domingo, 16 de septiembre de 2012

sueños



No todo es ganar, a veces se pierde, tener un sueño o no tenerlo, y encontrarlo o no. Son cien historias, de habitantes americanos, donde el protagonista habla y el periodista escucha y apunta algo, pero poco, lo deja estar, y las hay de éxito y de fracaso, de vidas superadas o atascadas, de miseria y lujo, de lucha casi siempre, de recuerdo. Cada una de las historias podría ser un libro en sí mismo y es que resumir las vidas, a cualquier edad, no es fácil, no son tanto los años los que alargan la historia sino el qué se haya vivido o el cómo. Hay vidas jóvenes que condensan en pocos años vidas centenarias. Cada historia es fascinante, algunas rompen la paz y otras la engendran. Hay definiciones de vida, vivir es soñar, y elegir, y tener expectativas, y esperar porque el futuro va a traer algo, y buscar la oportunidad, vivir es respirar para hacer algo, tener algo cada día por lo que seguir. Y un protagonista debatía si merecía la pena vivir y su contrario decía que no pero él decía que no sólo merecía la pena sino que era una obligación vivirla. Y soñar fue para muchos llegar a los Estados Unidos en busca de algo, con la etiqueta de emigrante. Algunos lo encontraron, el algo, el sueño, otros no, no tuvieron tiempo o trabajaron hasta la muerte. Y para algunos todo fue una ilusión, humo de magia desvanecida o película donde eran los protagonistas sin final feliz. Cabe todo en este libro. Y puestos a elegir me quedo con la alucinante vida de John Howard Griffin, escritor, que llegó a oscurecer su piel para sentir en sus propias carnes el trato de la discriminación racial. Búsquenlo en google, su vida es de otro mundo.

American Dreams: lost and found. Stud Terkel (1980)

viernes, 14 de septiembre de 2012

un poco de cuplé



A veces uno aprende cosas, la mayoría de los días, y si no aprendes malo, es que no estás atento o tu alma ya cerró. Hoy aprendí un poco de mucho, aprendí que la palabra chotis viene del término alemán schottisch (escocés), que el baile proviene de Centroeuropa, que todos somos hijos culturales del viento que todo lo esparce, aprendí también que la música no cansa, que se puede ver un espectáculo 60 veces, que se puede tomar la mano de tu mujer, que a duras penas puede andar, e ir viernes tras viernes a buscar asiento delante de la artista y probablemente a soñar y evocar con las mismas canciones. Ese es Don Lázaro al que la artista conoce ya por su nombre y al que la edad todavía le permite deshacer cortinas de agua en sus ojos cuando habla de "La vie en rose". Y me dice antes de empezar que me gustará y se lo recuerdo al final. La experiencia es un grado.Y la culpable de ésto es una artista, es Olga María Ramos, con la que también aprendí que se puede contener el aliento durante unos minutos y escuchar y sentir al mismo tiempo, que la canción es algo más que voz, que es interpretación también, y que si alguna vez escuche el cuplé “Nena” quedó en el olvido, y quedó superado por lo que me llegó esta noche, y quiera el avance del tiempo que la química de mi cerebro no lo olvide, y es que disfrutar es también acurrucarse casi y sentir la congoja ahi, expectante, y eso debe de ser la vida, seguir aprendiendo, en la penumbra de una sala, en un ambiente que mezcla humor, picardía, sentimiento y amor, en ocho filas escasas, de teatro de barrio, pequeño pero colosal, evocador de tanto con tan poco, una voz, un piano, Olga y Pablo, y el alma volcada sobre el escenario.

Olga María Ramos. Teatro Prosperidad de Madrid.

sábado, 8 de septiembre de 2012

es lo mismo



Llueve sobre Alcobendas, la última vez que vi llover fue en Berlín, ha pasado tiempo, más de un mes, llueve igual, sobre seco y después sobre mojado, llueve para abajo, la tierra huele igual, todo es igual, cambia la expresión de la sorpresa, que no el pensamiento, cambia el idioma, pero el rayo ilumina igual y los truenos hablan el mismo lenguaje. La vida sin agua no tiene sentido ni realidad. A unos les gusta fumar, a mi me gusta ver llover, mientras las nubes vienen y van, mientras todo se inunda de frescor, mientras la vida se para por unos momentos, las calles se paran, los transeúntes se refugian, esperando, mirando al cielo, de las pocas veces que se mira hacia arriba, y que se puede mirar, sin la luz cegadora del sol, que fuerza a la gente a esconder sus ojos tras gafas oscuras de sol, quizás para esconder su desesperanza o su hastío o vaya a saber usted qué. Llueve y manda el agua, flotan las hojas, y el hombre espera, uno de los pocos momentos donde el humano todavía no tiene la última palabra.

23-f



Leo con verdadera avidez el libro. Lo primero que me viene a la mente es donde estaba yo aquel día, 23 de febrero, lunes, y estaba en Bilbao, estudiando en mi habitación del colegio mayor y ya era de noche y algún compañero vino a dar la noticia y enseguida la incertidumbre, que no miedo, sí lo era para algunos que esa noche abandonaron el colegio para huir a Francia, temiendo por su vida y la de los suyos. Y entre radio y teléfono pasamos la noche, esperando. Y cuando leo a Javier Cercas le doy la razón, no eran los tiempos aquellos tiempos de salir a la calle a luchar por la democracia, nadie se movió, pocos gestos, sólo cuando ya el golpe parecía fracasado se alzaron las voces. Sería el miedo, sería la desesperanza, sería que el rival parecía poderoso. (Sólo unos días antes Bilbao se movilizó contra el secuestro y posterior asesinato del ingeniero Ryan por parte de ETA). Sí, me reafirmo, el rival era de categoría y siempre se dijo que el miedo es libre. Todos en casa esperando y salió bien, menos mal. Y el libro refleja la soledad del gran protagonista, Adolfo Suarez, aquel cuyo gesto ante los golpistas marca el libro. Sólo secundado por Gutiérrez Mellado y por Carrillo, esas imágenes dan para muchas interpretaciones, pero una es clara, se jugaron el tipo por la democracia. Y el libro sorprende por su amenidad y me sirve de repaso a la historia, y descubro muchas cosas que desconocía, como la ingratitud para con Suarez, cuyo reconocimiento llegó tarde, “falso y forzado”, cuando ya parecía que su enfermedad lo había apartado del mundo. Y para finalizar, el epílogo, y dentro de él su última sección, es antológico y no cierro el libro sin sentir un escalofrío y algo más.

Anatomía de un instante. Javier Cercas (2009)

jueves, 6 de septiembre de 2012

antología rota


Es este un libro que abarca muchos años de creación, desde 1920 hasta el 67. Se nota la amargura de la posguerra, y desde el exilio mexicano el poeta destila amargura, llanto, lástima y sed de justicia. Clama contra la pasividad internacional, contra la Iglesia cómplice y aplaca su sufrimiento escribiendo. Para muestra un botón:

"La verdad es…que cuando Franco, el sapo Iscariote y ladrón, con su gran escuadrón de cardenales y banqueros se atrevió a decir que la guerra de España era una cruzada religiosa y que Dios estaba con ellos…al poeta le entraron unas ganas irrefrenables de blasfemar".

Nueva antología rota. León Felipe (1974)

martes, 4 de septiembre de 2012

cuentos


Perdió la palabra el Madrid cuando despidió a Valdano y se quedó con la furia, a veces silenciosa, la del entrenador, con eterno gesto de persona no satisfecha, y la de su estrella insolidaria, necia, infantil, y fuera de lugar. Pero para eso están los hombres dirigentes, para tomar decisiones, para equivocarse y para no saber reaccionar. Mientras el señorío del club toca fondo, ¿existió alguna vez?, el fútbol vuelve a driblar a la realidad, a acaparar portadas más de corazón que de balón y a interesarse por el enfado del genio cuando la sociedad naufraga en la crisis, económica y algo más. ¿Para cuándo los medios de comunicación dejarán de servir de amplificadores de lo absurdo? Y bien que informen de la actualidad pero que sean críticos con la tontería y las poses. Cuestión de negocio quizás. Mientras llega el desenlace de esta historia me quedo leyendo a León Felipe, a quién recomiendo entregarse para no perder el tiempo en la maraña de lo innecesario:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen los cuentos…
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…
Y que el miedo del hombre…
Ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos…
Y sé todos los cuentos.

León Felipe (1941-42-44)