lunes, 21 de septiembre de 2026

llegar

Se me olvidó rezar pero aún y todo vuelve el pan nuestro de cada día, de todos los días, con grupos de gentes ensimismadas en terminales sin fin haciendo scrolling con dedos que se deformarán, zombies presentes, enfermos futuros, hablan solos, sordos al mundo, yo atento al sol que nos dice todo, al azul, a las montañas tan cercanas, al verde detrás de los cristales, al frescor que ya traspasó el amanecer. Sí, se me olvidó rezar, esa parte de la fe ausente, desterrada. Se para el tren, sin sentido, varado, nadie informa, llegarán tarde los que tengan prisa, los que no, llegaremos cuando sea menester, siempre se llega. Veo a un hombre con andador y a su acompañante que le dice “poco a poco”, espero que el anciano oiga esas palabras, hace falta mas vida, mas humana. Allí donde se fabricaba la cerveza El Águila existen hoy oficinas y salas de exposiciones. En una de ellas se exponen fotos de un Madrid que ya no existe, destruido tras la guerra, con pies descalzos, ruinas y supervivencia, luego crece, se rehace, se reconstruye, se llenan los espacios vacíos, todo era distinto, todo es diferente hoy, cada día. Recibo la llamada de siempre a una hora atrasada. Mas libros para mi bolsa de esos que entran y salen cada día de las casetas en cuesta, una de ellas se llama nubes pasajeras, las nubes que no se ven, los turistas no paran, de aquí para allá, los padres pasean a bebés que no se duermen; él llega con un carro lleno de libros, ¿me pediste poesía tú?, yo no, ¿quieres echar un vistazo?, estoy cargadísimo, el carro avanza empujado por el hombre que busca compradores para su cargamento. Entre las gentes, o lo que a mí me parecen multitudes, veo una mano que tira de alguien.

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