domingo, 5 de abril de 2026

cutio

Mi padre trabajaba los días de cutio y los que no. Recibía los avisos en casa, venían esas personas con su prisa y dejaban una dirección y un nombre que yo anotaba con mi mano izquierda en un trozo de papel usando el lápiz que estaba en la mesita del recibidor. Cuando él salía de casa llevaba la lista en su chaqueta y sus tres cajitas metálicas con sus jeringas en la maleta de practicante. Los sábados y domingos yo le acompañaba, esos días la lista la llevaba yo, el papel doblado en un bolsillo de la falda. 
En la casa con la cortina de dril que no dejaba pasar las moscas había un niño que lloraba mucho. Lloró aún mas cuando mi padre le pinchó en su culito desnudo. Yo miraba todo, no me daba miedo. Me hubiera gustado acariciarle y hablarle. Al salir puse la media docena de huevos que nos dieron en la cesta. Le pregunté a mi padre si el bebé se pondría bueno y el contestó que sí, siempre decía lo mismo aunque yo sabía que no siempre era verdad.

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