jueves, 8 de noviembre de 2012

de misiones - verano del 92 (4)



Dicen los que no saben que Estados Unidos no tiene historia. Ya es historia lo que dijeron esos sabios,  hace unos minutos o unos meses o unos años. Todo es historia, evaluable en unidades de tiempo, desde el momento en que no podemos congelarnos y parar el inexorable reloj. Otra cosa es que no guste su historia, que por cierto, también puede considerarse nuestra, dependiendo del grado de nacionalismo patrio acérrimo. Y de parte de esa historia hablaré aquí.
Las misiones de California atestiguan la huella española en América. Medio de expandir el catolicismo por los confines de la tierra, fue a partir de 1769 cuando los franciscanos miraron hacia la Alta California. No seguiré orden, la de Santa Clara es la octava en orden de fundación de las 21 existentes. Fue en 1777, unos años después, tras la incorporación de California a la Unión pasa a ser regentada por los dominicos italianos que buscaban un lugar para asentar un colegio. De ahí pasó a ser, un poco más tarde, la primera institución de estudios superiores del estado. El edificio actual es una réplica del original excepto algunas de sus 12.000 tejas que provienen de aquella primitiva misión.
Carmel tiene misión y playa, de esas que son diferentes. Es un encantador pueblo para la clase acomodada, que busca el descanso tras el trabajo o que trabajó para una buena jubilación. La playa no es al uso de las de aquí, no hay torres hacia el cielo, apartamentos ni hoteles, hay casitas, chalets, diseminados tras las dunas, y hay árboles y un estado salvaje falto de urbanización al que no estamos acostumbrados aquí, y se accede al lugar casi de repente, abandonando el último asfalto y pisando arena. Este lugar se hizo famoso en su momento por ser su alcalde Clint Eastwood. Las aguas del Pacífico son como todas, el mar es azul, en base a reflejos, las olas siguen las pautas universales y los paseantes disfrutan a su manera, en ausencia de tumbonas, toldos y chiringuitos. La palabra es encanto. En la misión de Carmel está enterrado Fray Junípero Serra, el responsable de la expansión misionera por tierras del norte, que murió allí, y donde pueden verse algunas de las estancias que él habitó.
La misión más al sur de California es la de San Diego de Alcalá, en la ciudad de San Diego y fue la primera misión, ya en tierra de Alta California, fundada por Serra el 16 de julio de 1769. Llegó a ser conocida como la madre de las misiones. Atacada por los nativos en 1775 fue destruida y allí murió el padre Luis Jaime cuando intentaba calmar los ánimos de los atacantes siendo enterrado allí mismo. Serra se encargó de repararla y de hacer crecer la cristianización de los indios de los alrededores a la par que servía de fuente de trabajo vía la agricultura y la ganadería para la gente de la zona.
Un poco más al norte se encuentra la misión de San Luis Rey, fundada en junio de 1798 por Fermín Lasúen y nombrada así en honor al patrón de la orden franciscana, San Luis IX, rey de Francia. Floreciente misión que dotó de alojamiento a gran número de nativos, pasó a manos del gobierno mexicano en 1833. Justo un mes antes de su asesinato, en 1865, Abraham Lincoln devolvió la misión a manos de la iglesia. Destaca la original fuente bautismal hecha de cobre y trabajada a mano por los indios. Todavía se puede observar en la entrada de la misión el primer árbol de pimienta que se plantó en la zona, traído en barco desde Perú y plantado en 1830.
La misión de Santa Bárbara es hermosa. Reluce al sol en una pequeña colina. De nuevo Lasúen, sucesor de Serra, alza la cruz el 4 de diciembre de 1786 y la pone a cargo del padre Antonio Paterna. Derribada y construida de nuevo, tras terremotos y otras cosas, el edificio actual data de 1820.
La misión de San Juan Bautista se encuentra justo encima de la falla de San Andrés, la responsable con sus movimientos de que la tierra tiemble. Allí al lado un sismógrafo recoge la actividad de la corteza terrestre. Y ese día que echamos un vistazo a ese aparato la tierra se mueve lo justo y todos esperan que no pase lo que los profetas anuncian y es que esta bola redonda se abra a los pies como tantas otras veces, así que esperemos que la fractura de la falla quede tranquila por un número infinito de años.
La de San José es la número 14, fundada también por Lasúen en 1797 también ha sido reconstruida varias veces tras terremotos y movimientos. Sirvió como lugar de entierro para muchos pioneros de la misión así como para muchos de los nativos que poblaban la zona antes de la llegada de los franciscanos.
Y por último, conocida como Misión Dolores, llegamos a la misión de San Francisco de Asís. El lugarteniente José Joaquín Moraga mandaba el grupo que llegó a la bahía el 27 de junio de 1776. Antes, otro pequeño grupo de exploradores llamó a un riachuelo en la misma zona como arroyo de Nuestra Señora de los Dolores.  El cementerio es pequeño y alberga tumbas simples y fosas comunes donde reposan algunos de los caídos tras la llamada “Fiebre del oro”.  Aquí reposan también los restos del primer alcalde de la ciudad, Don Francisco de Haro. Aquí se acaba esta historia, o comienza, porque la historia está ahí para leerla, y ahondar,  y comprenderla, y ponerse en la piel de los antepasados de todo tipo y condición, pero eso depende de usted.

martes, 6 de noviembre de 2012

si de silicio-verano del 92 (3)



Es tomar el coche en el aeropuerto, incorporarse al tráfico y quedar sumergido en la maraña de vías que van y vienen, y hasta quedar atrapado en atascos, que los hay como en todos sitios, con carteles de color verde por todos lados, que indican salidas y rutas, en circulación reposada la mayoría de las veces, se conduce sin prisa allá, se puede hasta disfrutar y no se pisa al compañero de vía. Todo se confunde en la zona al sur de SF, me refiero a los límites urbanos, no hay campo entre medias de los núcleos de población y comercio que llenan el terreno surcado por avenidas y calles. Desde Sunnyvale a Santa Clara, pasando por Cupertino y volviendo por Mountain View a San José, que es la capital del Silicon Valley. Fundado como Pueblo de San José de Guadalupe, allá por 1777, servía de lugar para plantaciones y ganaderías que abastecían a los campamentos militares cercanos. Hoy, o más bien hace muchos años, el ganado dejó paso a un negocio más floreciente y las grandes compañías de microprocesadores y ordenadores del planeta tienen aquí sus cuarteles generales. Al sol de California creció una industria que inventó el microprocesador, aquello que tecnifica el mundo, presentes en tantos aparatos que nos sorprenderíamos, algunos los manejamos ahora, otros nos manejan, nuestros hijos y nosotros nos entretenemos,  todo eso cambió el mundo y el valle, riqueza para muchos.  Parece un contrasentido que en esta ciudad, que fue la primera capital del estado de California, haya un guiño al pasado tan remoto como el de los faraones, y que albergue el museo egipcio Rosicrucian, de arquitectura inspirada en el templo de Amon. Fue fundado por Harvey Spencer Lewis, pilar igualmente de la orden Rosicrucian de San Jose, u orden Rosacruz, dedicada a la investigación, estudio y aplicación práctica de enseñanzas espirituales, esotéricas y místicas. Lo místico en compañía del pragmatismo que nos acompaña, signo de los tiempos, cambiantes y equívocos, llenos a pesar de todo de supersticiones, como la que llevó a nuestra siguiente protagonista a entregar su vida al temor de los espíritus. Sarah L.Winchester casó en 1862 con el único hijo del creador de la empresa que fabricaba los famosos rifles Winchester. Perdieron a su única hija en el 66 y el marido falleció en el 81. Con el 50% de la compañía en su poder y convencida por un médium de que la única posibilidad de apaciguar los espíritus de aquellos muertos por el "rifle que conquistó el oeste" era construir una mansión, pero sin parar, puso manos a la obra y pasó los últimos 38 años de su vida enfrascada en una casa que nunca tenía fin, con turnos de trabajo que cubrían las 24 horas, con excentricidades derivadas de esa obsesión, como las escaleras que no llevan a ninguna parte o las puertas que se abren al vacío, o su empecinamiento con el número 13, como las 13 palmeras del jardín, o las 13 veces que la señora Winchester firmó su testamento. A su muerte la construcción paró por fin y ya los espíritus no tuvieron a quién molestar. Llamada la Winchester Mistery House hoy es una atracción turística en San José y alberga una de las mayores colecciones de rifles de la costa oeste. Y para finalizar, recuerden que todo empezó por el silicio, ese elemento químico que se representa en la tabla periódica con la afirmación castellana universal.

intro segunda parte-verano del 92 (2)



 Y como no, tres meses dan para mucho, con sus fines de semana y hasta con una semana de vacaciones, dan para manejar coche y hacer millas, de norte a sur y de sur a norte, con incursiones hacia el este que al oeste ya queda el océano, para descubrir por qué California tiene ese algo que atrae a la gente. Fue el oro al principio, la fiebre del dinero. Será todo después, el clima, sus gentes, el entorno, hasta la paz, será que lo llevábamos dentro, digo la paz de espíritu, al fin y al cabo somos reflejo de nuestra alma y si ésta vive en armonía todo funciona mejor. Esta es la crónica de viajes, visitas y estancias, sin cronología, de apuntes sueltos de sitios miles, que ya antes había visitado en visitas de trabajo y que volví a visitar posteriormente en otras ocasiones. En esa semana larga de vacaciones en que bajamos hasta el sur nos acompañó mi hermano que voló a California para guardarla en la memoria también. Así que mezclaré cosas y recuerdos y quizás lo que digo que vi en el 92 lo vi ya en el siglo XXI o antes, no lo sé, solo sé que volveré, si el tiempo no lo impide, y SF será de nuevo el punto de partida desde el cual dar rienda suelta a la locura de viajar con rumbo pero sin prisa, con afán de sentir y descubrir.

lunes, 5 de noviembre de 2012

a modo de introducción-verano del 92 (1)



Las Woodfin Suites de Sunnyvale, California ya no existen como tales. Lo que eran apartamentos a modo de recinto hotelero dieron paso a pisos privados. En mi memoria siempre existirán. Se puede ser feliz con poco o con mucho según se mire, en lo material basta con un piso reducido, una habitación, un salón cocina y un baño, nada más, nuestro espacio de vida para tres meses de trabajo en la Tandem Computers. Y con algo de dinero para viajar, eso siempre ayuda. Y lo anímico se disparó hacia arriba, también ahí se puede estar en las nubes con poco, pero pareciera infinito, es cuestión de varas de medir. Es esa alegría que fluctúa en función de la vida y sus momentos. Y entonces tocaba proyectar a futuro y lo hicimos, y volamos dos en la ida, y regresamos dos más uno, un esqueje de vida que luego se llamó Mikel; por eso y por muchas otras cosas, el verano del 92 será siempre ese verano en el que nos quisimos tanto.

retratos



El retrato es inherente a la condición humana, bien ajeno o propio, persiguiendo el afán de plasmar la belleza, el estado, o simplemente reflejar a ese otro u otra que está al otro lado, más allá del lienzo, y la muestra que se exhibe en la fundación Mapfre de Madrid, traída del Centro Pompidou de Paris bien vale una visita, y un paseo tranquilo por las salas que muestran un poco de todo, realismo y no, algo que no se parece a persona en oposición a lo que pareciera una foto. Y descubro a varios artistas, como Modigliani y su Dédie estilizada. Y también a Marie Laurencin y su Baronesa Gourgaud, y a Tamara de Lempicka y su Kizette, y a Boris Grigoriev y su Challapi, y también a Cassandre y su Pierre Reverdy, y son todas obras del siglo XX de artistas nacidos a finales del XIX, artistas únicos, cada uno con su estilo, retratos que denotan cercanía o melancolía, tristeza o serena actitud, con gestos que definen a las personas, o que plasman únicamente ese instante en que quedó la imagen grabada en la mente del artista.

sábado, 3 de noviembre de 2012

la stasi

El relato del muro de Berlín es la crónica de una pared que dividía algo más que un posible país. Las historias que cuenta la autora australiana son de gente que queda atrapada por los caprichos de la historia al otro lado del muro, en situación de observación continua, objeto de espionaje que a veces resultaba hasta ridículo. Situaciones distintas y terribles, intentos de fuga, buscando reunirse con el hijo recién nacido, enfermo, al otro lado, toda una sociedad en estado de alerta, atada por el poder, ante la amenaza exterior. Ese mundo desapareció, casi de un plumazo, y parece un éxito que antiguas oficinas de la Stasi, o aparato de seguridad de la antigua República Democrática Alemana, sean ahora un museo que recuerda a esa parte del país que se construyó sobre mentiras.


Stasiland (stories from behind the Berlin wall) 2003. Anna Funder.