Es real, como alfombra suave e incontable, cada latido alimenta las células, las baña en sangre que germina vida que eriza el vello y la pone en guardia, en alerta, la misma sangre que la abate y la recoge en su sueño.
La luna que no sabe de años, que se asusta ante un ruido muy ruido, que me busca para amoldar su lomo a mi contorno, que se aleja hasta donde es posible dentro de sus posibilidades y las mías, es la misma luna que en la noche me mira con su interrogación perpetua.
Silencio sin silencio con luna al lado mientras ando como hormiguita por su espalda.
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