domingo, 16 de agosto de 2026

bailar

Un día cualquiera de Agosto vi a un señor mirarse su mano izquierda como si no fuera suya, también a otro que hablaba solo, o al menos vocalizaba su discurso sin ruido removiéndose en su asiento. También vi al que dormía en lo alto del tobogán infantil, también al que lo hacía al raso o al que gritaba después de haber dormido en el banco, o al que en el metro llevaba sudadera, gorra y capucha a la par que los demás maldecíamos el calor. Seguro que vi muchas mas cosas que no soportaron el filtro de la retina o la desidia de la buena mañana. 
Todos momentos únicos e irrepetibles, como la música en la residencia donde Vale animó la tarde con emoción, bailes y caída, y asomaron canciones que yo creía olvidadas. Hubo eclipse, ya tan visto en mil imágenes previas que yo sin gafas me senté de espaldas, con empanada y dos latas, los que estaban cara al sol con sus gafas no sé qué verían, los perros no miraron pero los humanos adoramos al astro, yo sentí la oscuridad total, momentánea, fue tan breve esa noche corta que mis escasas expectativas quedaron refrendadas, todo empieza y todo acaba. 
Pero nada, nada tan único e irrepetible como bailar Lady Madrid con él, que mueve tronco, piernas y cabeza, nada como contestar sus preguntas y volver a contestar, o como jugar, leerle cuentos y volverlos a leer, o como pasear al lado de árboles infinitos, perros juguetones, nenes, motos y coches, o como elegir columpios con pasos que lo son y no lo son después de que él busque mis manos y yo raudo las tome, un día él no se acordará de todo esto, yo siempre.

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