Cada vez que empieza la liga de nuevo puede que sueñe con el balón, y me digo (y me veo) que jugué en patio de colegio, incansable, atravesando minutos largos que llenaban tardes de ida y vuelta, con goles aquí y allá, con resultados irreales, con gritos desaforados y con cansancio de niño.
Que jugué en campos de arena donde a veces el agua formaba mares y donde el barro podía ser aliado, por eso añoro pisar los charcos persiguiendo un balón, por eso siempre los busqué sin pelota.
Que jugué en todas las superficies posibles con todos los esféricos posibles, alguna vez con algo que no llegaba a esfera.
Y a pesar del bochorno nocturno puede que siga jugando en esos sueños a todo lo que pueda llamarse fútbol.
Que jugué en campos de arena donde a veces el agua formaba mares y donde el barro podía ser aliado, por eso añoro pisar los charcos persiguiendo un balón, por eso siempre los busqué sin pelota.
Que jugué en todas las superficies posibles con todos los esféricos posibles, alguna vez con algo que no llegaba a esfera.
Y a pesar del bochorno nocturno puede que siga jugando en esos sueños a todo lo que pueda llamarse fútbol.
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