jueves, 28 de agosto de 2008

la meta

Partiendo de la base de que la perfección en el papel de padre esta bien como utopía y que ni siquiera nos la podemos poner como meta, ese esfuerzo que realizamos para ser padres aceptables choca con una realidad que cambia día a día. Esa realidad la conforman nuestros hijos, que se transforman con el paso de las horas, minuto a minuto, que plantean batallas para las que parece que no estamos preparados y que amagan con discursos que se escapan de nuestras concepciones del mundo. Los padres sentimos que su cercanía se aleja poco a poco y las distancias cortas que antes dominábamos van dando paso a la media distancia, esa que en algunos casos no admite casi contacto, esa de las despedidas secas y cortantes, fruto, decimos siempre, de que está cambiando. Así es, él cambia pero nosotros también. No permanecemos inmóviles esperando que el niño nos alcance, seguimos nuestra marcha en la vida esperando que el futuro resuelva las dudas sobre la cosecha de nuestro esfuerzo diario, esa que no se suele ver a corto plazo, que quizás veamos algún día, todavía lejano, en el que esos pequeños o jovenzuelos ingresen en la edad adulta con la cabeza sobre los hombros, como buenos ciudadanos y como seres humanos dotados de sensibilidad. Por eso, qué hacer cuando sabemos que en su camino hacia la vida se preguntan, como le pasaba a Ana Frank en su encierro, cosas como "¿Habrá gente que pueda satisfacer plenamente a sus hijos?" La respuesta es no. Esa satisfacción plena nunca existirá y los milisegundos compartidos con ellos, disfrutados en ese estado placentero que unos llaman paz de espíritu y otros felicidad, son sólo eso, instantes de tiempo que a veces recordamos con añoranza y que deseamos se repitan. Mientras vuelven a nuestras vidas, con intermitencia y sin avisar, para poner un paño caliente sobre nuestra existencia, acudamos a lo que dice Bettelheim sobre el tema: "Lo único que un padre o una madre puede ser para su hijo es exactamente esto: un padre o una madre tierno y solícito; esto es, una persona madura que acepta con cariño y solicitud las muestras de inmadurez del niño, le protege para que no se sienta culpable por ellas y, además, impide que tengan malas consecuencias. Al mismo tiempo que proporciona al niño ejemplos de madurez que le sirvan de guía en el transcurso de su propio crecimiento". Así que a medida que soltamos amarras, mantegamos el faro encendido, ese que señala las entradas de los puertos, siempre abiertos por si el refugio se hace necesario.

domingo, 24 de agosto de 2008

esa cosa diminuta y sensible

Hay películas de esas que enganchan, en las que, como espectadores, somos capaces durante unos minutos de meternos en pantalla y casi sentir lo que los protagonistas sienten, el miedo, la pena, el dolor, el amor o la alegría. Al encenderse las lunes tras los créditos, podemos respirar y rememorar esos sentimientos que a medida que pasan los minutos se alejan, pareciendo que se evaporan en esa realidad nuestra de cada día. Cuando uno lee el diario de Ana Frank, también una angustia y desazón se apoderan del lector, que cierra el libro, no para olvidar, pero sí para huir de alguna forma de esa casa de atrás donde reina el miedo, donde el silencio no es una opción sino una obligación, donde se duerme para acortar el tiempo y la espera, donde la angustia a veces no deja escribir y da paso a las lágrimas que escapan de los ojos de una niña que a pesar de todo muestra entereza y esperanza, que se muestra alegre y dichosa cuando se olvida del exterior y que a veces se apoya en su fé para esperar. El diario es una válvula de escape para Ana, torrentes de palabras que llenan páginas con la intención de no atragantarse en la soledad, en su falta de libertad y en los inevitables problemas entre los humanos derivados de una convivencia forzada.
Uno sabe el final antes de empezar y eso también es descorazonador, y a ese final vuelve el lector una y otra vez intentando encontrar sentido a las palabras de Ana. ¿Para qué el esfuerzo, para qué la esperanza, para qué el silencio? Dice George Steiner que su definición ideal de la vida la dió Samuel Beckett: "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor". Ana Frank era una niña y no tuvo más oportunidades de probar o fracasar. Cuando escribe sobre su relación con Peter, otro de los escondidos, Ana habla de "Esa cosa diminuta y sensible que ninguno de los dos se atreve a nombrar aún", esa cosa, parte de una vida que alguien se encargó de cercenar el 4 de Agosto de 1944, cuando los habitantes de la casa fueron detenidos, poniendo fin al diario de Ana e instaurando el silencio de muerte que ella tanto odiaba.

Ana Frank. Diario (1947)

jueves, 14 de agosto de 2008

lo importante

Uno de los grandes de la literatura norteamericana, John Steinbeck, tras viajar una larga temporada por su país, escribió un ameno y encantador libro titulado "Viajes con Charlie". En esa obra se descubre una frase que por sí misma hace que la lectura haya merecido la pena. Dice lo siguiente:
"No hay absolutamente nada que pueda reemplazar a un hombre bueno".
Ahora es nuestro turno y podemos elucubrar lo que significa ser bueno en el mundo de hoy. Habría para todos los gustos pero seguro que encontraríamos algunas repeticiones en las contestaciones que nos pudiera dar una encuesta. Se hablaría de honradez, de compromiso, de compasión, se hablaría mucho de amor, en fin, que cada uno escoja su definición. En la labor de educación de nuestros hijos nos preocupamos de muchísimas cosas a lo largo de esos años donde todavía nos pertenecen. Y por cierto, ya podemos acordarnos de que la tarea está ahí, porque cuando uno se quiere dar cuenta, la primera parte del partido se ha acabado y uno se puede encontrar con que se ha dejado tinta en el tintero. Nos preocupamos mucho de su futuro académico, de que hagan deporte, de que aprendan idiomas, de que se relacionen con la gente y estoy seguro de que también nos preocupamos de que sean buenas personas. Argumentos que debieran conducir a intentar que nuestros hijos sean felices, objetivo último de todo bicho viviente. Ahora bien, los aprendizajes no son gratuitos, y no hablamos de pago de dinero, lo importante es saber que el pago se da en forma de trabajo y sacrificio. Sólo por ahí se consiguen los resultados. Es de cajón que esa búsqueda implica asimilar, ser corregido, aprender a ser disciplinado y es en este punto donde parece que algo se nos escapa. El castigo no es bienvenido, las costumbres se relajan, los niños se van a traumatizar, dicen unos, mis hijos son unos benditos, dicen otros, y los comportamientos incívicos de nuestros hijos, como las faltas de respeto hacia los profesores, los problemas de acoso que parecen sólo existir en la mente de los acosados, la violencia en el lenguaje, el poco respeto por el entorno que nos rodea, que se convierte en un basurero que otros limpiarán, etc.… no parecen encontrar un tratamiento adecuado , por parte sobre todo de las familias, no lo olvidemos, responsables de sus hijos, por lo menos hasta que cumplen la mayoría de la edad. Alguien dirá que es tarde para educar a los padres. Nunca es tarde para nada, se puede trabajar también con las familias, ahí necesitamos involucrar a otros agentes sociales que permitan reconducir situaciones concretas que, no lo olvidemos, causan sufrimiento y sobre todo son susceptibles de empeorar con el paso de los años. Porque los problemas que no se abordan no suelen desaparecer. Volviendo al origen, si como padres perdemos de vista eso de educar buenas personas, estaremos cometiendo el mayor error de nuestras vidas.

lunes, 11 de agosto de 2008

niños todavía

Usted es padre, aparte de eso, en su vida profesional es profesor de autoescuela, y decide emprender un viaje por España para concienciar a los más jóvenes sobre la importancia de la seguridad vial. Hasta aquí nada raro. Pero la noticia sigue y dice que el profesor y padre no va a llevar el volante, sino que será su hija, de 12 años, la que pondrá sus manos. No aclara quién llevará los pedales. La noticia como broma no está mal, pero no, no es broma, tanto que los Mossos d’Esquadra abrieron diligencias y le han pedido a la familia que no salga, a la espera de un informe de la fiscalía de menores. Independientemente del vacío legal que parece que hay al respecto y que la familia pretende aprovechar, ellos mismos dicen que van a hacer algo “curioso, fuera de lo normal, pero no fuera de la ley”, lo que a mí no me gusta de este caso es la utilización de la niña por su familia. Perfecto que el padre quiera concienciar al país sobre la seguridad vial, perfecto que esté dispuesto a sacrificar parte de su tiempo libre recorriendo España con su campaña, pero conduzca usted y que su hija lleve la pancarta, no al revés. La niña en cuestión conduce karts y parece ser una campeona en ciernes, lo cual no garantiza que tenga el conocimiento y sobre todo el nivel de responsabilidad necesario para circular entre miles de vehículos en ese papel protagonista que parece que le adjudica el padre a la hija. Desgraciadamente, en ocasiones, los padres nos escudamos en los niños para tapar agujeros negros que nos carcomen por dentro y muchas veces “obligamos” o utilizamos a nuestros hijos para llevar a cabo objetivos nuestros. Yo tengo dos hijos que rondan la edad de esa niña, normales para su edad, ni superdotados ni infradotados, y mire por donde, yo no les dejaría coger el volante todavía, hay algo llamado responsabilidad paterna, ¿o no?

viernes, 8 de agosto de 2008

no hay padres perfectos

Lo de ser padre parece que va perdiendo sentido a medida que los hijos crecen. Uno ve los anuncios en la tele y observa al bebé y luego mira a sus hijos, ya talluditos, y se da cuenta de que algo ha cambiado. Esos padres asociados al nacimiento han dejado paso a otros que a veces se desconciertan por lo que ven, oyen o sienten en presencia de sus vástagos.
Lo que va a continuación lo escribí hace ya algunos años, pero creo que sigue teniendo validez para inaugurar esta sección. Que ustedes disfruten de la paternidad y maternidad.

NO HAY PADRES PERFECTOS

La paternidad definida por cada padre o madre admite incontables interpretaciones.
Para la mayoría supone una gran revolución. Un terremoto físico, emotivo y mental. Todo seísmo implica caos y desorden, pero este caos se puede transformar, más bien, se debe transformar.
Como nadie nace enseñado, después de esos primeros meses felices, agotadores, nubosos, por lo de estar en las nubes, surgen las preguntas, las dudas, las inquietudes. Todos opinan de las comidas, de los sueños, de las posturas, de esas cosas tan necesarias, pero no suficientes.
Y uno, que busca algo más, empieza a hurgar y a investigar. Y esas casualidades de la vida hacen que en tus manos caigan libros; unos que se pueden abrir y cerrar y algún otro que se abrió y nunca se cerrará. En el fondo no es más que un intento de escribir el libro de la vida, porque la humanidad está llena de padres e hijos que se relacionan entre sí y todos con todos.
Y es bonito descubrir que Bruno Bettelheim, fallecido hace unos años, escribió este libro con 85 años, la experiencia es un grado. Este señor le puede ayudar a generar nuevos terremotos, más fuertes, devastadores. Uno se queda como desnudo con toda su historia, con sus virtudes y sus defectos, a la vista de aquel a quién queremos tanto. Y esa luz, ilusión y esperanza que representa un hijo empieza a transformar a los padres. Vemos las oportunidades que nos ofrecen nuestros hijos. No todo es dar, se recibe infinitamente. Se está ante una oportunidad única. Oportunidad para mejorar, sí, para ser mejores personas, para ser modelos de verdad para nuestros hijos. Para entenderlos y para entendernos. Para descubrir la humanidad común que nos debiera unir.
Lo dice Publio Terencio, (2 siglos A.C.), esclavo romano y autor de comedias, en una cita del libro: SOY HUMANO; NADA HUMANO ME ES AJENO.
Sigamos intentando ser padres aceptables, porque como dice el titulo del libro, no hay padres perfectos.

grandes pechos amplias caderas

No parece descabellado pensar que uno es afortunado después de vivir la parte central de una vida, y poder contarlo, en un país donde en un plazo de unos cuarenta años, diversos acontecimientos dejan más de cuarenta millones de muertos entre guerras, hambrunas, desastres naturales y represiones. Esa fue la China del siglo XX, desconocida en gran medida para el mundo occidental, pero escenario de fondo de la vida diaria de millones de personas que lucharon por vivir, o más bien por sobrevivir.
Esto es lo que podría pensar la protagonista de la novela de Mo Yan, que relata de forma excepcional la vida de una familia, teniendo como narrador al hijo varón, y como pilar del grupo a la protagonista, Madre, paradigma de madre, esa que ama sin esperar nada a cambio, la que ve como los caminos de sus descendientes divergen y convergen, en su exploración de la vida, mientras ella permanece ahí, en el pueblo, esperando los regresos que llenan de vida, dolor y sufrimiento su alma. Jintong, el narrador, sobrevive porque alguien tiene que hacerlo, no parece dueño de su propio destino, sin libertad para elegir, para el que caminar es dar un paso detrás de otro, sin saber donde se va. Vida sin control, que fluctúa de la miseria a la esperanza y vuelta a empezar, mientras Madre quizás ansíe repetir esa sonrisa que una vez quedo grabada en las mentes de sus hijos.

Grandes pechos amplias caderas (Mo Yan, 1996)

domingo, 27 de julio de 2008

los juegos olímpicos

Imaginemos algo menos tremendista que una de las catástrofes que han asolado Asia a lo largo de este año. No hay Juegos Olímpicos, éstos se suspenden, boicot internacional. Los miles de deportistas que llevan años soñando con esta cita se quedan en casa. Seguirán compitiendo unos, otros no, porque la edad ya haya pasado, pero habrá otras oportunidades, campeonatos mundiales, europeos, continentales, ligas y copas que paliarán la terrible decepción, una depresión más de nuestro mundo de acá, esas que son más importantes que las verdaderas tragedias, las que suceden allá. Como parte del sentimiento de compasión universal que surge tras un desastre natural como el acontecido en Asia, las voces discordantes con el orden establecido se han ido diluyendo hasta llegar a que ya nadie se acuerde de los tibetanos, algunos de los cuales no parecen estar pasándolo demasiado bien.
¿Tendría sentido un boicot a los Juegos? , o mejor, ¿valdría para algo? Yo creo que la respuesta es sí. Un ejemplo, para que nuestros gobernantes tomen una iniciativa real de posicionamiento contra un país que no respeta los derechos humanos y donde no existe libertad de opinión ni libertad de prensa. No para seguir una línea de coherencia que no abunda por no decir que no existe. Pero sí para fundar esa base que sirva para que esa olvidada coherencia encuentre recipiente donde crecer y perpetuarse. Dirán que el problema empezó cuando se otorgaron los juegos. Así es, no se debería haber llegado hasta aquí. Dirán que hay otros campeonatos o actos de todo tipo que se celebran en países irrespetuosos con los derechos humanos y no se hace nada. Así es también, ejemplo de la falta de un cimiento sólido para la coherencia. A la falta de pilares contribuye en gran medida el olor del dinero, por el cual, cientos de de multinacionales invierten en China y en otros países sin preocuparse por la situación real, olvidándose muchas veces de los derechos de los trabajadores que manufacturan sus productos en condiciones poco edificantes, denunciadas afortunadamente cada vez más. El beneficio ante todo. Si no hubiera juegos, habría pena, frustración y despidos en muchas empresas de esas que dejarían de ganar ingentes cantidades de dinero. El mal menor es celebrar los juegos, piensan muchos, que los chinos arreglen a su ritmo sus problemas políticos, es decir, la falta de libertad, esa de la que se nos llena la boca cuando la citamos. Pero nosotros no estamos aquí para eso, el deporte está por encima de la política. Qué mala prensa tiene ésta y que buena prensa tiene aquel. Entretenimiento, sillón, zapatillas y deporte mundialmente retransmitido. El nuevo opio de un pueblo que quizás no soporta ver las tragedias y no quiere reflexionar sobre las raíces verdaderas que las provocan. Ya, dirán que es complejo y que no se soluciona en un día ni en dos ni con el boicot. Y tienen razón. Pero algún día habrá que empezar, ¿no? La hipocresía y la coherencia son valores enfrentados e incompatibles a menos que uno nunca abandone la hipocresía.
Semanas después del terremoto del 10 de Abril de 1933 en Los Angeles, California, durante el cual se derrumbaron 70 escuelas, se aprobó la Field Act, una ley que recogía normas estrictas para la construcción de los recintos escolares. Esta ley se fue exportando al resto del país y sirvió de punto de partida para prevenciones similares en otros países. Desde aquella fecha, dice la historia que nadie ha resultado herido en un recinto construido siguiendo esas normas.
El 12 de Mayo de 2008 un devastador seísmo en el suroeste de China dejó casi 100.000 victimas, muchos de ellos en recintos escolares. Todo el mundo ha alabado la implicación de las autoridades chinas y su aperturismo a la hora de permitir ayudas exteriores, en contraste con la posición de la junta birmana ante las inundaciones, oscura y deshumanizada. Faltaría más que las autoridades chinas no se implicaran, ¿no? No hay que olvidar que los dirigentes deben de estar al servicio del pueblo. Lo que no parece tener una crítica generalizada es la comparativa con Japón, que sufre terremotos de magnitud similar, pero donde los muertos se cuentan con los dedos de una mano, donde no se caen los hospitales, las escuelas y las viviendas. Está claro que las autoridades gubernativas chinas están lejos de implicarse en ese servicio al pueblo que tanto dicen amar.
¿Qué opinan los chinos? Por una parte, nos llega por los medios la imagen de un pueblo entusiasmado con la celebración de los juegos, con recepciones masivas al paso de la antorcha, con ganas de demostrar al mundo quienes son realmente. Pero otros medios hablan de silencio, de detenciones masivas de disidentes, de silencio informativo, de intentos de silenciar las webs y blogs más críticas,…En las Olimpiadas de México, en 1968, los llamados estudiantes “antipatriotas” gritaban: “No queremos olimpiadas, queremos revolución”. Diez días antes de la inauguración de los juegos, el 2 de Octubre del 68, en la Plaza de las Tres Culturas de la capital, un número indeterminado de personas murió, tras la actuación policial y del ejército, sin ver los frutos de esa revolución que estaban iniciando. En Pekin parece difícil que veamos manifestaciones como aquellas; no es de esperar que el régimen totalitario existente lo vaya a permitir.
Será que el humo de la contaminación que dicen que cubre las instalaciones chinas no es el que ciega nuestros ojos, no, hay algo más que los ciega.

gante

Dice la información turística de Gante que ésta, capital del mundo en su momento, tiene más que ofrecer que Brujas. Uno se encuentra menos turistas que allí, quizás menos espectáculo, pero lo que uno puede admirar es igualmente espectacular, un sitio verdaderamente acogedor para pasear y admirar su enjambre de casas y canales. Lugar de nacimiento del monarca Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, uno encuentra en su recorrido importantes bellezas arquitectónicas, una de las cuales, una minúscula casa, presenta en su fachada una representación de seis de las obras de misericordia, faltaría una. Si uno ya no se acuerda de sus orígenes de educación cristiana, merece la pena recordar las cuatro primeras, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo y dar posada al forastero. Esto es precisamente lo que hicieron, allá por el siglo pasado, año 1937, unos cuantos ganteses, y otros muchos belgas, acogiendo a muchos de los llamados niños de la guerra, los que fueron evacuados de España para no ver los horrores de la contienda, algunos de los cuales no fueron repatriados tras el final, quedando sus días inmersos para siempre en esa tierra de acogida llena de agua.

viernes, 25 de julio de 2008

brujas

Todos los cocheros que en sus coches de caballos pasean a los turistas por la ciudad de Brujas aflojan el paso al llegar al lago del amor. El ensanche de los canales forma un rincon acogedor y romántico al que los cocheros se refieren en múltiples idiomas para explicar que una joven, cuyo amor no era aprobado por su padre, se escondió por aquí y murió. El joven separó las aguas del lago y enterró a su imposible amor bajo las aguas. Después de recuperar el trote normal, el conductor seguirá recorriendo los múltiples recovecos del casco antiguo de una ciudad que no tiene desperdicio en cuanto a su estética arquitectónica, el cuidado del entorno y el gusto por lo bello que parecen tener los habitantes del lugar. Las leyendas se suceden en una ciudad que parece el escenario de un cuento de hadas o de una película medieval, donde los turistas somos extras del rodaje de miles de fotos y de películas diarias. Otro rincón que muchos visitarán será la Iglesia de la Santa Sangre que alberga una reliquia con restos de la sangre de Cristo. Fue Thierry de Alsacia, uno de los caballeros de la época, quién al termino de la segunda cruzada, en el siglo XII, trajo a Brujas las gotas que Jose de Arimatea guardó, según cuenta la leyenda. La iglesia no siempre presenta la reliquia para su observación; si ese día toca que sí, verá un cilindro con algo dentro que no se puede definir, mientras los altavoces hablan en múltiples idiomas invitando a los presentes a que besen la reliquia y a que dejen su donativo para el mantenimiento del templo. Múltiples e intricados recovecos siguen a la vera de unos canales navegables desde los que la perspectiva cambia. Seguro que a más de un cochero de esos que conducen bajo sombrero de paja, les preguntarán los turistas que cómo era Brujas cuando el conde Thierry llegó de Tierra Santa. Uno dificilmente puede imaginar esta ciudad sin la pulcritud de sus calles, que refleja la luz del mediodía, y sin los extras, que soñamos con una máquina del tiempo reversible, que nos lleve a noches oscuras bajo las estrellas en oscuros rincones donde sólo se escucha el ruido de cascos de caballos que vuelven de una guerra lejana trayendo consigo el cansancio, los muertos y las leyendas que perdurarán por los siglos de los siglos.

bruselas

La pequeña región de Bruselas, que incluye la capital del país, es una de las tres en las que se divide el país de Bélgica. Enclavada en la frontera entre las otras dos regiones, ofrece al visitante el multiculturalismo que tanto Flandes como Valonia, o al menos algunos de sus habitantes, parecen rechazar. Diferencias idiomáticas, culturales y como no, económicas hacen que los que ahora son más prósperos, los norteños de Flandes, incidan en las diferencias, acompañando el ruido sobre una posible división del país. Resulta también curioso que Bruselas sea la oficiosa capital de esa entidad llamada Europa, que alberga el parlamento europeo y desde donde miles de personas trabajan para seguir construyendo un futuro común para los habitantes de este continente. El ansia nacionalista de los vecinos contrasta con el afán integrador europeo y con los aires de ciudad cosmopolita de la capital. Uno encuentra en sus calles a muchos africanos, originarios de las diferentes colonias que Bélgica tuvo. Leopoldo II, rey del país en los albores del siglo XX se convirtió en dueño y señor del Congo, donde se enriqueció a costa de los de siempre. Mario Vargas Llosa, en el prólogo al libro El fantasma del rey Leopoldo, de Adam Hochschild, dice que es una injusticia que no se equipare a este rey con Hitler o con Stalin a la hora de juzgar las mayores salvajadas de nuestra última historia. Quizás sea el fantasma de este rey el que persigue a los belgas para hacer que no se quieran sentir como tales, que aborrezcan de un pasado no tan lejano, colonial y sangriento. El barrio de Matongue de Bruselas es el barrio africano que alberga a muchos de los que la vida ha ido poniendo desde ahí abajo aquí arriba en busca de un futuro mejor, buscando sólo vivir, en la ciudad que busca ser la avanzadilla de un nuevo país llamado Europa que haga olvidar fronteras. Lástima que otros las quieran poner.

domingo, 20 de julio de 2008

las abuelas

Me sorprende la extraordinaria lucidez de alguien que en 2003, a los 83 años, es todavía capaz de escribir y publicar esta colección de cuatro relatos, no siendo el último libro publicado. Debe de persistir la ilusión por contar cosas o por expresar lo que uno lleva dentro para que a esas edades donde el cansancio infinito parece ser omnipresente haya voluntad de seguir. Un estilo escueto la mayoría de las veces, directo, traza narraciones independientes y ambientadas en entornos y épocas diferentes pero con algunos temas comunes.

Como no, el amor en sus diferentes versiones, el amor paternal hacia los hijos, el amor de pareja, el imposible, fugaz, mantenido y revivido cual película a través del tiempo y la distancia, amor no materializado que mata la vida actual, hasta llegar a una confesión en alto delante de un desconocido: "es que no estoy viviendo mi propia vida". También hay amores casi prohíbidos y escondidos tras cortinas pero que también son verdaderos.

Las diferencias sociales, que parece que no se acortan nunca, el servicio fiel y cumplidor, la multiculturalidad que sólo interesa y sólo se acepta si se dan lazos parentales, la sordidez de las vidas que transcurren en pozos imposibles de ascender.

Los cambios en el acontecer de la vida que nos vuelve mayores, la falta de comunicación, quizás excusa para no entender a nuestros hijos, que tampoco nos entienden a nosotros, algo que sucedía ayer y probablemente sucederá el día de mañana.


Las abuelas (Doris Lessing 2003)

sábado, 19 de julio de 2008

colonia


Cuando se observan las fotos de la ciudad tras el paso de los aviones aliados se puede pensar en varios factores para explicar que el edificio más alto de la ciudad permaneciera levantado teniendo a sus pies un escenario tan devastado donde sólo algún edificio adyacente parece no estar dañado. Las explicaciones son varias. Descartando la mala puntería de los atacantes, parece ser que los habitantes de Colonia se afanaron en iluminar notablemente el espacio de la catedral para evitar que fuera bombardeada y también que sus altas torres servían de referencia a los pilotos, los cuales no estaban por la labor de desperdiciar una señalización tan magnífica. Otros atribuyen su buena fortuna al hecho de que el relicario más grande del mundo alberga los supuestos restos de los tres Reyes Magos, en honor de los cuales se construyó este templo, el monumento gótico de mayores dimensiones y el espacio más visitado de Alemania. Trapiñados en Milán y traídos a Colonia en el siglo 12, estos restos convierten a la ciudad alemana en uno de los lugares más visitados por los peregrinos de medio mundo. Sea lo que fuera, ahí está la construcción, majestuosa, como simbolo para recordar lo que nunca debe volver a suceder.

transfiguración

Hay libros donde el final nos deja perplejos, resoluciones que nadie espera nos dejan un poco fuera de sitio aunque la trama nos haya llenado o despertado sensaciones gratas. Hay otros libros donde el final es antológico, no tanto por lo que sucede sino por cómo se describe. Este es uno de ellos. Stanislaw Lem, escritor polaco, publica ésta, su primera novela, en 1948. Su país ha pasado la guerra, ha estado invadido y él ha sufrido en primera persona toda ella. Los muros del hospital donde transcurre la mayor parte de la narración parecen mantener a salvo a pacientes y personal médico de lo que sucede ahí afuera, año 1940, Polonia ocupada por sus vecinos alemanes. Los muros, altos, en la espesura del bosque, no evitarán que perciban la transfiguración, ese fenómeno que describe la transformación de algo, en este caso personas, revelando su propia naturaleza. Primero la ajena, esa que no esperan y no entienden, después la suya, como reacción ante la primera. De ahí hasta el final, sólo queda leer y esperar.

El hospital de la transfiguración (Stanislaw Lem) 1948

lo raro es vivir

A través de las andanzas de dos aventureros del pasado sobre los que la protagonista intenta escribir una tesis, se trazan idas y venidas de personas que pululan alrededor de la voz narradora, unos periféricos, otros vitales, unos que aparecen y desaparecen, otros que parecen ser importantes para acabar en intrascendentes. Magnífica novela de relaciones humanas y busqueda de lo de siempre, de ese sentido de una existencia cotidiana en lugares normales y corrientes, donde habitan los personajes, uno de los cuales, atormentado e indescifrable, dice que vivir y morir son dos caras de una misma moneda, y que lo raro es vivir. Carmen Martín Gaite publicó este libro en 1996 y falleció cuatro años más tarde.

Lo raro es vivir (Carmen Martín Gaite 1996)

el animal moribundo

Thomas Morton, allá por 1600, fué uno de los ingleses que cruzó el oceáno para convertirse en colonizadores de los hoy llamados Estados Unidos. Espíritu transgresor, se enfrentó a los peregrinos puritanos de Plymouth y fundó un lugar llamado Merry Mount donde la vida parece que era un poco más alegre y menos encasillada que en la colonia original. En su libro, La nueva Canaan inglesa, Morton dice que los puritanos "hacen mucha gala de religión pero carecen de humanidad". El protagonista de El animal moribundo, pone este ejemplo para hablar de esos personajes diferentes que en el mundo ha habido y a los que de alguna forma se suma para reclamar "Una utopía de franqueza". Así que siguiendo esa franqueza para consigo mismo, busca una independencia personal, que no soledad, huyendo del compromiso en el amor y en la familia, mientras que el sexo y la obsesión con la desaparición final fluyen por todos los rincones de la novela.
El animal moribundo (Philip Roth) 2001