sábado, 24 de octubre de 2026

vaivén

Enfrente nuestro estaba él hablando por teléfono con esas cosas blancas que cuelgan de las orejas, también sonreía con los ojos entrecerrados, de repente miró a su derecha y se levantó como si hubiera visto al mismo diablo y a pasos rápidos avanzó por entre los vagones abiertos hasta sentarse lejos de nosotros. No le dije nada a mi madre que iba leyendo el móvil que no se separa de su mano. Miré hacia mi izquierda, acababa el tren, íbamos en el último vagón y se veía un asiento a través de la puerta que se abría y cerraba con cada vaivén; allí no podría haber conductor porque entonces conduciría marcha atrás y eso no era fácil; cada vez que se abría la puerta volvía a ver el asiento, solo si alguien fuera muy bajito podría ir oculto allí mirando como las vías se alejaban, quizás fuera un diablo pequeñito lo que ese señor vio.

No hay comentarios: