de 2026

corriente

Subió la escaleras de la estación de metro y recordó lo que había olvidado. Algo ya le había sorprendido dentro, la gente no era la de todos los días, las personas que van a trabajar, cada una con su movil, ensimismadas, dormidas, roncando. Hoy eran grupos de jovenes, algunos muy niños también, uniformados o ataviados, sonriendo. No quería mirar pero miraba, él que no llevaba móvil. Ya fuera tomó el sentido opuesto a todos los demás que en oleadas se dirigían a ver al Papa, muy de lejos lo verán, pensó. Se vio a sí mismo como un bicho raro que buscaba el remanso de paz imposible, hasta llegó a envidiar esa fe, tamaña convicción, y hasta por un momento pensó que por qué no acercarse, haría algo diferente, eso fue antes de volver a sentir su vacío, el de siempre, y así, como siempre, lo respiró y siguió su camino contra corriente.

oscuridad

La oscuridad es importante, habla el niño, se lo dice a su madre, lo repite, y añade, ¿sabes por qué?  Y me perdí la respuesta porque caminábamos en sentidos opuestos y no quise pararme y seguirlos e intentar escuchar su respuesta o abordarles directamente y preguntar por qué la oscuridad es importante, dímelo tú que te queda toda la vida por vivir, que sabes algo que yo no aprendí.

Y ahora me lo sigo preguntando cada día, qué motivos podría tener ese niño para hablar así, y es que a mí no se me ocurre ninguno. 

arriba

Descubrió algo nuevo, perseveró y levantó su cuerpo, agarrado a todo, tomando impulso para estar allá arriba, una fuerza en los brazos y otra fuerza en las piernas, su pequeña altura ya llega a objetos inimaginables ayer. Ya ve por encima de algunas mesas, ya mira hacia abajo y sigue mirando hacia arriba.

presencia

Libro que no conservaré, narración de un autor mexicano que se pierde en frases que se complican solas, llenas de excesivas explicaciones de sentimientos, lugares y situaciones. Demasiados razonamientos que ocultan la historia real, la de un hombre y una mujer que se sienten atraídos tras un encuentro azaroso.

La presencia lejana. Juan García Ponce. 1968

miércoles, 3 de junio de 2026

verdes

Todo empezó con unas uñas verdes, las que yo veía al final de unos dedos que sostenían un aparato de esos que no entiendo. Llegué a los 85 ayer, desde hace tiempo me ceden el sitio en metros y autobuses, no hizo falta hoy a pesar de que el vagón estaba casi lleno, vi un hueco, ella se encogió un poco para sentarme enfrente. Miraba con atención su teléfono, nada se oía, quizás llevara unos cascos que podrían estar tapados por su pelo, o fuera mi sordera, no quiero llamarle perdida auditiva. Un rostro agradable, ancho, ojos achinados, una casi media sonrisa que no desaparecía. Recuerdo que antes de entrar en el túnel que atraviesa Madrid había charcos de esos que sirven para pisarlos o para ver el cielo. Y también una tapia que se me antojó explanada antes de ver que crecían hierbas en ella, de otro color, no como el verde de las uñas, ese era imposible, inexistente en la naturaleza de hojas y briznas. Y olvidé todo lo demás. Sería porque tenía sueño y acabé cediendo y me despertaron al final del trayecto, quizás pensaran que simplemente había fallecido de viejecito. Abandoné el vagón sin responder a las preguntas de quien me había despertado, yo hosco y huraño, así me pasa en los despertares bruscos, vi la sangre en el suelo, muy cerca de mi asiento, la esquivé torpemente, al igual que al pañuelo mas rojo que blanco, empapado de sangre roja, muy roja, y lamenté haberme perdido todo eso que pasó cuando se fue la luz.

lunes, 1 de junio de 2026

diminutivo

Cuando era muy pequeño y tenía mucho sueño mi padre me decía en sus brazos: ¿quieres ir al tren o a la ica? A pesar de lo mucho que pudiera gustarme el tren yo siempre elegía la ica (extracto de un diminutivo, cunica). Y la ica estaba en mi casita. Palabra muy oída estos días gracias a los conciertos de Bad Bunny, parece mas noticia quién habita esa casa pequeña, quién aparece bailando, que el concierto en sí. Será el signo de los tiempos, será que no los entiendo pero yo nunca iré a esa casita, no sé si por viejo o por feo, y siempre querré volver a la mía (un imposible).

domingo, 31 de mayo de 2026

pulgares

Mis pulgares no pueden imitar a otros pulgares de otras personas, ni falta que hace. Son ya un poco mayores, a veces no aciertan, a veces tiemblan. No teclean letras minúsculas a velocidad superlativa. Se quedan suspendidos en el aire mientras el dedo índice persigue las letras que bailan.

hijos

Un matrimonio inglés en el que se acabó la felicidad a los seis meses de la boda, el marido es minero, bebe, la familia, ya con hijos, se resiente, ella, la señora Morel, no abandona, se vuelca en los tres niños y una niña. Sobre ella y sobre uno de sus hijos gravita la narración. El amor de la madre y de Paul, y las aventuras del hijo para encontrar su lugar en la vida, con sus relaciones amorosas, conforman las páginas que a veces parecen repetirse y otras reclaman la atención del lector. 

Hijos y amantes. D.H. Lawrence. 1913

jueves, 28 de mayo de 2026

cima

Todo es rojo menos lo negro de tus ojos, tu traje, tus botas, todo, el borde de tus gafas, pero ahora escondidos tras los cristales no los veo. Y después de una ascensión imposible con continuas posibles caídas que no fueron llegamos a una cima donde yo siento mi estómago como si una garra estuviera viniendo del fondo de un lugar que desconozco para agarrarme sin compasión.
Respiro un poco de todo y un poco de nada. Te pregunto si te gustaría bailar y me agarras. Yo quiero bailar sentado y pegado a ti pero sé que podría no levantarme después. Tu abrazo llega sin música, la imagino. Podría gritar ayuda y solo me escucharías tú. Hay que bajar, digo. El dolor, repito, no quiero ver como sale la sangre de mi cuerpo. Me veo reflejado en el espejo de tus gafas y hasta me besas y hasta bajamos con pasos cortos, indecisos los míos.

imitador

Imitador, de sonidos y gestos, de todo lo que ve y oye. Con la mano minúscula quiere ponerse algo por sombrero, con la otra simulará una trompa de elefante, bateará sin bate, golpeará el aire, sacará la lengua y hablará o cantará las canciones que nadie podrá imitar.

domingo, 24 de mayo de 2026

aficionado

Hay partidos y partidos, en uno me vuelvo niño, loco, hasta salen palabras de mi boca que nadie escucha, y es que los dos equipos se desataron, se volcaron, se vaciaron y no especularon. En el otro me aburro y la suma del control mas el miedo cierran mis ojos.

Incidentes con aficiones en la última jornada de liga, la de los llantos y las alegrías. Para los que no distinguen la rivalidad del absurdo nada tiene límites, se transforman en generadores de odio tirando objetos contra los autobuses, insultan, amenazan y sus caras salen retratadas en las retransmisiones televisivas, llenas de ira y rabia hacia el que les metió un gol, deberían verse a cámara lenta después, me pregunto si sentirían vergüenza de esos aficionados borregos o borregos aficionados que tanto se parecen a ellos.

ilusión

Un cabello dorado y muchos trenes, una ventana inmensa para sus curiosos ojos que todo lo miran, sólo él sabe lo que ve aparte de trenes, mas varados que en marcha, parados en vías muertas rodeados de cachivaches, objetos y todo ese caos que rodea a una estación de tren, todo vías y vías, algunas se cruzan, todas descansan sobre piedras, todo un sin sentido para el viajero que espera a que parta su tren y le lleve allá donde quiere ir. Niño o niña, que mas da, mira y habla, no podrá sacar conclusiones del caos, ni importa ahora, es lo natural que choca con lo artificial de ella y su pelo fucsia, moda, cabezonería o libertad, lo peina, lo acomoda en el espejo de su movil, verá también lo negro, pintón, que estira sus ojos, que los quiere estirar, algún día fue niña. No lo fueron las muñecas que asoman en el bajo, visillos a su espalda, tienen ojos y no ven, ni siquiera al perro que equivocó su portal, viejo o cansado, o harto de confundir olores, la dueña se lo recuerda, amablemente, no es aquí. Otro de su especie insiste en perseguir palomas que nunca alcanzará, me recuerda a los seres que soñamos despiertos en vano, pero que seguimos poniendo un pie y luego otro. Luego vienen unas compras, mucha gente, veo portadores de carros llenos de ropa, también compraron la maleta para llevarse esa ropa a lugares lejanos, serán los precios bajos. Luego veo a los que parece harán un homenaje a una doctora, el cartel habla de vocación, me gustaría preguntarles que hacen, no me atrevo, enfrente de ellos termino mi postre, mis manos manchadas, no soy uno de esos mendigos que se sientan sobre la piedra y simplemente esperan que pase algo, las horas o que se acuerde la vida de ellos. Yo me levanto, veo excursiones de jovenes y de niños todos con gorras para el sol. Futuro, ilusión, que la conserven siempre, toda, absolutamente toda, toda la que cabe en un paseo bajo los árboles y en las mil calles de esta ciudad.

ninfas

Novela galardonada con el premio Nadal, dicen que con reminiscencias autobiográficas. El adolescente que crece en su ciudad de provincias y que despierta al sexo y a otra vida entre amigos y personajes estrambóticos. Magnífico el prólogo, magnífico toda ella, un placer el leer a Umbral y disfrutar de su prosa.

Las ninfas. Francisco Umbral. 1975

viernes, 22 de mayo de 2026

importa

De ella nace un grito o un juego de su voz inocente, y recibe un beso, no es recompensa, tan solo un gesto de amor, lo único que importa, por sorpresa, por detrás, de la madre que vive dos vidas ahí y siempre, al borde de un semáforo. Luz en el túnel para disipar la niebla, luz en los vagones para exponer vidas al otro andén, para ver otro gesto con las manos. Afuera la naturaleza implacable, azul, adentro el niño habla y grita mamá, con su lenguaje incipiente, la madre dormita y el niño insiste en su grito, quiere que ella abra los ojos y vea lo que él ve, a eso se reduce todo, lo único que importa. Y yo me acuerdo de mi luz en el túnel, podría ser otoño, primavera, imposible acordarme, nada importaba salvo su mano y la mía atrapadas en un andén.

martes, 19 de mayo de 2026

innato

Innato el deseo de libertad que aparece temprano, en ese momento donde el desconsolado llanto de bebé pierde su aguda frecuencia y pasa a ser lloro de niño que descubre desde el suelo que es dueño de su cuerpo para voltearse y en un audaz gesto no ve trabas para iniciar un movimiento que le saque de su sitio y lo lleve reptando, que no gateando, allá donde quiere llegar, allá donde ve algo, explorador en pañales, libertad primigenia, limitada toda ella por su pequeñez, por su recién nacida niñez.