domingo, 4 de septiembre de 2016

otros rincones



Ya viernes, se volverá a votar. Se volverá  a hablar para decir lo mismo. Los plazos, la burocracia. Las normas. Madrid bajo el calor. Turistas por doquier. El museo de historia de Madrid ocupa el antiguo Hospicio. Portada preciosa del XVIII. Llamado de San Fernando. Estilo recargado, churrigueresco, obra de Pedro de Ribera (Madrid, 1681-1742), discípulo de José Benito de Churriguera. La instalación cerró la última quincena de Agosto. No se había renovado el contrato del personal. De nuevo abierto en Septiembre, aunque la segunda planta está cerrada. Entiendo que por falta de trabajadores. Malos tiempos. Muy interesante la exposición y sorprendentemente mucha gente. Quizás ayude el hecho de que sea gratuito. Alguna obra de Goya, mucha pintura, escultura y objetos varios que van mostrando la evolución de la ciudad. Cuadros históricos de gran formato sobre la guerra de la Independencia o como el que muestra a José Bonaparte. Paseando las calles nos llegamos hasta San Antonio de los Alemanes. Ocasión de ver la cripta. Escaleras que bajan. Y sorpresa al encontrar varios enterramientos, entre ellos los de la infanta Berenguela, hija de Alfonso X el Sabio y la también infanta Constanza, fallecida en la infancia, hija de Fernando IV el emplazado. Buscamos acomodo para comer. Croquetas en Javier Martín, calle Toledo. Hasta 32 sabores, incluidos los dulces. Probamos dos de ellos, ricas. Entrando en el Madrid mas viejo descubrimos la iglesia de San Pedro el Viejo. Nos cuenta la persona al cargo de la tienda que es la segunda mas antigua de Madrid con torre mudéjar a la que no se puede subir dado su estado. Siglo XIV. Gente rezando. Santa Filomena en urna. Ventiladores y mucha devoción al Jesús Nazareno, el Pobre, talla del XVIII y al Dulce Nombre de María. Aprieta el calor. Turno para el Museo de San Isidro, o su casa, donde la tradición marca que vivió el santo junto a Santa María de la Cabeza y donde murió hacia 1172. Palacio de los Condes de Paredes. La visita es gratuita y gratificante. Se muestran también los orígenes de Madrid con restos de pobladores y animales de la prehistoria, hallados todos a orillas del Manzanares. Sorpresa en una de las salas. Aparecen los monumentos funerarios de Francisco Ramirez, secretario de Fernando el Católico, y de Beatriz Galindo, la latina, maestra de la reina Isabel. Son de alabastro y datan de 1530, obra de Hernán Perez de Albiz. Hermosos. El pozo del milagro sigue ahí. El paseo de vuelta nos lleva a refrescarnos. También hay horchata en Madrid. En Acquolina, plaza del dos de Mayo, sabrosa.

thyssen y caravaggio



Se llena la calle de cámaras y policías. Ellos estarán dentro, nuestros representantes políticos, elegidos hace no mucho, debaten y discuten, o aburren, en un sinfín de acusaciones de toda la vida, vistas y oídas ya muchas veces. Gestos, sonrisas, ironía, sarcasmo, absurdos que ocultan la estrechez de miras de la mayoría, mas preocupados por el mañana que por el futuro. Asumir responsabilidades tras fracasar no está de moda. Hartazgo de algunos ciudadanos, o de muchos. Otros se enrocan y no dejarán de votar su opción, la única, aunque existan manchas, raspones, o corrupciones. Como refugio la vida, y de la vida el arte, y del arte una exposición, y de ésta unas obras, y un artista, Caravaggio, rey del claroscuro. Y los pintores del norte. Expone el Thyssen. Del norte quiere decir de Alemania, Países Bajos y Francia. Visitan Italia y conocen la obra del italiano y es innato el incorporar ideas o simplemente hacer algo parecido. Pocas obras de Caravaggio y mayoría de los del norte. Mucha velas que iluminan las escenas y confieren oscuridad a los márgenes. Habría que viajar muy lejos, a Kansas City para ver lo que el italiano pintó en 1602. Un San Juan Bautista espectacular, propiedad del museo Nelson-Atkins. De 1598 es el lienzo de Santa Catalina de Alejandría, propiedad del Thyssen. Y de uno de sus seguidores, Dirck van Baburen, holandés, destaca el entierro de Cristo, de 1617. El artista gozó de la protección del diplomático español Pietro Cussida, y le encargo la decoración de la capilla de la Pietá, en San Pietro in Montorio, Roma. También se expone la última obra del artista italiano. Muy oscura, el martirio de Santa Úrsula. Incluye auto retrato del pintor. Otra muestra temporal es la dedicada a Caillebotte, 1848-1894, pintor francés, y jardinero. Amante de la naturaleza, la pinta en sus numerosas formas, desde girasoles hasta infinitas margaritas. Tiempo para recorrer la permanente y descubrir algo mas. Siempre aparecen sorpresas entre las salas de un museo que atesora joyas y mucho visitante.

jueves, 1 de septiembre de 2016

valencia



En una hora estamos en Valencia. Autopista para alcanzar una ciudad llena de turismo y vida. Recuerdos de otras fechas. Buscamos comida antes de nada. En la plaza redonda. La han cambiado, le han quitado el encanto de lo viejo. Ahora es uniforme, monocolor, antes era lo contrario. Quizás el cambio traiga mas negocio, mas llamadas al consumo. No hay quien pare esto. Comemos en restaurante sin cartel de nombre todavía. Abierto antes de las Fallas. La fideua nos dura ocho minutos, de reloj. Muy buena. Tardaron mas en cocinarla. Se llama el local La Redonda. Auguro futuro aunque nunca se sabe. La oferta es extensa en toda la zona. Una señora que vende pulseras de lana. Muy mayor, necesita dinero. Mucha gente pidiendo. El mercado central, céntrico, si conserva la antigüedad. Los puestos van cerrando. Descubrimos el xinxol, pequeña manzana, y que los melocotones saben bien. No cierra al mediodía, una iglesia. Restaurada hace unos meses. Le denominaron la Capilla Sixtina de Valencia. Tres euros la entrada. Lugar entregado tras la toma de la ciudad en 1278 a los dominicos. Varias reformas, templo gótico en el XV. Reforma barroca en 1693. Pinturas al fresco en bóveda y presbiterio. Realizadas por Dionis Vidal siguiendo el diseño de Antonio Palomino. Se muestran en la bóveda algunos hitos de la vida de los titulares del templo, san Nicolás y san Pedro Mártir, éste último dominico, natural de Verona. El lugar impresiona. Recogido a esta hora de la sobremesa poco a poco empieza a llegar gente. Mas joyas en las capillas como en la del calvario. Retablo de la crucifixión. Talla de Cristo sobre fondo pictórico de Juan de Juanes. Vidrieras que giran sobre su eje y ventiladores para paliar el calor. Quién diría que al final de un callejón aparece esta maravilla. La Basílica de la Virgen de los Desamparados abre a las cinco y se llena enseguida. Una señora ciega sube con ayuda a camarín. La virgen da la espalda al público. Hay que subir para verla. Ovalado el recinto y lleno de color. Frescos de Palomino, de 1701.Obra de mediados del XVII. La devoción está ligada al hospital de inocentes, locos y orates, creado en 1410. Parece ser que la imagen se colocaba sobre los difuntos. Mas tarde su amparo se extendió a mas desfavorecidos.
Valencia de rincones y plazas, de terrazas y calor. Andar y andar. Mucho visitante extranjero.
El museo nacional de cerámica y de las artes suntuarias “González Martí” es un espectáculo por fuera y por dentro. Situado en el Palacio del Marqués de Dos Aguas. Carruajes, indumentario, algo de pintura, escultura y mucha cerámica, todo ello subiendo escaleras que permiten ver el patio decorado. Salones de baile o visitas, dormitorios o antesalas. Las obras del palacio se inician en 1740. Portada de alabastro realizada por Ignacio Vergara con Virgen del Rosario de Molinelli. Cuadros de Pinazo en el interior. Descubrimos mancerinas, jícaras y aguamaniles. Tomamos algo en Blanquita, plaza del Dr. Collado. El músico callejero no puede tocar, no le dejan amplificar el sonido. Horchata grande y noche que se hace. Hora de volver. Valencia merecerá mas y dedicados días.

castellón-2



Viernes, los horarios del Tram no se cumplen. Nubes que luego se irán. En coche a la playa. La playa de Castellón se divide en tres tramos, inapreciable la diferencia. Extensa, ancha, con palmeras a un lado, con escasos edificios y de poca altura. Paseo con bicis también. Andar y escuchar. El mar, que no para ni parará de llegar e irse. Y volver, volver, en forma de olas que motivan o adormecen, que se anuncian blancas, espumosas. Reflejos de sol, barcos que se van, cabezas que asoman a la superficie. Pescadores, brillos, rocas, arena. Restos de vida. Montañas de Benicassim ahí detrás. Y una nube solitaria, huérfana. Alguno busca pokemons. La playa no era así antes. Desandar el camino andado, la arena que se pega, el mar que moja. Secarse al sol, las almas andan o hacen gimnasia o juegan o se tumban. Sombrillas, colores. Y el rumor como de caracola, incesante, eterno.

miércoles, 31 de agosto de 2016

castellón-1



Castellón tiene pinta de ciudad del sureste. Calles y cruces que me recuerdan a Albacete. Bordillos altos y aceras de tonalidad y material similar. Y muchas terrazas que combaten el calor, húmedo aquí. Es miércoles por la tarde. Paseamos para conocer el cogollo de una ciudad que parece dormida y casi desaparecida. Persianas bajadas y pocas luces en pisos. La playa manda. Cenamos en Blasón o Gambrinus. No queda claro el nombre. En terraza al aire libre. Todo bueno. La noche es ideal para el paseo. Lo hacemos. Y acabamos con horchata en sitio cercano al hotel después de atravesar el Parque Ribalta, espacio pequeño pero coqueto, lineal en su trazado y que ensancha hacia un costado. Vegetación y asientos para el descanso.
Despertamos en Castellón con cielo azul. Un jueves. Paredes blancas en patio trasero. Canastas de otro tiempo y palmera seca en patio de bajo. Mandarinas sudafricanas para desayunar en el parque donde ya hay runners y pájaros y sombras. Niños también, gente que se mueve aún siendo temprano. El Mercat Central está repleto de pescaderías. Mariscos que asoman, desconocidos, como la galera. O peces ya pelados y cortados longitudinalmente, como la musola, que es de la familia de los tiburones, tipo cazón. El mercado está en la plaza mayor y alberga vida. A su lado la Concatedral de Santa María la Mayor. Su reconstrucción tras la guerra comenzó en 1939 y culminó en 1999. Fría y con muros muy vacíos, ya sufre obras en su fachada principal. De recuerdo una talla de San Pablo del XVII, incompleta. Andamos para alcanzar el Museu. Cerámica, etnología, arqueología y bellas artes. Ambiciosa proyecto e interesantes colecciones. Para empezar nos topamos con una exposición temporal dedicada a Sorolla. Se presenta una colección de bocetos para su Visión de España. Los lienzos finales están en la Hispanic Society of America de Nueva York y los bocetos se han restaurado aquí en España. El audiovisual nos guía por los viajes del pintor por España para captar a vuela pluma y en trazos gordos lo que luego traspasaría al lienzo. Gente que posa para que él plasme sobre el papel. O escenas que traza para un posterior desarrollo. “Nos cuenta algo que ya no podemos ver nosotros”. Una España que ya pasó. La tecnología al servicio del arte. Talento para “captar momentos” o “la fuerza del instante”. Impresionados por lo visto pasamos a la permanente donde nos centramos en las bellas artes. Un par de plantas que no te pueden dejar indiferente. Para ello están los santos del taller de Zurbarán. O la Serenidad de Romero de Torres. Se alterna pintura y escultura. Mucho costumbrismo y realismo social. Autores nuevos para mí como Gabriel Puig que pinta al escritor de cartas o un enorme lienzo que representa la expulsión de los moriscos. Aún mas grande se presenta el firmado por Fernando Richart Montesinos,  lienzo que muestra la entrada triunfal de Jaime I en Valencia. ¿Por dónde se empieza a pintar un cuadro tan grande? Quizás por el ojo ensangrentado del caballo. Un par de esculturas y otro par de pinturas ya mas modernas completan la selección. Hora de andar hasta el Grao, o puerto de Castellón, comercial y deportivo. Zona de restaurantes y bares, al lado de las playas. Las grúas parecían mas cercanas enfilando la avenida que nunca acaba. Pero todo llega y nos recibe el Grao con sol gigante de cristal de murano adosado a una casa. Elegimos bien el restaurante. El racó de la bombita. Ensalada de crujientes y arroz del senyoret, para chuparse los dedos. Luego paseo, barquitos y agua, yates al fondo. Horchata en la playa, beach club, a ritmo de música machacona que incita casi a dormir. Cara. Volvemos en Tram o autobús tranvía. Un poco confusos los horarios. Paseo y cena en el Mesón Navarro de la Plaza Tetuán. Volvemos a atravesar el Ribalta.