sábado, 4 de abril de 2020

monstruos


Me gusta, no es divertido. Es serio, trágico, es real. Es una historia que engloba tantas que me cuesta creer que llegado al final no haya desenlace. Y es que hay segunda parte. Las hojas están llenas de dibujos y de texto, ni siquiera cabe el número de página. La niña que se ve en el espejo de forma diferente, a la que le gustan los monstruos. Algunos la rodean, a otros los encuentra en las historias de sus semejantes. Y ella, todo lo cuenta en su diario particular. Tremendo, impresionante. Deseando que publiquen el segundo volumen.

Lo que más me gusta son los monstruos, vol 1. Emil Ferris. 2018

olvido


Se muere tu tío, alguien que seguro te hizo carantoñas o te tomó en sus brazos. Quizás el virus, o la vida. Nos olvidamos de ellos. A veces demasiado pronto. Como nos olvidaremos de todo esto. Y no, no seremos entonces más buenos, no crecerá nuestro corazón, no abrazaremos más a los semejantes. La vida seguirá, siempre lo hace. Y las canas que se asoman en tu rostro.

pasión


No reconocerme en el espejo, se va el pelo, la barba, otra persona, me dice ella. La misma, afirmo yo. Sólo son capas o corazas que esconden mis células, huérfanas de luz y aire, de ese frescor de la mañana que antes era gratuito. Y mientras, nuestra clase gobernante y política se enzarza en busca de réditos. Con los muertos calientes, qué mezquina es la oposición. Vuelvo a Azaña, silencio por favor, para que el país estudie, aprenda, se organice, que merezca la pena ser científico, investigador, que aprendamos para tapar nuestra mísera incultura y nuestras bocas vociferantes que sólo esconden la falta de argumentos, de conocimiento. Un poco de humildad, por favor. Por eso pinto a alguien con gesto enfadado, y nada más, a recluirme en el arte, en todas sus facetas. A trabajar y a refugiarme en minutos de ocio que pueden hacerme no pensar, nunca olvidar.
¿Se renuevan mis células si no me acompaña el descanso? No puedo afirmarlo, pero aún cansado acabo el dibujo de Sorolla donde dos niños mantienen la distancia social para enamorarse por primera vez. O acabo el libro Ohio, que me gusta mucho. O veo La Virgen de Agosto, una película con minutos finales magníficos al borde de un viaducto madrileño de vértigo.
Nevó y no se suspendieron las clases ni pudimos hacer muñecos de nieve blanca. Si dijera que qué día más bonito nadie me entendería. Y no saben que aguanté hasta que se puso a llover para bajar la basura, para mojarme, para sentir el agua caer sobre mí. Y empezar Abril, y recordar una furgoneta repleta donde cabían tres vidas y la antesala de otras dos. Con la casa a cuestas, más desnudos de equipaje que ahora. Con coches de época pasada, como los escasos que salen en Muerte de un ciclista, película que muestra un Madrid oscuro, del año 1955, al que se llegaba por carreteras sin arcén y donde todo estaba atado, aunque no lo suficiente para negar la pasión y la tragedia.

sábado, 28 de marzo de 2020

desvelos


No sabéis donde se pierden mis pasos, ni las causas de mis desvelos. Como siempre, apenas nos conocemos. Desconocidos mutuos, perdidos entre los ensordecedores aplausos o debajo del atronador silencio. Quisiera escribir en oblicuo, no traería nada nuevo. No me bastaría para expresar la rabia. Hoy los aplausos los pintan de amarillo, los corazones de colores, la primavera espera ahí afuera,  y mientras, me da por pensar que somos como esas libélulas efímeras, su apellido lo dice todo. Algún día habrá que guardar un minuto de silencio, por ellos, por los que engrosan el triste balance. Y después, sí, después estallar en un reconocimiento que los remueva de la tierra.

domingo, 22 de marzo de 2020

bolívar


Historia, conquistas, batallas. Sangre, mucha. No tenía en la cabeza lo sangriento de la guerra por la Independencia de los países sudamericanos contra la madre patria, España. Quizás nuestros profesores nos hablaron demasiado de nuestra guerra de la Independencia, poblada de héroes. Y olvidaron la otra, paralela.
Bolívar, de familia adinerada, malcriado, temprano huérfano, estudios militares, estancias en Francia, España, conquistador de corazones, antes que de tierras. Su fama de galán le acompañó siempre. Se casa en Madrid en 1802 (con 19 años). Enviuda en meses. Hacendado en su tierra natal, Venezuela, vuelve a Paris, vida disoluta, también en Italia, admirador de Napoleón. A partir de julio de 1805 es Teniente de Justicia Mayor. Ya en una tierra que en Abril de 1810 proclama el primer gobierno local ante el desgobierno de España. En Marzo de 1811 se instaura el primer congreso nacional venezolano. En julio se declara la independencia. Y empieza la guerra de patriotas contra realistas. En la Colombia y Venezuela de más tarde, unidas entonces. El protagonista que lidera y manda batallones, tropas, empieza a tomar poder. Guerra feroz, sin prisioneros. Devastadora. Matanzas mutuas. En 1815 llega Morillo desde España. Terminarán conociéndose. Morillo parece inclinar la balanza para los realistas pero la situación en la península lo cambia todo. El pronunciamiento de Riego, en 1820, evita el envío de una gran fuerza realista (agentes argentinos corrompen oficiales en la madre patria, agitan el descontento…) El nuevo gobierno ordena a Morillo que negocie un armisticio, noviembre de 1820. Los dos líderes hablan y negocian. Un mes más tarde Morillo renuncia y vuelve a su país. Dura escasos meses la paz. Hostilidades. En junio de 1821 Bolívar entra en Caracas. Luego marchará a Quito, luego a Perú. A finales de 1824, Inglaterra reconoce a la nueva Colombia. Todo parece acabar. Demasiados años de sangre. Constituciones que se exportan a Perú y Bolivia, Bolívar investido, presidente aquí, dictador allí, su idea de crear una confederación topa con la realidad. Cada uno quiere su espacio, golpes militares, rebeliones. Segregación de Venezuela. Al final fue el libertador, su gran logro la independencia de esos países. Enfermo, muere joven, diciembre de 1830. Meses antes sintetizó por carta su desilusión…
América es ingobernable para nosotros…. La única cosa que se puede hacer aquí es emigrar.

Bolívar. Ricardo Herren.

coca cola


Un libro que acumula años de estantería. Del siglo pasado. Y que vale para leer a salto de mata, en ratos de guardias. Historia de una bebida, de un país, de una empresa, de las relaciones de ese país con el mundo. Todo en uno. Desde 1886, cuando John Pemberton, Doctor, inventara un tónico contra los nervios, un remedio carbonatado y gaseoso, compuesto a base de hojas de coca y nueces de cola (el aporte de cafeína) hasta aquella actualidad de finales del siglo XX. Y no, no es una sorpresa afirmar que el producto sigue en las estanterías. Después viene Asa Candler que compra la fórmula al que luego sería su suegro. Y funda la compañía. En 1902 se elimina la cocaína, en el 17 se reduce la cafeína, en 1923 es Woodruff el nuevo presidente y en 1930 se produce el auge del embotellado…hitos infinitos, guerras, también frías, revoluciones, golpes de estado, nada puede con la botella o la lata. Imperio económico, parte de la cultura mundial.

Dios, Patria y Coca Cola. Mark Pendergrast. 1993

sábado, 21 de marzo de 2020

two wheels


Seis rutas atravesando Francia. Un par de ciclistas, ingleses, miran y ven. Y comen bien y también se alojan no en cualquier sitio. Sitios desconocidos y un destino en la cartera de futuribles, Le Puy en Veley.

France on two wheels. Adam Ruek. 2012

coma


Me gusta el libro. Entretiene, engancha y fluctúa entre posibles desenlaces. Como una comedia coral, no tan poblada de personajes, pero los que están dan juego. Toques de humor, negro. En fin, una buena lectura.

Tres maneras de inducir un coma. Alba Carballal. 2019

lengua


Permítanme que saque la lengua, como aquel niño pequeño que hacía burla, inocente. Dirigida a todos esos humanos llamados videntes, adivinadores, patrañeros. Pandilla de estafadores, embaucadores, hijos de la gran puta. Ninguno adivinó lo que se venía. Ninguno intuyó el virus. Y meto en el saco a los sanadores o curanderos, que imponen manos o aplican mentiras sobre el cuerpo maltrecho. Lucro ante la desesperación. Quizás sea el momento de desterrarlos, que se traguen su engaño y que no lo vomiten más.
Gasté seis líneas, quería condensar, es imposible. Esto es rabia. No quiero escribir un diario sobre el virus. Que sea algo más, no un monográfico, que no deje translucir el miedo. No sé si ya ha llegado a ese extremo. ¿O es sólo miedo cuando llega el escalofrío?
Y busco válvulas de escape, andar por la casa, teléfono en mano. Pedalear en pantalla fija.
Y me cubro la cabeza para dormir. Estoy protegido. Nadie me verá si vienen a buscarme. Encerrado, oscuro todo. Hay oxígeno de sobra. Siempre.
Y el niño se duerme, pensando en lo que pintará mañana.
Siete colores pinto y no son el arco iris.

domingo, 15 de marzo de 2020

sesión


La sesión continua tenía fin. Todo porque cerraban el cine en algún momento. No sé cuantas veces echaban la misma película, normalmente de dos en dos. Y daba igual verla empezada. Esperaríamos luego al comienzo para unir los trozos de una trama que a lo mejor estaba descabalada todavía en nuestras cabezas. Donde están esas películas ahora, en qué parte de la memoria de cada uno. Que rastro queda de los hilos argumentales que se perdieron o se alumbraron. Que queda del polvo de los caminos, de las diligencias, de los federales y confederados, de los indios malos y de los buenos. De los ataques a un fuerte, se hacía la noche y el terror llegaba en forma de aullidos. Qué hay del sheriff que va a llegar tarde o temprano para poner orden, pegar tiros y besar a su amor. Los “hermanos Sister” tiene algo o mucho de todo eso. De Western, de película de vaqueros. Oscura, intimista, real, con un final precioso. Vuelvo al cine por un momento, con la luz de mi salón, vuelvo a abrir los ojos, ávidos, bien abiertos. Y sigo, porque la oscuridad confinada de estos días deja tiempo para todo y más. Para ver “Ha nacido una estrella”, para disfrutar con la música, para emocionarse con el buen hacer de actores cantantes, con letras sensibles. Para ver “Yesterday”, donde los Beatles no pasan nunca de moda, con un argumento original, atractivo. Que no pare la sesión, que no se baje el telón.