martes, 10 de marzo de 2026

usera

Un par de calles anchas, muchas estrechas, cuadrícula imperfecta, se oye hablar chino, farolillos rojos colgados. Un Chinatown todavía lejos de los americanos que conocí, el barrio es humilde, no está limpio, mucha basura por recoger fuera de los contenedores, cientos de botellas. Una iglesia sencilla, Dios está en todas partes, el ciclista de Glovo reza con su casco puesto. Se ensancha el barrio antes de llegar al parque de Pradolongo, ahí está el 12 de Octubre y más allá enjambres de casas. Se entrena de buena mañana, jovenes ingleses que visten de verde con York en el pecho, disparos a puerta, atacar y defender. Un lago con templete y detrás las mayores chinas bailan al son de una música agradable, de repente salta otra melodía que hace competencia y que acompaña los movimientos lentos, muy lentos de un señor. El espectáculo es doble y no sé dónde mirar. El césped está asilvestrado y veo una tienda de campaña plantada con carro de DIA y flores rojas, dignidad; hay cotorras, el perro mira a su amo, hay desocupados y olor a hierba donde pasó la cortadora, todo bajo el mismo sol de siempre, sólo que hoy es primavera y no sé si escuchar pájaros o sirenas lejanas. Compro libro en el rastro Betel y como en Hong Kong 70, esperaba más de este sitio. ¿Y quienes eran los Usera que dan nombre al barrio? una destacada familia madrileña de los siglos XIX y XX, con Marcelo Usera a la cabeza,  militar y empresario que promovió la urbanización del sur de Madrid. Mas gente que va y viene, caminando hacia delante, los hay que llevan todo en la mochila y que paran a descansar y hasta recogen una colilla del suelo para apurarla, y los hay que cierran los ojos y puede que sueñen con mundos mejores.

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