Salió a buscar unas manos que pudieran alternar con las suyas en combinaciones varias, que tiraran de él o que él tirara de ellas para hacer una parada aquí, para ver algo especial, para sentarse a escuchar la música o las palabras, manos que se hacen compañía, que se acompañan en la pausa y en el camino, que se rozan y se sienten, que a veces se suben por los brazos o se bajan por las piernas, o se posan allá donde se pierden los sentidos. Las veía a cientos, a miles, muchas ya enganchadas, muchas solas y vio una que caminaba, mano que usaba los dedos para avanzar en un banco de madera de un parque muy grande de Madrid, iba y volvía marcha atrás; como el banco era largo quiso sentarse, ella dejó de moverla, y él, tras unos instantes en los que cerró los ojos y respiró profundamente, hizo caminar su mano con dedos tímidos hacia el centro del banco. Tras unos eternos segundos de indecisión abrió los ojos para ver que ella ya no estaba.
sábado, 19 de septiembre de 2026
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