Me sumergí en su halda,
y no quise salir,
ella tomaba mi pelo,
jugaba con él,
yo creía dormir,
y soñar a la vez.
Y ayer quise huir de ahí,
del halda,
y no pude.
Me sumergí en su halda,
y no quise salir,
ella tomaba mi pelo,
jugaba con él,
yo creía dormir,
y soñar a la vez.
Y ayer quise huir de ahí,
del halda,
y no pude.
Un guionista que quiere dirigir la película que él mismo ha escrito, es Hollywood, 1940. Alrededor de este personaje y de su lucha para conseguir financiación aparecen algunos de los grandes del cine, Gable, Bogart, etc. Y también el millonario Hearst y su dinero. Entretenida.
Sombras. Edwin Corley. 1975
Hay cencerros, chirigotas, comparsas, desfiles, no necesito salir de casa para saber qué sucede en las calles, veo todas esas imágenes sentado y como no me puedo meter dentro de la tele me quedo sentado, no cambio de canal, es pereza o ganas de rabia, y los veo y no soporto a los que acompañan sus letras absurdas moviendo sus dedos y manos, ni a los que hacen ruido o a los que truenan con música que despierta a los muertos y hace oír a los sordos; en Madrid mantean al pelele diciendo que así se va todo lo malo, ilusos, ojalá fuera verdad.
Los veo igual que si fuera un niño, maravillado, extasiado, sabiendo que fui engañado sin saber cómo. Era un mago y su magia justo terminada, cesaron los aplausos, empezaron los comentarios, abandonamos el local, yo sin prisa por fuera pero si por dentro, algo como una comezón, pensé que faltaba oxígeno en mi sangre. Sin nadie con quien comentar el último y sorprendente número me encontré mirando al cielo y preguntándome qué haría el mago con las estrellas. Acabé en una fiesta donde bailaban los abrazos y yo sin ellos. Bebí, tanto que pasaron las horas, volví a bailar, hablé, fuera llovía, adiós estrellas, alguien sacó regalos, gorros de papel, máscaras, no era carnaval, no hubo beso, y al bajar las escaleras y salir a la calle húmeda comprendí la magia, no la de la tarde anterior, sí la de este amanecer.
Cuando él oiga el mensaje que le estabas grabando diciendo que llegarás tarde oirá también mi estornudo, sonoro, potente. No oirá mis silenciosos pasos, ni los tuyos, ni el inexistente tráfico de la mañana de domingo. No sé qué vas a decir cuando él te pregunte por el estornudo.
Andaba a oscuras con los brazos adelantados y estirados, tanteando los obstáculos que pudieran aparecer y esperando el trompazo de un momento a otro. Bajó un brazo y ahora tanteó su bolsillo, allí estaban, vasos de cartón apilados con una bola roja de árbol de navidad ocupando el último. Recordó que esa fila la hizo con su padre o su padre con él. Por fin llegó a la ventana de la cocina, afuera los rayos iluminaban la tarde de las cinco o las seis en punto o pasadas, unos segundos después sonaban los truenos, pensó en calzarse y lo hizo, y salió al encuentro de todas las lluvias.
Asomó un rojo entre lo gris y te removiste, te apretaste contra mí, no te asustes, te dije, es solo el amanecer. Yo pensé que cómo podrías haberlo visto si en ese segundo aparecías con los ojos cerrados. Volvió lo gris y seguiste acurrucada sin prisa por amanecer.
Posicionarse o no, si no lo haces te ponen una etiqueta, de algo, y si lo haces también, etiquetado bueno o malo según el bando, vivimos en la calificación continua, eres o no eres, o estás conmigo o estás en mi contra, o llevas mi bandera o eres mi enemigo, una forma mas de alejarnos y de derribar puentes, de cerrar el diálogo porque la razón está aquí y no allá, sin escuchar, solo prestando oídos sordos sin más. Y todo esto es caldo de cultivo de toneladas de odio. Y los que no quieren estar allí o acá se encuentran sin espacio, buscan algo, aunque sea un hueco en las montañas donde no lleguen ecos de nada ni de nadie, donde no haya lugar que el hastío invada.
Premio Planeta del 75, novela que mantiene la tensión hasta el final sin ser una obra de misterio, siendo un relato de la vida de Carlos Hondero a través del siglo XX. De botones a presidente de banco en ascensor que sube despacio para llegar a la élite. Ambientada en Barcelona, por allí aparecen múltiples personajes que rodean al protagonista, amigos, parejas, personajes de la mejor sociedad y arribistas, y como no podía ser de otra forma hay incomprensión y vida que les arrastra y les lleva. Me ha gustado.
“Nadie es nunca como ha sido”.
“Nadie conoce a nadie”.
La gangrena. Mercedes Salisachs. 1975
Nerlinda nunca existió, fue mi error llamarte así, y un día no me contestaste cuando te llamé por ese nombre y seguías sin contestarme y yo seguía llamándote, viéndote, y tú aguantando las ganas de decir algo, yo pensando que habías perdido el oído repentinamente y tú casi riendo, pasaron algunos segundos, eternos para mí hasta que volviste la cara y dijiste algo como “quita la N”. No solamente el sentido auditivo, habías perdido la cabeza, esa sería la primera de las frases inconexas que tendría que oír a partir de ahora antes de consultar con los loqueros, pero entonces tu risa se hizo carcajada al repetir lo mismo, y yo buscando sentido a esta conversación absurda, y yo pensando en la N, sí mayúscula o minúscula, y caí como caemos todos cuando tú dijiste Erlinda. Adiós locura.
Otro premio Planeta, lo leí y no me acuerdo de mucho mas.
Yo, el Rey. Juan Antonio Vallejo-Nágera. 1985
Novela de perro y amos, con palabras y miradas, de vagabundeo y búsqueda. Auster lo volvió a hacer, narrando y emocionando como pocos.
Tombuctú. Paul Auster. 1999
Se acabó la Navidad, hace tanto que comenzó que se hizo larga, y llegaron las rebajas, el caso es que el consumidor no descanse y siga haciendo girar la rueda capitalista que llena de papeles y plásticos los contenedores, los que envolvían juguetes y regalos que se disfrutan un rato, que se cambian o que simplemente se aparcan y olvidan. Padres que cargan maleteros faltándoles manos y niños abrumados, nerviosos y llenos de ansiedad por no saber con qué jugar y hacia dónde mirar. Se repiten los errores. Y ahora nos dicen que estemos atentos a las pantallas, que habrá eclipse total de sol, lo nunca visto, lo que se decía en el circo, será visible, muy visible, se agotaron las plazas turísticas en algunas zonas, todo por disfrutar de una experiencia única en la vida. Se olvidan que vivir cada día es la experiencia única de verdad.
Yo lo he disfrutado.
Los helechos arborescentes. Francisco Umbral. 1980
Aturdido queda una parte del mundo o los que siendo parte de él leen y escuchan al saber que el gobierno americano se llevó a Maduro de Venezuela. Siempre habrá millones que vivan en la ignorancia y no sepan nada de nada y vivan quizá felices. Sin jugar a poner etiquetas de buenos y malos, no sería fácil, me quedo con la sensación de impunidad y el desprecio al derecho internacional, un desprecio que se multiplica y alcanza cotas inimaginables. Menos mal que nos enseñaron en las escuelas y colegios que la violencia no era buena consejera, ni el egoísmo, ni la ambición, ni la avaricia, ni tantas otras cosas. Qué sería de nosotros sin las escuelas, las que han permitido alejarnos un poquito, pero muy poquito, de los animales y su ley de la selva.
Los ojos del niño ven como el ficticio triunfo del aviador Lindbergh en las presidenciales americanas en plena guerra mundial y su política de aislamiento y simpatía hacia el régimen nazi ponen en cuestión todo su pequeño mundo, el que era seguro, el formado por una familia judía, más norteamericana que la que mas. A partir de ahí surge la crispación, el odio a los diferentes, la alteración de la convivencia, “ellos viven en un sueño y nosotros en una pesadilla”, el niño cuenta y escucha, “¿cómo es posible que personas así estén al frente de nuestro país?”. Muy buena novela y apropiada su lectura para los tiempos que corren.
La conjura contra América. Philip Roth. 2004
Hay días en que el karaoke no termina de despegar, no importa el tesón que le ponga Ana invitando al personal a que se anime, ¿quién quiere cantar esta de Mocedades o aquella de Nino Bravo?. Pero no, algo falla hoy, sobra gente y falta gente. A escasos minutos de cerrar aparece ella y pide una canción de Jeanette, porque te vas. Y de repente se hace un silencio antes de que ella abra la boca, es su forma de moverse, imperceptible, o su forma de tomar el micro o su forma de mirarnos a todos antes de que a cada uno nos llegue su lamento, porque te vas.
La narración del exilio de un presidente sudamericano en Madrid empieza de manera seria, se contempla la posibilidad de volver tras 20 años al poder, para lo cual hay gestiones, entrevistas, etc. Pero de repente la búsqueda de un cadáver lo altera todo, y la narración se transforma en un ir y venir de pasos nocturnos y puertas que se abren y se cierran, al mas puro estilo teatral.
Estábamos los dos delante de la bola de cristal que no nos valía para adivinar ningún futuro, tal vez solo servía para rememorar inviernos pasados y es que si la volvías loca la nieve caía durante unos segundos y se posaba sobre el abeto y el suelo, y vuelta a empezar, y obnubilados y al calor de esa nieve él seguía sin recordar los lugares donde había vivido porque su padre se movía mucho, eso decía.
Principios del siglo XX, en el nuevo mundo se construye el ferrocarril de los cayos de Florida, ahí se enmarca esta novela que se lee con interés, todo un folletín digno de telenovela, serie o película, plagado de amores, aventuras y huracanes.
Escrito en las olas. Torcuato Luca de Tena. 1983