A veces pongo musica mientras cuelgo la ropa y eso me aísla del ruido de la calle, de los mensajes que intercambian los vecinos a gritos en el patio y de todo lo demás. Las pinzas, una a una, sin prisa, me fastidia mucho que alguna prenda caiga en el patio cenagoso.
A veces no puedo con mi alma ni con las pinzas ni con la cesta de la ropa, lo dejo para mañana, es decir, procrastino. Es lo que dicen ahora los que saben de palabras. Y me siento a tomar una cerveza bien fría sin pensar en la ropa.
A veces me gustaría que no me despertara ese ruido atronador que hace la vecina cuando tiende ropa fuera de hora, son las tres de la mañana, las cuerdas se mueven, los soportes chirrían, no sé si el tres en uno valdría. Yo a esa hora no tenderé, decidí procrastinar. Pero si podría quemarle su ropa que cuelga casi hasta mi ventana, lo pienso por primera vez.
A veces me gustaría salirme del primer plano, y del segundo, y del tercero,…,eso dicen todos los que en mí viven.
A veces me gustaría contener mis palabras, en la escalera me crucé con la vecina de arriba y me dijo: no me mires de esa forma.
No sabía cómo aparecía mi rostro en ese momento. Le di los buenos días.
Al día siguiente tendí mi ropa, eran las tres de la tarde, calor infernal en el ambiente, busqué un mechero, miré hacia arriba y prendí un calcetín largo, demasiado largo, inmenso, por eso lo pude alcanzar, estiré, ya era mío, lo que quedo de él se fundió en la ciénaga. Mañana es posible que oiga la conversación en el patio, un desparejado, el calcetín o media, que todo puede ser, dirá, repetirá, ¡me quedo con un desparejado¡.
Yo estaré en la cama, procrastinando aún mas si cabe.
A veces no puedo con mi alma ni con las pinzas ni con la cesta de la ropa, lo dejo para mañana, es decir, procrastino. Es lo que dicen ahora los que saben de palabras. Y me siento a tomar una cerveza bien fría sin pensar en la ropa.
A veces me gustaría que no me despertara ese ruido atronador que hace la vecina cuando tiende ropa fuera de hora, son las tres de la mañana, las cuerdas se mueven, los soportes chirrían, no sé si el tres en uno valdría. Yo a esa hora no tenderé, decidí procrastinar. Pero si podría quemarle su ropa que cuelga casi hasta mi ventana, lo pienso por primera vez.
A veces me gustaría salirme del primer plano, y del segundo, y del tercero,…,eso dicen todos los que en mí viven.
A veces me gustaría contener mis palabras, en la escalera me crucé con la vecina de arriba y me dijo: no me mires de esa forma.
No sabía cómo aparecía mi rostro en ese momento. Le di los buenos días.
Al día siguiente tendí mi ropa, eran las tres de la tarde, calor infernal en el ambiente, busqué un mechero, miré hacia arriba y prendí un calcetín largo, demasiado largo, inmenso, por eso lo pude alcanzar, estiré, ya era mío, lo que quedo de él se fundió en la ciénaga. Mañana es posible que oiga la conversación en el patio, un desparejado, el calcetín o media, que todo puede ser, dirá, repetirá, ¡me quedo con un desparejado¡.
Yo estaré en la cama, procrastinando aún mas si cabe.
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