martes, 11 de agosto de 2026

músicas

No despego, no soy un avión, escucho música, escucho palabras que me suenan a algo que no quiero oír, huele a humo, incendios cercanos, estelas de humo, respiramos cenizas que no vemos, ya pasaron las hogueras de esa noche donde algunos se empeñan en vivir como si al día siguiente el sol dejara de existir. Sin nada especial que hacer me senté en el parque, en un banco, ambos, parque y banco, estaban desolados. Me acordé de Forrest Gump y me eché a llorar, siempre me pasa, pero a mi lado no había nadie a quien contarle una historia, entonces decidí correr, sin alma llevada por diablos, solo mi ser de carne y huesos corriendo sin ton ni son pero corriendo, escuchando solo a mi respiración, saltando de un día a otro, saltando de un mes a otro, saludaba con una mano a quien no me conocía y seguía sin mirar hacia atrás dejando tierras, calles, carreteras, pronto estaré lejos, pensé, rompí vallas que el hombre puso para que no pasáramos, troté por hierbas agostadas, escuché el Canon, lo perseguí hasta encontrarlo, siempre tocaban lo mismo, una y otra vez, allí me paré y escuché y volví a escuchar mientras una sola lágrima me bajaba lentamente, la dejé que terminara su camino, mis ojos sin pestañear viendo a los músicos, envidiando lo que hacen, quise hablarles, no pude, la chica del violín me vio, nos vimos, decidí seguir manteniendo esa mirada, andando marcha atrás, dejé de verla, dejé de escuchar el Canon, ya en ese momento corría de nuevo en busca de otras músicas.

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