domingo, 11 de diciembre de 2016

jaén



La historia se repite. Frío en la mañana y sol. Luego el día será delicioso. Nos vamos a Sabiote. Pueblo de esos con encanto. Casas blancas, calles estrechas, en cuesta. Castillo casi fortaleza. Plaza de iglesia dedicada a Alonso de Vandelvira, hijo de Andrés. La iglesia se debe a él. El castillo parece que pudo estar trabajado por el abuelo, Pedro. En el antiguo convento de Carmelitas, hoy centro cultural, una mujer nos habla orgullosa del pueblo. 4000 habitantes. Emigrantes que no quieren volver. Siempre el olivo y hoy el pistacho. El pueblo rebosa de actividades. Murallas y torres medievales. Siguiendo sus indicaciones compramos aceite en cooperativa a la salida del pueblo. Llegamos a Jaén. Bulle de gente. Siempre la vimos en verano, casi desierta. Hoy es día de calle. De aquí para allá. Cuestas arriba y abajo para acercarnos al museo de Jaén. Una experiencia fantástica. Arqueología y bellas artes. Todo puesto con mucho gusto. Mosaicos romanos. Esculturas, piezas de gran belleza. El espacio dedicado al conjunto escultórico del Pajarillo es fascinante. Cortijo del pueblo de Huelma. Allí se encontraron estas piezas, hablamos de primera mitad del IV aC, escultura íbera. Llamada Madinat Yayyan por los árabes seguimos avanzando en el tiempo. El cambio de piso y altura nos sumerge en las bellas artes. De todo un poco. Obras de interés como una Anunciación de Nardi, de 1634. Cuadros grandes de Manuel Ramírez, pintor de Arjona. Pintura histórica, realismo social, costumbrismo. En escultura un San Juan de Dios de Jacinto Higueras. Y la guinda la pone una sala en edificio aparte. Esculturas encontradas en Cerrillo Blanco, V aC. Asentamiento cercano a Porcuna. Una auténtica maravilla. El toro de Porcuna se halla en el propio pueblo, VI aC. Nos cuenta uno de los encargados que el museo de arte íbero espera inauguración. 10 o 15 años para conseguirlo. La política y la economía de por medio. Allí se trasladarán varios de estos conjuntos escultóricos. Comemos en peña flamenca de Jaén. El menú del día, rodeados de cuadros y fotos de artistas. El tablao espera a los músicos. Local con historia. Muchos carteles por las calles, en farolas y otros espacios. Mensajes, frases como la de Martin Luther King, “hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Para pensar. Tiempo para visitar la Catedral. A la tercera la vencida. Torres, peldaños y alturas. 57 escalones para llegar a media altura. Audio guía. Balcones de puertas verdes. Excelente visita. Obra de Vandelvira. Hay leyendas de lagartos. Y múltiples capillas. Obras de Pedro Machuca. Vistas fantásticas del interior. Villardompardo, nombre de palacio. Tres visitas en una. Gratuitas. Arte naif. Museo con gran número de obras. Manuel Moral pinta por primera vez a los 70 años. Morirá en 1989 a los 81 años de edad. Pinta olivares, como en “quemando rastrojos”, y lo hace bien y con mimo. También esculpe. Desde el mirador se ven luces en el castillo y en la catedral. Quieta la noche. También hay museo de costumbres populares. Intricados patios y escaleras. Y también hay baños árabes. Saunas, las mujeres irán al atardecer. Policromía casi perdida. Oscuridad y silencio. De Aurgi en tiempos de romanos a Jaén. Palabras árabes, almohada. Los baños con estrellas en el techo para dejar pasar la luz. Y Miguel Hernández que canta a los aceituneros exhaustos y altivos. Visita muy interesante. Dejamos Jaén, volvemos entre penumbras. Humor y olor a aceituna. Concierto dedicado a Santa Cecilia en el Hospital de Santiago. Jóvenes y menos jóvenes ponen música en la noche. Con ilusión. Gastro bar Moss. Se cena bien. Viernes, la gente no quiere irse a casa.



diciembre, 9

Curry Masala, nombre de restaurante y nombres de especias que evocan sabores de otros mundos. Comida con tintes, texturas y aromas diferentes. Hay que probar de todo. Al lado de la Gran Vía que estrena una chapuza de expansión de zona peatonal. Vallas con cintas, que se interrumpen, vuelven, etc. La medida parece poco elaborada y se queda a medias. Gente, gentío, que viene y va. Tiendas, bares, es el preludio. No es navidad, aunque todo apunte en esa dirección. Se canta en grupos, filipinos que piden dinero. Se decora y las luces lo inundarán todo. Bajamos a la fundación Mapfre. De paso la casa donde vivió José Martí, trasera de la Gran Vía. Placas que se pierden en las alturas. Los Fauves, la pasión por el color. Principios del XX, Francia, un verano en Colliure, 1905, Matisse y Derain pintan. Y exponen en otoño en Paris rodeando bustos clasicistas. Un crítico habla de “Donatello entre las fieras” (fiera=fauve). El presidente de la República, Loubet rehusa inaugurar la muestra. Colorido extremo. Trazos simples. Andre Derain retrata a Matisse, 1905, de la Tate. Y se autorretrata, 1908 (colección particular). También Matisse pinta a su hija Marguerite. Pintura que parece infantil, inacabada. Rostros que se llenan de color y de pinceladas rectangulares. Inspiración para futuros artistas. Sencilla y directa. Los paisajes me aburren mas, como los bodegones y las escenas callejeras. La muestra es amplia. En Santa Barbara está enterrado Fernando VI y esposa, Bárbara de Braganza. También está el sepulcro del general O’Donnell. Sigue nuestro camino por la calle Barquillo. Antes electrónica. Ahora moda y ocio en su mayoría. Pomme Sucre tiene unas palmeras de chocolate deliciosas. Buscamos la Venencia. Abre a las siete. Paseo de mariposas y espaldas, de escalofríos entre sombras. El palo cortao es un vino de Jerez, delicioso. Entre paredes de siempre y servilletas de entonces. Desandar lo andado, al teatro Lara. Lleno a rebosar. Burundanga, seis años en cartel. Droga de la verdad. Comedia de enredos. Cinco interpretes que saben hacer reír o sacar sonrisas. No es fácil. Ovación final. Madrid sigue a lo suyo. Escenario de sueños, de niños o grandes. El museo del jamón calienta estómagos. Los trenes cercanías se llenan o vacían y las luces que quedaron atrás solo se apagarán dentro de unas horas.


sábado, 10 de diciembre de 2016

baeza y linares



Jueves, mariposas posadas en flores y bellotas sueltas. Decoran la pared blanca. Vigas de madera estructuran el techo. La anarquía de la naturaleza se contrapone al orden geométrico de la arquitectura. Sólo la piedra vista parece contradecirlo. Viaje a Baeza, corta distancia, ligera subida. Carril bici en paralelo. También patrimonio de la humanidad. Mas recogida que Úbeda. Se oyen voces de profesor que habla en la plaza de Santa Cruz. Allí para el Palacio de Jabalquinto con patio de naranjos y fuente. Bella portada. Siglo XV. Juan Guas o Enrique Egás como posibles proyectistas.  Se evoca a Machado por todos lados. Placas y versos. “… y la encina negra, a medio camino entre Úbeda y Baeza”. Y la Antigua Universidad donde el aula de Antonio Machado trae emoción. Allí dio el poeta clases de francés. Pupitres de antes, de esa madera oscura, de estrecho asiento. La pizarra y las tizas, el mapa enrollable. Su brasero y su silla. Las visitas guiadas la llenan. Nosotros la vaciamos. Silencio en clase. En la Catedral hace fresco, lo cual no quita para disfrutar de una visita completa con audioguía. Mucho que ver y disfrutar. Nido real de gavilanes llaman a Baeza. Alfonso VII en 1147 y luego Fernando III en 1227 toman la ciudad. En 1529 hay catedral gótica. En 1567 se desploma. Vandelvira inicia la reconstrucción. Una vez fallecido la prosigue su discípulo Alonso Barba. Pinturas por restaurar, muchas capillas y visita al campanario subiendo escalones con vistas de brumas, olivares y sierras. Gigante cananeo en la entrada o salida. Cristobalón. Y versos del poeta a la catedral. Paseo tranquilo hasta las ruinas de la iglesia de San Francisco. Es hora de sentarse al sol, en camisa al mediodía. En Las Vegas hay plato de garbanzos con langostinos. Tapas y vino por cuatro euros. Cuchará y paso atrás, o jornadas de cocina tradicional. Acogedora Baeza, plaza con terrazas. Tanto en Úbeda como en Baeza los difuntos se anuncian en las esquinas. Los vecinos se pueden informar de quién ya no está. Palmeras y otras especies. Columpios. El Palacio de los Salcedo es hotel y presenta un artesonado precioso, pintado. Y otro palacio, el que alberga el Nuevo Casino, donde nos sentamos a degustar otro plato. Guiso de patatas con chocos y almejas. Delicioso. La tele local nos pide opinión. Se acabó Baeza. Vayamos a Linares. Allí está la plaza donde Manolete cae mortalmente herido. Morirá en el hospital de los marqueses de Linares. El pósito fue almacén de grano, en el XVIII. La minería del plomo aupó a la ciudad, y luego la hizo caer. Pasear por Linares, tierra de artistas, Raphael, o Andrés Segovia, a las tres de la tarde, es sinónimo de turista. Cerrado porque es hora. Niños que vuelven o van, coches y paz. La plaza del ayuntamiento es poco agradecida. La modernidad le hizo un flaco favor a un espacio abierto. Quizás la culpa la tenga el parking que alberga en sus entrañas. La monumentalidad de las cercanas poblaciones no existe aquí. Iglesias y poco más. No venía de antaño, no le tocó la historia de cerca. O sí, porque paseando nos topamos por sorpresa con el museo Arqueológico. Gratuito. Sorprendente. Dedicado exclusivamente al asentamiento de Cástulo. Cercano, a unos siete kilómetros, en la carretera de Jabalquinto. El museo da mucho y promete más. Da palabras, ponderales, copelas o fusayolas e imágenes. Y nos deja la expectativa para un futuro cercano. La antigua ciudad se puede visitar, y lo haremos dos días después. Volvemos a Úbeda. Lo de marco incomparable está muy manido. Pero hay veces que es real. Iglesia de San Lorenzo, sacristía. Escasa, rectangular. Una estufa calienta y unas luces, pocas, alumbran. Alguien trajo manta por si acaso. Danzas y romances en la obra de Cervantes. Instrumentos antiguos, vihuelas, laúd, clavecín,…Emilio Villalba y esposa, Sara Marina, que también narra, son los concertistas. Clara Campos pone voz, de soprano. El resultado es fantástico. Anónimos o no, sefardíes o andalusíes. Romances, versos, notas.  Música de otro tiempo y de ahora. Poesía amorosa.

cazorla



No ha amanecido aún. Es Miércoles. Viajamos hacia la Sierra de Cazorla. Las de Segura y las Villas quedan mas arriba. Nace el Guadalquivir en esta sierra, río que sube hacia el norte y vuelve a bajar, buscando mar. Le afluyen muchos, entre ellos el Borosa. A éste último seguiremos buscando sus fuentes. No llegaremos. Frío. Carreteras que serpentean entre olivos. Tractores que paran la velocidad. Pan en Cazorla pueblo. Bajo cero. El Guadalquivir ancho, luego lo cruzaremos mas estrecho, recién nacido. Brumas de mañana. Saldrá el sol pero no calentará hasta el mediodía. El puerto de Las Palomas sube y luego baja hasta el valle donde encontramos las aguas que buscamos. Puerto de montaña, de curvas que se abren al abismo y quitamiedos de madera. Carreteras estrechas. La ruta nace en un parking alfombrado de amarillas hojas. Llueven hojas, árboles estilizados. Piscifactoría al lado. Los peces nadan. Se mueven. Se abre el camino, que asciende sin saberlo, cómodo. Siempre el río y su rumor. Se cruzan puentes. Se alcanza la cerrada de Elías, sombría y preciosa. El barranco atrapó el río, encajonado entre rocas. Nosotros circulando por pasarela colgada de la piedra. Madera húmeda, mojada. Casi se toca con la mano el río. Saltitos pequeños, agua por todos lados. Ruido infinito. Se abrirá la cerrada y el camino se empina. Aquello parece el Cares. El río queda ya muy abajo. Llegamos a la central hidroeléctrica que se nutre de cauce del Borosa. Se acaban las bromas, el camino terminó. Ya es senda, tortuosa y de pendientes que exigen esfuerzo y calma, paciencia y puntos para tomar resuello. Encontramos a los primeros habitantes de la tierra. Hasta entonces nadie. Pareja que sube también. Subir y subir. Cascada y otra mas adelante, ésta con menos agua, sequilla. Entre medias de las dos llegó el silencio, el río se escondió, profundo, subterráneo. La central se llevó también una gran parte. La pendiente crece, hasta un túnel excavado en la roca. Operarios que trabajan en su acondicionamiento, tres. Se me olvida preguntarle al que me informa como es este trabajo. Quizás hagan noche por allí durante esta actividad. Contiene tubería que alimenta la hidroeléctrica y estrecho paso para montañeros. Pero se cortó la luz. No llevamos linternas. Al final del túnel, no corto, habrá lagunas, en su fondo el manantial, nacimientos de vida. Marcha atrás. Pedregales que se abren en pendientes de vértigo. Se baja rápido lo que costó tanto subir pero el camino es largo. Paisajes que se solean ahora. Rocas y piedras. Comer sobre una de ellas. Sabe a gloria el bocadillo que sería normal en otro sitio. Es lo que tiene el hambre, agradecida. A levantar que el cuerpo siente la piedra, siempre fría. Algunos aventureros mas, pocos. Árboles por doquier. Mucho madroño. Mas largo se hace el final, ya cansados. Unos 19 km en total. Fueron seis horas después. El coche se alfombró de hojas. Desandar con el coche. El puerto no cambió. Sol de frente en algunos tramos. Las vistas se pierden. Mejor no apartarla del asfalto. Pero el camino tiene pueblos, uno de ellos es La Iruela. El castillo se impone en lo alto. Volveremos luego, a encontrar su entrada. Y la reducción de velocidad permite atisbar la majestuosidad del entorno. Construido sobre rocas, en lo alto, oteando el pueblo. Paseo por Cazorla, pueblo pintoresco. Iglesia abierta, a medio construir. Calles estrechas y balcón con vistas, dedicado al pintor Zabaleta. Ideal para las instantáneas. El castillo en lo alto, expectante. Está atardeciendo y la Iruela está en cuesta. Castillo, iglesia y anfiteatro que no es romano, sino del siglo XX. Vistas fabulosas desde la torre. La iglesia de Santo Domingo de Silos está abierta, lleva así dos siglos. Reconstruida por Francisco de los Cobos en el XVI, los franceses la incendiaron durante la guerra de la independencia. El conjunto de castillo, iglesia y teatro es atractivo. Éste último es lugar de difusión cultural, ideal para el verano. Vamos acercándonos a Úbeda y me pregunto que sucedería si se iluminara un olivar con miles de bombillas. El resultado sería grandioso. Volvemos a la Tintorera. Un tomate es solo eso, pero si es de calidad y se aliña con aceite del bueno es otra cosa. El bacalao confitado con salsa romesco y pisto es un manjar. Las piernas necesitan descanso.