viernes, 24 de enero de 2014

la peste



Sigo con Camus y leo La peste. Me recuerda a otras historias escritas posteriormente. Pero esta es la original. Habría que leer la literatura por orden cronológico para beber de las fuentes que todo lo llenan y que abrieron caminos. Sigue Camus con su estilo escueto y sereno, a pesar de esa peste que trastoca y arrasa, que mata y cercena, que aparta y separa, pero que también une. Que desquicia y aferra. Singular ejercicio de claustrofobia y miedo, el de una ciudad cerrada para aislarla del resto, donde sus habitantes siguen viviendo y conviviendo con la enfermedad. Cuando alcanza su máxima incidencia se llega al silencio, se asume la verdad y los habitantes se recogen, ensimismados en la espera. Dice uno de los personajes que no hay nada como sentir el tiempo en toda su lentitud para no perderlo. Uno de esos personajes verídicos o verdaderos, como el de Grand, magistral, el oficinista que no encuentra las palabras, que no puede expresarse como él quisiera, que no sabe salir de esa primera frase con la quiere empezar una novela. Que mira el escaparate y siente que la vida se le escapa, en uno de los mas bellos pasajes que recuerdo haber leído. Reflejado en ese espejo, llora. Imprescindible.

La peste. Albert Camus (1947)

sábado, 11 de enero de 2014

la radio



Diversos periodistas, de Canal +, el País, la Ser o del As, dan pie a esta recopilación de artículos o historias periodísticas con el deporte como telón de fondo. También con la solidaridad como destino, esta vez a favor de Unicef. Como no podía ser menos, el fútbol es rey, no sólo en el césped sino igualmente en la letra impresa. Hay de todo en esta búsqueda en el fondo de la memoria. Me quedo con la que se remonta más atrás, la que cuenta Juan Cruz y titula “A mí me salvo el fútbol”. La radio como vehículo de vida en tiempos donde las ondas escaseaban y donde el fútbol radiado era la ventana inmediata. Una delicia de artículo para que los más jóvenes aprendan cómo escribir de o sobre el fútbol como vivencia.

57 historias del deporte por una causa solidaria. 2013

gabino



Es 2013, víspera de Navidad, y la solidaridad muestra su cara en múltiples mercadillos. El que me ocupa lo organiza la Fundación Aladina orientada a los niños con cáncer. Múltiples puestos de todo tipo y entre ellos un escritor que promociona su obra a pie de mesa. Nos la dedica y la leo. Se trata de la primera parte de la vida de Gabino Valverde, un niño nacido en la posguerra que acaba huérfano pronto, internado después, y ya adolescente ingresa en la legión para delinquir después una vez licenciado. La prisión le cambia, descubre la fé y encuentra a su amor. Ahí acaba esta primera parte. El escritor o cronista de la vida de Gabino lo encontró un día en un banco de la Castellana, mendigo habitual de la zona, y le contó su vida. Ahora está enfermo e ingresado según cuenta Plácido. Habrá que ver si hay segunda parte para terminar la vida, o mejor, la crónica de esa vida de aventuras y desventuras.

Gabino Valverde- Crónica de un rebelde. Plácido W. Díez Gansert. 2011

domingo, 5 de enero de 2014

merindades



Las Merindades. Hasta el nombre es bonito, tierras del norte de la provincia de Burgos que recorrimos una semana santa lejana (2001), o más bien, los días previos al jueves santo. Días donde los coches todavía no han invadido carreteras ni los hoteles están llenos ni los sitios de interés se visitan con cola, donde las fotos se sacan sin espera, con nadie alrededor, y donde uno puede sentirse en otro mundo, y es que hay parajes donde todavía no llega el turismo de masas. Descubrí esta preciosa comarca gracias a mi amigo Miguel, criado en la zona, de hecho en uno de los pueblos que visitamos, Busnela, abandonado. Y los pocos días pasados perduran en la memoria ahora, años después, prueba de que las emociones intensas graban algo indeleble en el cerebro. Las fotos sirven para añorar y también para recordar. Como la Ermita de San Bernabé, cuya portada cubre la roca, interior excavada en ella, en un enclave que yo diría de los más espectaculares que se pueden ver en la península (Ojo Guareña). Los niños llevan bastón y abrigo, y a veces sale el sol como en el pueblo que un día fue y que hoy es pasto de hierbas que crecen desordenadas entre la escuela o la Iglesia. Enclave de silencio, la paz debe de ser eso, la ausencia de ruido. Agua en arroyos y riachuelos, agua del cielo, botas de colores para pisar charcos, el increíble Puentedey, donde la naturaleza horadó la roca por siglos, castillos y escaleras que suben a torres. La magnífica Frías, el silencio en una visita guiada en Oña, en la Iglesia de San Salvador, Santa Gadea, el balneario de Corconte, Espinosa de los Monteros,  Angosto, el monumento al Pastor…, ¿Cómo se puede hacer tanto en tan pocos días? Deseo de llegar, de conocer, y pequeños turistas que no pierden la sonrisa, que siguen a sus padres sin rechistar, no hay cansancio, no hay caras largas, da igual que se visiten iglesias o monasterios, todo se compensa con juegos, con un balón, con una pared donde golpear la pelota, hay descansos, con una mesa redonda donde contar los sueños de la pasada noche. Y todo eso ocurría desde el hotel Doña Jimena de Villarcayo. A partir de ahí carretera y manta. Y el descubrimiento de un artista, escultor. En Medina del Campo, en el convento de Santa Clara. Visitamos el museo, una pequeña sala, llena de objetos, y en el centro una urna de cristal y en su interior el Cristo Yacente de Gregorio Fernández, no es el único que realizó este escultor (1576-1636). Quizás estudiado en algún punto de la EGB, si fue así, olvidado. Punto de inflexión en Medina para apreciar el arte de otra forma. A la salida del monasterio había unos columpios. Momento de juego. Se amontonan las imágenes, sueltas. Inolvidables días, paradigma de felicidad en cinco jornadas.

víspera de reyes



Hay familiares del pasado que desaparecen en silencio pero que dejan huella. Le llamábamos el tío Antonio pero no era ese su parentesco. Los niños no entienden de ramas genealógicas salvo padre y madre. Era primo de mi abuelo y vivía en una pensión de la calle Florida, que nunca olvidaré, porque la habitación era estrecha y porque allí recibíamos regalos que traían los magos de Oriente la mañana del seis. Y solía haber anguilas de esas de caja redonda que yo creo que nunca terminaba, había otras cosas que no recuerdo, pero sobre todo había discos que recibía mi hermana. Guardo uno, fechado el seis de enero de 1971. Yo tenía ocho años recién cumplidos. Del gran Jorge Negrete. Single de cuatro canciones. Hubo más y recuerdo el tocadiscos, y quizás sea culpa del tío Antonio esa mi pasión por la música. Tengo otro que no tiene dedicatoria pero que apostaría que él compró. En la tienda de Mendía, todavía activa, óptica que sigue haciendo gafas y que dejo de vender música hace tiempo. Antonio Machín y sus angelitos negros. Y su cara de simpatía en una esquina de la pequeña portada. Una joya. Ya no suena porque mi tocadiscos desapareció, pero la oigo en ipod, nunca olvidaré esa canción. Hace poco oí una versión de Eartha Kitt (1927-2008), la mujer más excitante del mundo, según Orson Welles. Canta en un perfecto castellano y con dulce voz. Me acordé del tío Antonio,  se murió calladamente y no guardo los detalles, se iría al cielo, me dirían, ya no hubo pensión, ni regalos allí, ya no hay pensión de hecho. Guardo algunas fotos, siempre con traje, elegante y mayor. Le tenía que gustar la música, seguro.  

sobre Andalucía y Cataluña



Tras recorrer Cataluña y Andalucía en 1965 Julián Marías escribe este libro. Para empezar ésta es su divisa: “siento avidez por ver el mundo, por saturarme de realidad”. Quién así parte tiene mucho ganado y es normal que añadiendo reflexión y sentido común sea capaz de diseccionar realidades culturales y sociales.  Y el autor es un maestro en ese sentido. Acaba la disertación sobre Andalucía con las tres palabras que según él resumen la actitud andaluza ante la vida: “vale la pena”. Y después de tantas páginas de análisis uno se sorprende de lo certero del diagnóstico. Y sobre Cataluña, ahora que casi cincuenta años después sigue sin encontrar su lugar o algunos responsables, llamados políticos, no quieren que lo encuentre, Marías deja una frase para la historia de entonces, de ahora y de siempre. Algo que los que ahora tienen en sus manos la responsabilidad histórica de gobernar deberían leer y releer:
“si yo fuera quién, aconsejaría a los catalanes que al proyectar se preguntaran en serio por las condiciones de viabilidad de sus proyectos. Cuando se piensa, un imperativo esencial es seguir pensando. La mayor parte de los proyectos que afloran hoy en España, tras un largo periodo de atrofia imaginativa, no resisten esa prueba…”
No se puede decir más con menos.
Nuestra Andalucía y consideración de Cataluña. Julián Marías. 1972