La
historia se repite. Frío en la mañana y sol. Luego el día será delicioso. Nos vamos
a Sabiote. Pueblo de esos con encanto. Casas blancas, calles estrechas, en
cuesta. Castillo casi fortaleza. Plaza de iglesia dedicada a Alonso de
Vandelvira, hijo de Andrés. La iglesia se debe a él. El castillo parece que
pudo estar trabajado por el abuelo, Pedro. En el antiguo convento de
Carmelitas, hoy centro cultural, una mujer nos habla orgullosa del pueblo. 4000
habitantes. Emigrantes que no quieren volver. Siempre el olivo y hoy el
pistacho. El pueblo rebosa de actividades. Murallas y torres medievales. Siguiendo
sus indicaciones compramos aceite en cooperativa a la salida del pueblo. Llegamos
a Jaén. Bulle de gente. Siempre la vimos en verano, casi desierta. Hoy es día
de calle. De aquí para allá. Cuestas arriba y abajo para acercarnos al museo de
Jaén. Una experiencia fantástica. Arqueología y bellas artes. Todo puesto con
mucho gusto. Mosaicos romanos. Esculturas, piezas de gran belleza. El espacio
dedicado al conjunto escultórico del Pajarillo es fascinante. Cortijo del pueblo
de Huelma. Allí se encontraron estas piezas, hablamos de primera mitad del IV
aC, escultura íbera. Llamada Madinat Yayyan por los árabes seguimos avanzando
en el tiempo. El cambio de piso y altura nos sumerge en las bellas artes. De todo
un poco. Obras de interés como una Anunciación de Nardi, de 1634. Cuadros grandes
de Manuel Ramírez, pintor de Arjona. Pintura histórica, realismo social, costumbrismo.
En escultura un San Juan de Dios de Jacinto Higueras. Y la guinda la pone una
sala en edificio aparte. Esculturas encontradas en Cerrillo Blanco, V aC. Asentamiento
cercano a Porcuna. Una auténtica maravilla. El toro de Porcuna se halla en el
propio pueblo, VI aC. Nos cuenta uno de los encargados que el museo de arte
íbero espera inauguración. 10 o 15 años para conseguirlo. La política y la economía
de por medio. Allí se trasladarán varios de estos conjuntos escultóricos. Comemos
en peña flamenca de Jaén. El menú del día, rodeados de cuadros y fotos de
artistas. El tablao espera a los músicos. Local con historia. Muchos carteles
por las calles, en farolas y otros espacios. Mensajes, frases como la de Martin
Luther King, “hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces;
pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Para pensar. Tiempo
para visitar la Catedral. A la tercera la vencida. Torres, peldaños y alturas.
57 escalones para llegar a media altura. Audio guía. Balcones de puertas verdes.
Excelente visita. Obra de Vandelvira. Hay leyendas de lagartos. Y múltiples
capillas. Obras de Pedro Machuca. Vistas fantásticas del interior. Villardompardo,
nombre de palacio. Tres visitas en una. Gratuitas. Arte naif. Museo con gran
número de obras. Manuel Moral pinta por primera vez a los 70 años. Morirá en
1989 a los 81 años de edad. Pinta olivares, como en “quemando rastrojos”, y lo
hace bien y con mimo. También esculpe. Desde el mirador se ven luces en el
castillo y en la catedral. Quieta la noche. También hay museo de costumbres
populares. Intricados patios y escaleras. Y también hay baños árabes. Saunas,
las mujeres irán al atardecer. Policromía casi perdida. Oscuridad y silencio. De
Aurgi en tiempos de romanos a Jaén. Palabras árabes, almohada. Los baños con
estrellas en el techo para dejar pasar la luz. Y Miguel Hernández que canta a
los aceituneros exhaustos y altivos. Visita muy interesante. Dejamos Jaén,
volvemos entre penumbras. Humor y olor a aceituna. Concierto dedicado a Santa
Cecilia en el Hospital de Santiago. Jóvenes y menos jóvenes ponen música en la
noche. Con ilusión. Gastro bar Moss. Se cena bien. Viernes, la gente no quiere
irse a casa.domingo, 11 de diciembre de 2016
jaén
La
historia se repite. Frío en la mañana y sol. Luego el día será delicioso. Nos vamos
a Sabiote. Pueblo de esos con encanto. Casas blancas, calles estrechas, en
cuesta. Castillo casi fortaleza. Plaza de iglesia dedicada a Alonso de
Vandelvira, hijo de Andrés. La iglesia se debe a él. El castillo parece que
pudo estar trabajado por el abuelo, Pedro. En el antiguo convento de
Carmelitas, hoy centro cultural, una mujer nos habla orgullosa del pueblo. 4000
habitantes. Emigrantes que no quieren volver. Siempre el olivo y hoy el
pistacho. El pueblo rebosa de actividades. Murallas y torres medievales. Siguiendo
sus indicaciones compramos aceite en cooperativa a la salida del pueblo. Llegamos
a Jaén. Bulle de gente. Siempre la vimos en verano, casi desierta. Hoy es día
de calle. De aquí para allá. Cuestas arriba y abajo para acercarnos al museo de
Jaén. Una experiencia fantástica. Arqueología y bellas artes. Todo puesto con
mucho gusto. Mosaicos romanos. Esculturas, piezas de gran belleza. El espacio
dedicado al conjunto escultórico del Pajarillo es fascinante. Cortijo del pueblo
de Huelma. Allí se encontraron estas piezas, hablamos de primera mitad del IV
aC, escultura íbera. Llamada Madinat Yayyan por los árabes seguimos avanzando
en el tiempo. El cambio de piso y altura nos sumerge en las bellas artes. De todo
un poco. Obras de interés como una Anunciación de Nardi, de 1634. Cuadros grandes
de Manuel Ramírez, pintor de Arjona. Pintura histórica, realismo social, costumbrismo.
En escultura un San Juan de Dios de Jacinto Higueras. Y la guinda la pone una
sala en edificio aparte. Esculturas encontradas en Cerrillo Blanco, V aC. Asentamiento
cercano a Porcuna. Una auténtica maravilla. El toro de Porcuna se halla en el
propio pueblo, VI aC. Nos cuenta uno de los encargados que el museo de arte
íbero espera inauguración. 10 o 15 años para conseguirlo. La política y la economía
de por medio. Allí se trasladarán varios de estos conjuntos escultóricos. Comemos
en peña flamenca de Jaén. El menú del día, rodeados de cuadros y fotos de
artistas. El tablao espera a los músicos. Local con historia. Muchos carteles
por las calles, en farolas y otros espacios. Mensajes, frases como la de Martin
Luther King, “hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces;
pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Para pensar. Tiempo
para visitar la Catedral. A la tercera la vencida. Torres, peldaños y alturas.
57 escalones para llegar a media altura. Audio guía. Balcones de puertas verdes.
Excelente visita. Obra de Vandelvira. Hay leyendas de lagartos. Y múltiples
capillas. Obras de Pedro Machuca. Vistas fantásticas del interior. Villardompardo,
nombre de palacio. Tres visitas en una. Gratuitas. Arte naif. Museo con gran
número de obras. Manuel Moral pinta por primera vez a los 70 años. Morirá en
1989 a los 81 años de edad. Pinta olivares, como en “quemando rastrojos”, y lo
hace bien y con mimo. También esculpe. Desde el mirador se ven luces en el
castillo y en la catedral. Quieta la noche. También hay museo de costumbres
populares. Intricados patios y escaleras. Y también hay baños árabes. Saunas,
las mujeres irán al atardecer. Policromía casi perdida. Oscuridad y silencio. De
Aurgi en tiempos de romanos a Jaén. Palabras árabes, almohada. Los baños con
estrellas en el techo para dejar pasar la luz. Y Miguel Hernández que canta a
los aceituneros exhaustos y altivos. Visita muy interesante. Dejamos Jaén,
volvemos entre penumbras. Humor y olor a aceituna. Concierto dedicado a Santa
Cecilia en el Hospital de Santiago. Jóvenes y menos jóvenes ponen música en la
noche. Con ilusión. Gastro bar Moss. Se cena bien. Viernes, la gente no quiere
irse a casa.diciembre, 9
Curry
Masala, nombre de restaurante y nombres de especias que evocan sabores de otros
mundos. Comida con tintes, texturas y aromas diferentes. Hay que probar de
todo. Al lado de la Gran Vía que estrena una chapuza de expansión de zona
peatonal. Vallas con cintas, que se interrumpen, vuelven, etc. La medida parece
poco elaborada y se queda a medias. Gente, gentío, que viene y va. Tiendas,
bares, es el preludio. No es navidad, aunque todo apunte en esa dirección. Se
canta en grupos, filipinos que piden dinero. Se decora y las luces lo inundarán
todo. Bajamos a la fundación Mapfre. De paso la casa donde vivió José Martí,
trasera de la Gran Vía. Placas que se pierden en las alturas. Los Fauves, la
pasión por el color. Principios del XX, Francia, un verano en Colliure, 1905, Matisse
y Derain pintan. Y exponen en otoño en Paris rodeando bustos clasicistas. Un
crítico habla de “Donatello entre las fieras” (fiera=fauve). El presidente de
la República, Loubet rehusa inaugurar la muestra. Colorido extremo. Trazos
simples. Andre Derain retrata a Matisse, 1905, de la Tate. Y se autorretrata,
1908 (colección particular). También Matisse pinta a su hija Marguerite.
Pintura que parece infantil, inacabada. Rostros que se llenan de color y de
pinceladas rectangulares. Inspiración para futuros artistas. Sencilla y
directa. Los paisajes me aburren mas, como los bodegones y las escenas callejeras.
La muestra es amplia. En Santa Barbara está enterrado Fernando VI y esposa,
Bárbara de Braganza. También está el sepulcro del general O’Donnell. Sigue nuestro
camino por la calle Barquillo. Antes electrónica. Ahora moda y ocio en su
mayoría. Pomme Sucre tiene unas palmeras de chocolate deliciosas. Buscamos la
Venencia. Abre a las siete. Paseo de mariposas y espaldas, de escalofríos entre
sombras. El palo cortao es un vino de Jerez, delicioso. Entre paredes de
siempre y servilletas de entonces. Desandar lo andado, al teatro Lara. Lleno a
rebosar. Burundanga, seis años en cartel. Droga de la verdad. Comedia de
enredos. Cinco interpretes que saben hacer reír o sacar sonrisas. No es fácil. Ovación
final. Madrid sigue a lo suyo. Escenario de sueños, de niños o grandes. El museo
del jamón calienta estómagos. Los trenes cercanías se llenan o vacían y las
luces que quedaron atrás solo se apagarán dentro de unas horas.sábado, 10 de diciembre de 2016
baeza y linares
Jueves,
mariposas posadas en flores y bellotas sueltas. Decoran la pared blanca. Vigas
de madera estructuran el techo. La anarquía de la naturaleza se contrapone al
orden geométrico de la arquitectura. Sólo la piedra vista parece contradecirlo.
Viaje a Baeza, corta distancia, ligera subida. Carril bici en paralelo. También
patrimonio de la humanidad. Mas recogida que Úbeda. Se oyen voces de profesor
que habla en la plaza de Santa Cruz. Allí para el Palacio de Jabalquinto con
patio de naranjos y fuente. Bella portada. Siglo XV. Juan Guas o Enrique Egás
como posibles proyectistas. Se evoca a
Machado por todos lados. Placas y versos. “… y la encina negra, a medio camino
entre Úbeda y Baeza”. Y la Antigua Universidad donde el aula de Antonio Machado
trae emoción. Allí dio el poeta clases de francés. Pupitres de antes, de esa
madera oscura, de estrecho asiento. La pizarra y las tizas, el mapa enrollable.
Su brasero y su silla. Las visitas guiadas la llenan. Nosotros la vaciamos.
Silencio en clase. En la Catedral hace fresco, lo cual no quita para disfrutar
de una visita completa con audioguía. Mucho que ver y disfrutar. Nido real de
gavilanes llaman a Baeza. Alfonso VII en 1147 y luego Fernando III en 1227
toman la ciudad. En 1529 hay catedral gótica. En 1567 se desploma. Vandelvira
inicia la reconstrucción. Una vez fallecido la prosigue su discípulo Alonso
Barba. Pinturas por restaurar, muchas capillas y visita al campanario subiendo
escalones con vistas de brumas, olivares y sierras. Gigante cananeo en la entrada
o salida. Cristobalón. Y versos del poeta a la catedral. Paseo tranquilo hasta
las ruinas de la iglesia de San Francisco. Es hora de sentarse al sol, en
camisa al mediodía. En Las Vegas hay plato de garbanzos con langostinos. Tapas
y vino por cuatro euros. Cuchará y paso atrás, o jornadas de cocina
tradicional. Acogedora Baeza, plaza con terrazas. Tanto en Úbeda como en Baeza
los difuntos se anuncian en las esquinas. Los vecinos se pueden informar de
quién ya no está. Palmeras y otras especies. Columpios. El Palacio de los
Salcedo es hotel y presenta un artesonado precioso, pintado. Y otro palacio, el
que alberga el Nuevo Casino, donde nos sentamos a degustar otro plato. Guiso de patatas con chocos y almejas. Delicioso. La tele local nos pide
opinión. Se acabó Baeza. Vayamos a Linares. Allí está la plaza donde Manolete
cae mortalmente herido. Morirá en el hospital de los marqueses de Linares. El
pósito fue almacén de grano, en el XVIII. La minería del plomo aupó a la
ciudad, y luego la hizo caer. Pasear por Linares, tierra de artistas, Raphael,
o Andrés Segovia, a las tres de la tarde, es sinónimo de turista. Cerrado
porque es hora. Niños que vuelven o van, coches y paz. La plaza del
ayuntamiento es poco agradecida. La modernidad le hizo un flaco favor a un
espacio abierto. Quizás la culpa la tenga el parking que alberga en sus
entrañas. La monumentalidad de las cercanas poblaciones no existe aquí.
Iglesias y poco más. No venía de antaño, no le tocó la historia de cerca. O sí,
porque paseando nos topamos por sorpresa con el museo Arqueológico. Gratuito.
Sorprendente. Dedicado exclusivamente al asentamiento de Cástulo. Cercano, a
unos siete kilómetros, en la carretera de Jabalquinto. El museo da mucho y
promete más. Da palabras, ponderales, copelas o fusayolas e imágenes. Y nos
deja la expectativa para un futuro cercano. La antigua ciudad se puede visitar,
y lo haremos dos días después. Volvemos a Úbeda. Lo de marco incomparable está
muy manido. Pero hay veces que es real. Iglesia de San Lorenzo, sacristía.
Escasa, rectangular. Una estufa calienta y unas luces, pocas, alumbran. Alguien
trajo manta por si acaso. Danzas y romances en la obra de Cervantes.
Instrumentos antiguos, vihuelas, laúd, clavecín,…Emilio Villalba y esposa, Sara
Marina, que también narra, son los concertistas. Clara Campos pone voz, de
soprano. El resultado es fantástico. Anónimos o no, sefardíes o andalusíes.
Romances, versos, notas. Música de otro tiempo y de ahora. Poesía
amorosa.cazorla
No ha amanecido aún. Es Miércoles.
Viajamos hacia la Sierra de Cazorla. Las de Segura y las Villas quedan mas
arriba. Nace el Guadalquivir en esta sierra, río que sube hacia el norte y
vuelve a bajar, buscando mar. Le afluyen muchos, entre ellos el Borosa. A éste
último seguiremos buscando sus fuentes. No llegaremos. Frío. Carreteras que
serpentean entre olivos. Tractores que paran la velocidad. Pan en Cazorla
pueblo. Bajo cero. El Guadalquivir ancho, luego lo cruzaremos mas estrecho,
recién nacido. Brumas de mañana. Saldrá el sol pero no calentará hasta el
mediodía. El puerto de Las Palomas sube y luego baja hasta el valle donde
encontramos las aguas que buscamos. Puerto de montaña, de curvas que se abren
al abismo y quitamiedos de madera. Carreteras estrechas. La ruta nace en un
parking alfombrado de amarillas hojas. Llueven hojas, árboles estilizados.
Piscifactoría al lado. Los peces nadan. Se mueven. Se abre el camino, que
asciende sin saberlo, cómodo. Siempre el río y su rumor. Se cruzan puentes. Se
alcanza la cerrada de Elías, sombría y preciosa. El barranco atrapó el río,
encajonado entre rocas. Nosotros circulando por pasarela colgada de la piedra.
Madera húmeda, mojada. Casi se toca con la mano el río. Saltitos pequeños, agua
por todos lados. Ruido infinito. Se abrirá la cerrada y el camino se empina.
Aquello parece el Cares. El río queda ya muy abajo. Llegamos a la central
hidroeléctrica que se nutre de cauce del Borosa. Se acaban las bromas, el
camino terminó. Ya es senda, tortuosa y de pendientes que exigen esfuerzo y
calma, paciencia y puntos para tomar resuello. Encontramos a los primeros
habitantes de la tierra. Hasta entonces nadie. Pareja que sube también. Subir y
subir. Cascada y otra mas adelante, ésta con menos agua, sequilla. Entre medias
de las dos llegó el silencio, el río se escondió, profundo, subterráneo. La
central se llevó también una gran parte. La pendiente crece, hasta un túnel
excavado en la roca. Operarios que trabajan en su acondicionamiento, tres. Se me
olvida preguntarle al que me informa como es este trabajo. Quizás hagan noche
por allí durante esta actividad. Contiene tubería que alimenta la
hidroeléctrica y estrecho paso para montañeros. Pero se cortó la luz. No
llevamos linternas. Al final del túnel, no corto, habrá lagunas, en su fondo el
manantial, nacimientos de vida. Marcha atrás. Pedregales que se abren en
pendientes de vértigo. Se baja rápido lo que costó tanto subir pero el camino
es largo. Paisajes que se solean ahora. Rocas y piedras. Comer sobre una de
ellas. Sabe a gloria el bocadillo que sería normal en otro sitio. Es lo que
tiene el hambre, agradecida. A levantar que el cuerpo siente la piedra, siempre
fría. Algunos aventureros mas, pocos. Árboles por doquier. Mucho madroño. Mas
largo se hace el final, ya cansados. Unos 19 km en total. Fueron seis horas
después. El coche se alfombró de hojas. Desandar con el coche. El puerto no
cambió. Sol de frente en algunos tramos. Las vistas se pierden. Mejor no
apartarla del asfalto. Pero el camino tiene pueblos, uno de ellos es La Iruela.
El castillo se impone en lo alto. Volveremos luego, a encontrar su entrada. Y
la reducción de velocidad permite atisbar la majestuosidad del entorno.
Construido sobre rocas, en lo alto, oteando el pueblo. Paseo por Cazorla,
pueblo pintoresco. Iglesia abierta, a medio construir. Calles estrechas y
balcón con vistas, dedicado al pintor Zabaleta. Ideal para las instantáneas. El
castillo en lo alto, expectante. Está atardeciendo y la Iruela está en cuesta.
Castillo, iglesia y anfiteatro que no es romano, sino del siglo XX. Vistas
fabulosas desde la torre. La iglesia de Santo Domingo de Silos está abierta,
lleva así dos siglos. Reconstruida por Francisco de los Cobos en el XVI, los
franceses la incendiaron durante la guerra de la independencia. El conjunto de
castillo, iglesia y teatro es atractivo. Éste último es lugar de difusión
cultural, ideal para el verano. Vamos acercándonos a Úbeda y me pregunto que
sucedería si se iluminara un olivar con miles de bombillas. El resultado sería
grandioso. Volvemos a la Tintorera. Un tomate es solo eso, pero si es de
calidad y se aliña con aceite del bueno es otra cosa. El bacalao confitado con
salsa romesco y pisto es un manjar. Las piernas necesitan descanso.
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