Ya sé que no puede ser, que hay truco, pero ella estaba sentada sobre un asiento invisible, era eso lo que ella quería que pensáramos nosotros los espectadores. Por eso me entretuve, me senté en un banco a esperar que ella cerrara su silenciosa actuación y recogiera su escenario. Le invité a una cerveza y aceptó después de dejar los trastos en la pensión que habitaba. Esa mesa está libre, sí, esa, pero solo hay una silla dijo ella, tú no necesitas le dije, sonrió, buscamos otro asiento antes de que todo el lugar se llenara y se colmara de voces y gritos, gracias a eso nos acercamos mas para poder escucharnos. Me convertí en asiduo espectador de su espectáculo a última hora de la tarde, luego jugábamos a ser nosotros los invisibles, sin silla, a escondernos bajo sabanas blancas.
domingo, 15 de marzo de 2026
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