martes, 4 de agosto de 2026

agosto

Ruido ensordecedor y velocidad endiablada en el metro, pareciera que hoy corre mas, cuatro de Agosto. Poco a poco se suma gente, todos sentados y sometidos a fuerzas que nos agitan y bambolean, todos absortos. Observando encuentro unas  bolsas bajo unos ojos que son atractivas, pequeñas, minúsculas, todo mientras suenan mensajes repetidos, disculpen las molestias, o, no crucen las vías. Hay conversaciones que no pueden esperar, hay toses, hay cambio de tren, corremos como si no hubiera otro. Parece que jugamos al juego de la silla, los mismos en posiciones distintas, aquí sobran asientos y no nos hablamos ni nos reímos. Es este un tren flexible que se amolda a una vía que no es recta, sin esa capacidad de adaptación estaríamos muertos. Las sandalias no son de oro, solo deslumbran con monedas sin valor ni acuñación, los dedos finos y delgados están perdidos. Calor de abanicos en la línea 1. Tras viajar debajo de la tierra vienen mas verbos, andar, subir, regar, bajar, ojear, comprar, obrar, comer, andar mas, todo en un barrio que no está vacío, solo a medio gas con cierres bajados y cierres abiertos. Busco la sombra y antes de caer bajo el calor implacable vuelvo a las profundidades, inmersión rápida en un mundo de confesiones.

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